Javier Aguirre, sin una propuesta firme para seguir ligado al Tri en labor directiva
El tercer mandato de Javier Aguirre al frente de la Selección Mexicana llegó a su fin con un sabor agridulce. El ‘Vasco’ cerró su ciclo como Director Técnico del Tri después de la eliminación en los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, donde México cayó 2-3 frente a Inglaterra en la cancha del Estadio Ciudad de México, el histórico inmueble conocido popularmente como Estadio Azteca.
Con esa derrota se puso punto final a su etapa en el banquillo, pero se abrió inmediatamente otra incógnita: ¿seguirá vinculado al futbol mexicano en un rol directivo o su camino se separará definitivamente de la Selección Nacional?
Un futuro en el aire para el ‘Vasco’
Diversas voces han manejado la posibilidad de que Aguirre permanezca dentro de la estructura del combinado nacional, pero ya no en el área técnica, sino en una posición de gestión deportiva. En algunos espacios se ha planteado la idea de convertirlo en una especie de Gerente General, una figura similar a la utilizada en otros países para coordinar proyectos, procesos y selecciones.
Sin embargo, más allá de estas especulaciones, no existe hasta ahora una propuesta concreta. De acuerdo con la información compartida por el periodista Rubén Rodríguez, la propia Federación Mexicana de Futbol no tiene definido con precisión qué sería ese puesto ni cómo encajaría dentro del organigrama actual.
Una estructura confusa en la Federación
El principal obstáculo para que Aguirre asuma un rol de Gerente General es precisamente la falta de claridad institucional. La Federación no ha terminado de delimitar funciones, responsabilidades y límites de ese cargo, lo que podría generar roces con quienes ya ocupan puestos clave, como Duilio Davino, encargado del área de selecciones, y Andrés Lillini, responsable de los procesos formativos.
La duda no es sólo si hay espacio para una figura más en la cúpula, sino qué haría exactamente. Un puesto mal definido corre el riesgo de duplicar tareas, generar conflictos de autoridad y entorpecer las decisiones deportivas que hoy recaen en Davino y en los coordinadores de selecciones menores.
El peso del trabajo en fuerzas básicas y selecciones juveniles
En medio de este debate sobre la posible continuidad de Aguirre, hay un tema que pasa inadvertido en el entorno mediático, pero que dentro de la Federación se considera urgente: el futuro inmediato de las categorías juveniles.
Se acerca un torneo determinante para el futbol mexicano: las eliminatorias Sub-20 de Concacaf. En esa competencia no solo está en juego el pase al Mundial de la categoría, sino también los boletos a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Un mal desempeño significaría perder presencia en dos vitrinas fundamentales para el desarrollo de jugadores jóvenes y para la proyección internacional del futbol mexicano.
Este proceso estará en manos de Eduardo Arce, ex técnico de Puebla, quien asumirá la responsabilidad de conducir a la Sub-20. El torneo, además, se disputará en territorio mexicano, lo que aumenta la presión, pero también ofrece una oportunidad inmejorable para consolidar una generación prometedora.
Aguirre tampoco tiene claro el panorama
En este contexto, la situación de Aguirre resulta todavía más incierta. Según la misma versión periodística, ni siquiera el propio ‘Vasco’ tiene una idea exacta de cuál sería su función en caso de aceptar continuar en la Federación.
La impresión es que, más que un ofrecimiento formal, ha habido solamente acercamientos informales del tipo «quédate y sigamos trabajando juntos», sin un documento, proyecto o estructura que especifique objetivos, tiempos, áreas de injerencia y equipo de trabajo. Es decir, no existe un plan sólido que Aguirre pueda evaluar seriamente.
Sin un rol bien definido, el veterano estratega corre el riesgo de convertirse en una figura simbólica, sin verdadero margen de acción, algo que no encaja con su perfil ni con la experiencia acumulada a nivel de clubes y selecciones.
¿Sería conveniente que Aguirre aceptara un cargo indefinido?
A corto plazo, ubicar a Aguirre en un puesto directivo improvisado parece más un gesto político que una decisión estratégica. Un movimiento así podría terminar afectando tanto al propio ‘Vasco’ como a la estructura de selecciones.
Para que su presencia sea realmente útil, tendría que existir un modelo claro de gestión deportiva:
– Definir qué selecciones y proyectos dependerían de él.
– Establecer cómo se coordinaría con Davino y Lillini.
– Determinar si su papel sería más de asesor, de supervisor de procesos o de responsable máximo del proyecto de selecciones.
– Fijar tiempos, metas y mecanismos para evaluar resultados.
Sin esto, su incorporación sólo agregaría capas burocráticas y confusión en las decisiones: quién elige técnicos, quién define líneas de juego, quién se hace responsable del fracaso o del éxito.
Lo que Aguirre podría aportar en un rol bien diseñado
Si la Federación lograra estructurar correctamente el puesto, la presencia de Aguirre podría ser un activo valioso. Su experiencia en mundiales, ligas europeas y procesos con el Tri le da una visión global del futbol que no es fácil encontrar en el medio local.
Podría, por ejemplo:
– Coordinar la filosofía de juego de las diferentes selecciones para que exista continuidad desde la Sub-17 hasta la Mayor.
– Supervisar la planificación de los ciclos mundialistas, no sólo el día a día.
– Servir como puente entre entrenadores, directivos y jugadores, ayudando a resolver conflictos internos.
– Aportar criterio en la elección de cuerpos técnicos, evitando decisiones apresuradas basadas únicamente en resultados inmediatos.
Un Gerente General así concebido ayudaría a blindar los proyectos frente a los cambios de ánimo, las presiones externas y los recambios en la dirigencia.
La Selección tras el Mundial 2026: momento de replantear todo
La eliminación ante Inglaterra obliga a una reflexión profunda. Más allá de señalar a un técnico o a una jugada concreta, el resultado expone problemas estructurales:
– Dificultad para competir con selecciones de máximo nivel en instancias de eliminación directa.
– Falta de recambio generacional sólido en ciertas posiciones clave.
– Procesos juveniles que no siempre están alineados con las necesidades de la Mayor.
En ese sentido, el debate sobre si Aguirre debe continuar o no va más allá de su nombre. Lo verdaderamente importante es si México está dispuesto a construir un proyecto de largo plazo que aproveche a figuras con experiencia, en lugar de usarlas como parches temporales.
¿Conviene un modelo con «director deportivo de selecciones»?
Varios países han optado por una figura clara de director deportivo de selecciones, alguien que diseña el proyecto y lo sostiene más allá de los cambios de entrenador. En México, la posible llegada de Aguirre a un rol similar podría ser el paso definitivo hacia ese modelo, pero solo si se hace con planificación.
Eso implicaría:
– Aceptar que los ciclos no se rompen tras cada fracaso inmediato.
– Dar continuidad a ideas y procesos, aunque cambien las personas en el banquillo.
– Apostar por una identidad futbolística reconocible, incluso cuando los resultados no sean instantáneos.
Sin esa visión, cualquier título rimbombante -Gerente General, director de selecciones, asesor externo- queda en papel mojado.
El impacto de las decisiones en los próximos años
Lo que la Federación decida hacer con Aguirre y con la estructura de selecciones en los próximos meses tendrá consecuencias a mediano y largo plazo. El ciclo hacia el próximo Mundial y hacia los Juegos Olímpicos se empieza a construir hoy, con las bases que se pongan para las Sub-20, Sub-23 y la Selección Mayor.
Perder la oportunidad de integrar a un técnico con la trayectoria de Aguirre en un proyecto bien armado sería un desperdicio. Pero incorporarlo sin claridad, sólo para mantener su nombre dentro del organigrama, también puede resultar contraproducente.
Conclusión: sin oferta definida, la prudencia manda
A día de hoy, Javier Aguirre no cuenta con un ofrecimiento formal, detallado y sólido para permanecer ligado a la Selección Mexicana como directivo. Ni la Federación ha terminado de diseñar el cargo, ni el ‘Vasco’ tiene claro qué se espera realmente de él si decide continuar.
En estas condiciones, pensar en su continuidad desde la dirigencia del Tri luce más como una idea en borrador que como un proyecto real. Hasta que no exista una estructura definida, con funciones precisas y un plan de trabajo a largo plazo, lo más sensato parece ser que ambas partes actúen con cautela y no fuercen una relación que, por ahora, no tiene bases claras para sostenerse.
