Esteban González analiza el arbitraje de Katia Itzel García en el Querétaro vs Tigres y reaviva el debate sobre el VAR y la presión a los silbantes en la Liga MX
El partido entre Querétaro y Tigres no solo dejó goles y polémicas futbolísticas, sino que abrió una fuerte discusión alrededor del trabajo arbitral de Katia Itzel García. Una de las voces que se sumó al análisis fue la de Esteban González, quien no dejó pasar la oportunidad de desmenuzar lo ocurrido en la cancha y reflexionar sobre el momento que atraviesa el arbitraje en el futbol mexicano.
Según su opinión, el encuentro se convirtió en un ejemplo claro de cómo una serie de decisiones discutibles puede cambiar por completo la percepción de un juego. González subrayó que, cuando el silbante se convierte en protagonista, el foco deja de estar en lo deportivo y se traslada irremediablemente al juez central y su equipo.
El analista remarcó que el arbitraje de Katia Itzel García estuvo marcado por jugadas que generaron controversia, tanto en la interpretación del reglamento como en la consistencia de los criterios utilizados a lo largo de los 90 minutos. A su juicio, se percibió una cierta falta de uniformidad: acciones similares fueron sancionadas de manera distinta, lo que incrementó la sensación de injusticia entre aficionados y jugadores.
Uno de los puntos que González destacó fue la gestión emocional del partido. Recordó que un árbitro no solo debe conocer el reglamento, sino también tener la capacidad de leer el contexto, medir la temperatura del encuentro y anticiparse a situaciones de conflicto. En su lectura, hubo momentos en los que las decisiones arbitrales parecieron aumentar la tensión en lugar de calmarla.
Además, hizo énfasis en la importancia de la comunicación dentro del cuerpo arbitral. Para él, es fundamental que la central y sus asistentes mantengan una línea clara, tanto en las decisiones en el campo como en el uso del videoarbitraje. Cuando esa coordinación falla, se abren espacios para el desconcierto y la controversia, como sucedió tras varias jugadas clave en el duelo entre Querétaro y Tigres.
González también aprovechó la polémica para subrayar que la crítica al arbitraje debe realizarse con responsabilidad. Señaló que es válido cuestionar decisiones, revisar errores y pedir mayor preparación, pero advirtió que no se puede caer en la descalificación personal ni en los ataques que sobrepasan el terreno profesional. En el caso de Katia Itzel García, remarcó que se trata de una árbitra que, como cualquier colegiado, está expuesta al escrutinio, pero que también necesita respaldo institucional y una estructura que le permita seguir creciendo.
Otro aspecto que abordó fue el papel del VAR. Para Esteban, la herramienta tecnológica está lejos de ser el problema en sí; lo determinante es cómo se utiliza. En este partido, a su entender, quedaron al descubierto dudas sobre los protocolos: cuándo intervenir, cómo recomendar la revisión y en qué medida debe prevalecer el criterio de campo de la árbitra central. La confusión en estas dinámicas, insistió, alimenta la percepción de que el sistema no es transparente.
En su análisis, González planteó que encuentros como el de Querétaro frente a Tigres ponen en evidencia una necesidad urgente: profesionalizar aún más el arbitraje, tanto en términos técnicos como físicos y psicológicos. Subrayó que los silbantes se enfrentan a una presión creciente, con cámaras, redes sociales y opinión pública examinando cada gesto, por lo que la preparación mental es tan importante como la táctica y el conocimiento del reglamento.
Asimismo, señaló que la presencia de mujeres árbitras en partidos de alto perfil es un avance significativo para el futbol, pero advirtió que esto no debe usarse como pretexto para magnificar errores ni para minimizar críticas. El análisis, insistió, tiene que ser equitativo: juzgar por el desempeño y no por el género, exigir con el mismo rasero y proteger con las mismas reglas de respeto a cualquier silbante.
A partir de la actuación de Katia Itzel García, González planteó una reflexión de fondo: el futbol mexicano debe decidir si quiere que el árbitro sea un mero ejecutor del reglamento o un verdadero conductor del espectáculo, capaz de gestionar emociones, controlar el ritmo del juego y evitar que un error puntual termine marcando toda la narrativa del partido. En su visión, se ha llegado a un punto en el que cada decisión polémica abre un juicio mediático inmediato, lo que agrava el clima de desconfianza hacia los jueces.
El analista también puso sobre la mesa la responsabilidad de los clubes y jugadores. Recordó que muchas polémicas se agrandan por las reacciones en la cancha: protestas desmedidas, reclamos constantes y presión sobre el cuerpo arbitral en cada falta. Para él, mientras no haya un cambio cultural en la forma de relacionarse con el árbitro, será difícil reducir el ruido que rodea cada jugada conflictiva.
De igual manera, abordó el papel de la afición, que en este tipo de partidos suele dividirse entre quienes ven un complot y quienes exigen mano dura contra los silbantes. González sugirió que el público también debe aprender a separar el enfado natural por un resultado adverso del análisis objetivo de lo que sucede en el terreno de juego. Convertir cada error en escándalo, dijo, impide ver los avances que sí se han dado en el arbitraje.
A raíz de este encuentro, Esteban subrayó que el organismo responsable del arbitraje tiene una oportunidad para revisar internamente lo ocurrido. No se trata únicamente de señalar las jugadas discutidas, sino de evaluar procesos de capacitación, mecanismos de evaluación y formas de acompañar a los silbantes después de partidos particularmente complejos. La actuación de García, polémica o no, debería servir como punto de partida para ajustar detalles y fortalecer al gremio.
En su lectura más amplia, este tipo de controversias demuestran que el debate sobre el uso del videoarbitraje está lejos de cerrarse. González consideró que la herramienta necesita reglas más claras de aplicación y una mejor comunicación hacia el público. Cuando la afición entiende qué se revisa, por qué se revisa y quién toma la decisión final, disminuye la sensación de arbitrariedad y se refuerza la credibilidad del sistema.
Finalmente, el analista resumió su postura señalando que el caso de Katia Itzel García en el Querétaro vs Tigres no puede verse como un episodio aislado, sino como un síntoma de un problema más amplio: la fragilidad del arbitraje ante la presión externa y la urgencia de consolidar una estructura sólida que proteja al juez, eleve el nivel de sus decisiones y devuelva el protagonismo a lo que debería importar realmente: el futbol dentro de la cancha.
En conclusión, la opinión de Esteban González sobre el polémico arbitraje deja varios mensajes: la necesidad de una crítica responsable, la urgencia de profesionalizar aún más a los silbantes, la importancia de utilizar correctamente el VAR y la obligación de todos los actores del futbol de contribuir a un entorno en el que el arbitraje pueda desarrollarse con menos ruido y más justicia. Solo así episodios como el vivido en el Querétaro vs Tigres dejarán de ser una crisis y se convertirán en una oportunidad de mejora para la Liga MX.
