¿Regresan las cruzazuleadas? La eliminación de Cruz Azul en Leagues Cup reabre viejas heridas
Cruz Azul volvió a protagonizar un episodio que muchos aficionados habían dado por superado. La derrota 2-1 ante Chicago Fire en la Leagues Cup, con un gol recibido en el tiempo de compensación, dejó fuera a La Máquina de los cuartos de final y reactivó el fantasma de las famosas «cruzazuleadas», esos tropiezos dramáticos en los minutos finales que durante años marcaron la historia reciente del club.
Tras 14 partidos oficiales al frente del banquillo cementero, Joel Huiqui vivió su primer gran golpe como técnico. Su equipo tuvo en las manos el empate e incluso el boleto momentáneo a la siguiente ronda, pero el cierre del encuentro se le escapó de forma dolorosa, justo como en aquellos episodios que la afición prefería no recordar: goles sobre la hora, eliminación cuando el resultado parecía controlado y la sensación de que el partido se pierde más por errores propios que por virtudes del rival.
Para buena parte de la afición mexicana, lo sucedido ante Chicago Fire evocó directamente a «la Máquina del pasado», esa que solía recibir el gol definitivo en los últimos instantes, quedándose sin Liguilla o sin clasificación a instancias definitivas. El contraste es aún más fuerte si se considera que este mismo grupo ha sido protagonista de uno de los ciclos más exitosos de la institución en las últimas décadas.
Desde una perspectiva analítica, el marcador final 2-1 en contra fue interpretado por algunos especialistas como resultado de una mala gestión del partido. Cruz Azul dominó la posesión y generó llegadas en la primera mitad, pero careció de contundencia frente al arco de Chris Brady. No supo matar el juego cuando tuvo la oportunidad y tampoco supo proteger la ventaja emocional que significó el empate en la recta final del encuentro.
Los últimos 18 meses parecían haber desterrado el término «cruzazulear» del vocabulario futbolero. La conquista de la Concacaf, el título de Liga MX en el Clausura 2026 y el trofeo de Campeón de Campeones pintaban la imagen de un club renovado, con jerarquía y acostumbrado a ganar. Por ello, esta eliminación, en apariencia menor, tuvo una resonancia mayor: no tanto por el torneo en sí, sino por la forma en que se produjo.
En el duelo disputado en el SeatGeek Stadium de Illinois, La Máquina tomó la iniciativa desde el silbatazo inicial. Durante largos tramos del primer tiempo, el conjunto celeste controló el balón, se asentó en campo rival y generó aproximaciones al área estadounidense. Aun así, la falta de precisión en el último toque impidió que se reflejara esa superioridad en el marcador. Cada ocasión fallada empezó a alimentar la idea de que el partido podía complicarse.
El aviso llegó en la segunda mitad. Un descuido defensivo fue suficiente para que Puso Dithejane apareciera y castigara a Kevin Mier, adelantando a Chicago Fire en el marcador. El tanto expuso una de las debilidades de este Cruz Azul: la desconcentración puntual en zona baja. A partir de entonces, el conjunto mexicano se vio obligado a remar contracorriente, con el reloj como enemigo.
La reacción celeste llegó al minuto 81. Nicolás Ibáñez, uno de los hombres de confianza en el ataque, encontró espacio y sacó un derechazo que terminó en el fondo de la red. La anotación fue revisada y validada por el VAR, devolviendo a La Máquina a la pelea y, por un momento, asegurando virtualmente el pase a los cuartos de final. El empate parecía justo por lo visto en el campo y daba la sensación de que el trabajo estaba hecho.
Sin embargo, cuando el cuadro de Huiqui parecía haber rescatado el resultado, se repitió un guion demasiado conocido. Ya en el minuto 93, en tiempo de compensación, Maren Haile-Selassie desbordó por la banda izquierda y envió un servicio preciso al corazón del área. De nuevo apareció Dithejane, completamente conectado con el partido, para firmar su doblete y, de paso, sentenciar la eliminación de Cruz Azul. Un desenlace brutal para un equipo que había tenido en sus manos la clasificación.
Con esa anotación agónica, Chicago Fire aseguró el liderato de su grupo y el pase a la siguiente fase, mientras que el campeón de la Liga MX hizo maletas de regreso de forma anticipada. Más allá del marcador, la imagen que quedó fue la de un equipo que no supo gestionar los momentos clave, algo que históricamente ha marcado la narrativa en torno a Cruz Azul.
Las reacciones no tardaron. En un conocido programa de análisis futbolero, Sergio Dipp no dudó en etiquetar lo ocurrido como una auténtica «cruzazuleada»: la combinación de dominio parcial, falta de contundencia y un desenlace dramático en contra. Sin embargo, el propio analista matizó la crítica al subrayar que, en contexto, «no pasa nada con esta derrota». Recordó que el club viene de acumular títulos en cascada -Liga MX, Concacaf y Campeón de Campeones- y que la radiografía de los últimos meses sigue siendo positiva.
Dipp incluso fue más allá al desplazar el foco de preocupación hacia otras instituciones con sequías mucho más prolongadas. Subrayó que mientras Cruz Azul ha levantado trofeos en el último año y medio, otros clubes importantes no han podido coronarse en una década o más. Desde esa óptica, la eliminación en Leagues Cup luce más como un tropiezo puntual que como el inicio de una crisis estructural.
En contraste, Francisco Gabriel de Anda centró su análisis en el propio torneo. Señaló que la Leagues Cup no ofrece las mismas condiciones a los equipos mexicanos, al disputarse prácticamente en su totalidad en territorio estadounidense y bajo reglas establecidas pensando en el calendario del fútbol de ese país. Cuestionó que, siendo Cruz Azul el campeón vigente de la Liga MX, no haya tenido la posibilidad de jugar al menos un partido como local en el Estadio Azteca, obligándolo a afrontar sus tres encuentros fuera de casa.
Esta reflexión reabrió el debate sobre la competitividad real entre clubes de la MLS y la Liga MX en un certamen donde el factor cancha y la logística juegan un papel fundamental. Para algunos, la eliminación de La Máquina debe leerse también en ese contexto: viajes, adaptación, menor apoyo en las gradas y un entorno diseñado principalmente para favorecer al mercado estadounidense. Para otros, sin embargo, un equipo con el plantel y la experiencia de Cruz Azul está obligado a superar esas circunstancias.
El papel de Joel Huiqui quedó igualmente bajo la lupa. Hasta antes de este tropiezo, su gestión se había caracterizado por la continuidad de un proyecto ganador: orden defensivo, mediocampo intenso y un ataque capaz de resolver partidos cerrados. Esta derrota, sin embargo, abrió cuestionamientos sobre su manejo de los tiempos del juego, los cambios en la recta final y la capacidad de lectura en situaciones de máxima tensión.
Una de las críticas más constantes apunta al manejo del resultado tras el empate de Ibáñez. En lugar de cerrar líneas, bajar el ritmo y asegurar el punto que les daba el pase, Cruz Azul dejó espacios y permitió que el rival encontrara el escenario perfecto para un contraataque letal. Esa falta de pragmatismo es, para algunos analistas, el verdadero sello de la «cruzazuleada»: no solo recibir un gol al final, sino no saber jugar con el contexto y el marcador.
El aspecto mental también juega un papel clave en esta historia. Aunque el plantel actual no es el mismo de aquellos años en que el término «cruzazulear» se hizo popular, la carga histórica del club pesa. En partidos de eliminación directa o de vida o muerte, el recuerdo colectivo de descalabros pasados puede afectar el rendimiento. Jugadores, técnicos e incluso la propia afición sienten que cualquier error puede convertirse en el capítulo siguiente de una narrativa que muchos daban por enterrada.
Sin embargo, reducir todo a la etiqueta de «cruzazuleada» puede ser simplista. Este Cruz Azul llega a la eliminación con un bagaje reciente de éxito que no tenían las versiones anteriores del equipo. Ha sabido ganar finales, administrar ventajas en series largas y responder en momentos críticos de liguillas y torneos internacionales. Lo sucedido en la Leagues Cup, en ese sentido, puede interpretarse más como una alerta que como un síntoma definitivo de regresión.
De cara al futuro inmediato, el reto para Huiqui y sus jugadores será transformar este golpe en aprendizaje. Corregir desatenciones defensivas, trabajar el cierre de partidos y reforzar el aspecto psicológico para que un gol recibido en el descuento no derrumbe todo el trabajo colectivo. La ventaja para el técnico es que el equipo contará con tiempo de entrenamiento y competencias domésticas para ajustar antes de los siguientes compromisos internacionales.
También será clave cómo gestione el club el discurso hacia su afición. Más que negar lo ocurrido, la directiva y el cuerpo técnico necesitarán reconocer la frustración del entorno, pero al mismo tiempo recordar que el proyecto reciente ha dado resultados palpables. La credibilidad ganada con los títulos ofrece margen para asumir esta eliminación como un tropiezo y no como el inicio de una nueva era de fracasos agónicos.
En el plano táctico, habrá preguntas obligadas: ¿debe Cruz Azul apostar por un cierre de partidos más conservador en torneos cortos? ¿Se requiere mayor profundidad en la zaga para evitar que una desatención puntual arruine un partido bien jugado? ¿Es necesario trabajar variantes para gestionar mejor los minutos finales cuando el resultado favorece o, al menos, les es suficiente para clasificar? Estas respuestas serán determinantes para saber si el episodio de Illinois fue un accidente o una señal de alarma.
Finalmente, el debate sobre si «regresan las cruzazuleadas» quedará abierto según la óptica de cada aficionado. Para unos, lo ocurrido ante Chicago Fire confirma que Cruz Azul todavía arrastra fantasmas del pasado, incapaz de cerrar partidos clave sin sobresaltos. Para otros, el historial reciente de títulos es una prueba sólida de que el club aprendió a ganar y que este revés es, más bien, un recordatorio de que en el fútbol moderno ningún equipo está exento de sufrir una noche amarga en el último suspiro.
Lo cierto es que, una vez más, el nombre de Cruz Azul se coloca en el centro de la conversación, entre elogios por lo conseguido en el último año y medio y críticas por una eliminación que, por el modo en que se dio, dejó un sabor especialmente amargo. El tiempo dirá si este episodio se queda como una anécdota aislada o si será recordado como el punto en que el fantasma de las «cruzazuleadas» intentó volver a rondar la Noria.
