“No nos vamos a quejar del sintético, pero…”: Torrent protege a Rayados tras un empate que deja dudas en Concachampions
El debut de Rayados de Monterrey en la actual edición de la Liga de Campeones de la Concacaf estaba pintado para ser un trámite. Por nómina, experiencia internacional y jerarquía, el conjunto regiomontano partía como amplio favorito en la ida ante Xelajú, en Guatemala. Sin embargo, lo que parecía un duelo desigual terminó convirtiéndose en un partido lleno de sufrimiento, dudas y un resultado que supo más a alivio que a justicia deportiva.
En el Estadio Mario Camposeco, con gradas encendidas y un entorno complicado para el visitante, Rayados se vio sorprendido por el ímpetu del club guatemalteco. El equipo local encontró la forma de incomodar a los regiomontanos, y el encuentro se fue cargando de tensión conforme avanzaban los minutos. Cuando llegó el gol de Xelajú, el desconcierto fue evidente: las cámaras captaron los rostros de aficionados de Monterrey que habían hecho el viaje, incrédulos ante lo que veían. Para muchos, el guion de la noche se estaba rompiendo.
El panorama era casi de pesadilla para los de Monterrey, hasta que apareció la figura de Jesús “Tecatito” Corona. En los instantes finales, el futbolista mexicano se convirtió en el salvador del conjunto regio, marcando el tanto del empate que, si bien no borra las dudas, sí evita un golpe mucho más duro en el inicio de la Concachampions. El 1-1 dejó a Rayados con vida y con la eliminatoria abierta, pero muy lejos de la autoridad que se esperaba de una de las plantillas más costosas del futbol mexicano y de toda la región.
Tras el silbatazo final, las miradas se dirigieron de inmediato a Domenec Torrent. El entrenador español, que dirige a un plantel plagado de figuras, compareció en la conferencia de prensa posterior al encuentro con un mensaje de autocrítica moderada, pero también con una explicación que muchos interpretaron como una justificación: la superficie sintética del Mario Camposeco.
Torrent reconoció que, en teoría, Rayados tiene una plantilla claramente superior y que ese peso específico debería manifestarse en el campo. Admitió que su equipo dispuso de ocasiones claras, especialmente en la parte final del compromiso, pero no pudo traducir ese dominio tardío en una victoria. Lo que más llamó la atención fue la forma en que abordó el tema de la cancha:
—No nos vamos a quejar del sintético… pero es verdad, el bote es diferente, los pases no son tan precisos como en césped natural, pero esto no es ninguna excusa—, señaló el técnico.
La frase dejó la sensación de encontrarse en un punto intermedio: por un lado, intentó evitar que el pasto sintético sonara a pretexto directo; por otro, describió de forma clara cómo esa superficie condicionó el rendimiento de su equipo. En el fondo, el mensaje que dejó fue que Rayados tuvo dificultades para adaptarse a un entorno que, en este tipo de torneos, es habitual para los clubes de mayor jerarquía cuando visitan plazas centroamericanas.
Más allá del césped, la realidad deportiva de Monterrey no pasa por su mejor momento. El arranque de Rayados en la Liga MX ha sido, cuando menos, titubeante: en casa no ha logrado ganar, arrastrando una derrota y dos empates que han comenzado a prender las alarmas entre los aficionados. Tener una plantilla de lujo, con nombres de peso y experiencia internacional, contrasta con un rendimiento irregular que empieza a colocar a Torrent bajo la lupa.
Este empate en Guatemala no hace sino alimentar esa sensación de que el equipo no termina de carburar. Monterrey se presenta como uno de los candidatos naturales al título tanto en México como en la Concachampions, pero en el campo todavía no respalda plenamente esa etiqueta. De ahí que la eliminatoria ante Xelajú, que en el papel debía ser un escalón sin demasiadas complicaciones, se haya convertido en un examen adelantado para la gestión del entrenador español.
En lo deportivo, el escenario para la vuelta en territorio regiomontano es claro. Monterrey tiene la ventaja de cerrar la serie en casa, pero el margen de error es mínimo. El conjunto de Torrent avanzará a los octavos de final si consigue una victoria por cualquier marcador o si mantiene el empate sin goles. No obstante, si el duelo termina 1-1, la llave se extenderá a tiempos extra; y si el empate es con más de un gol por lado, Rayados quedará eliminado por el criterio del gol de visitante.
Ese matiz convierte el partido de vuelta en algo más que un simple trámite: Rayados no solo está obligado a ganar para asegurar el pase sin sobresaltos, sino también para recuperar confianza y enviar un mensaje contundente de que está en condiciones de competir por el título continental. Otro resultado gris, aun clasificando, solo incrementaría la presión sobre el plantel y el cuerpo técnico.
Pensando en lo que viene, Monterrey tendrá que ajustar varios aspectos. En primer lugar, la contundencia. Ante Xelajú generó oportunidades, sobre todo en el tramo final, pero le faltó claridad para definir. Un equipo que aspira a dominar competencias internacionales no puede permitirse tanta ineficacia frente al arco rival, menos aún contra rivales a los que supera ampliamente en presupuesto y calidad individual.
En segundo término, la concentración defensiva será clave. El gol recibido en Guatemala evidenció desconexiones puntuales en la zaga, algo que ya se ha visto también en la Liga MX. Monterrey suele asumir el protagonismo con la pelota, pero cuando pierde el balón sufre más de la cuenta ante transiciones rápidas y balones divididos. Si no corrige esa fragilidad, cualquier rival combativo puede ponerlo en aprietos, como ya lo hizo Xelajú.
Otro factor determinante para el duelo de vuelta será la gestión anímica. El empate sobre la hora en Guatemala puede interpretarse como un golpe moral positivo, una muestra de carácter para no irse derrotados. Torrent deberá aprovechar esa chispa para transformar el alivio en impulso competitivo, no en conformismo. La charla en el vestidor y el manejo de los días previos pueden incidir en que el equipo salga al Gigante de Acero con el hambre adecuada y sin caer en excesos de confianza.
El rol de figuras como “Tecatito” Corona será igualmente decisivo. Su aparición en el momento clave le devuelve protagonismo y lo coloca como uno de los líderes futbolísticos del proyecto. A su lado, otros jugadores de experiencia internacional tendrán la responsabilidad de asumir el peso de la serie en casa, marcando diferencias desde el primer minuto para evitar que el partido se vuelva una montaña rusa emocional.
También será interesante ver si Torrent aprovecha la vuelta para ajustar el sistema de juego. El técnico podría apostar por una propuesta más agresiva desde el arranque, presionando alto y buscando un gol temprano que desactive el plan de Xelajú. O bien, podría optar por un control más pausado, priorizando la seguridad defensiva y confiando en que la calidad individual acabe resolviendo. La decisión que tome mostrará hasta qué punto se siente seguro de su idea y de la respuesta del grupo.
En un plano más amplio, la serie contra Xelajú se ha convertido en un termómetro sobre la verdadera dimensión de este Monterrey. El club ha invertido fuerte para armar una de las plantillas más poderosas de la región, y la Concachampions es el escenario natural donde debe reflejarse esa apuesta. Superar con dificultades a un rival de menor peso competitivo, o quedar fuera en esta ronda, tendría un impacto serio en la credibilidad del proyecto.
Por ello, el partido de vuelta no solo define un boleto a octavos; también puede marcar un punto de inflexión en la relación entre Torrent, su vestidor y la afición. Un triunfo contundente, con buen juego y autoridad, relajaría tensiones y encaminaría la temporada hacia objetivos más ambiciosos. En cambio, otro tropiezo alimentaría las críticas y pondría en riesgo la estabilidad del banquillo, sobre todo considerando el historial reciente del club con técnicos que no alcanzan pronto los resultados esperados.
En definitiva, más allá del césped sintético, de los rebotes extraños o de la adaptación al entorno, el mensaje que se espera de Rayados es claro: un equipo de su jerarquía debe imponer condiciones y demostrar en la cancha la diferencia de nivel que todos dan por hecha sobre el papel. El empate agónico en Guatemala ha encendido las alertas, pero también le ha dejado una oportunidad: corregir en casa, demostrar que la plantilla está a la altura de su fama y encarar la Concachampions como un verdadero candidato al título, no como un gigante vulnerable que vive al filo del marcador.