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América: debut de raphael veiga y comienzo de la era post fidalgo

Comienza una nueva era en Coapa. Tras una semana cargada de nostalgia y preocupación por la salida de Álvaro Fidalgo, figura y cerebro del medio campo americanista en los últimos torneos, el americanismo empieza a encontrar un nuevo motivo para ilusionarse: el debut oficial de Raphael Veiga en la Liga MX, un fichaje de peso que llega desde el futbol brasileño para tomar un rol protagónico en el proyecto de André Jardine.

El brasileño, procedente del Palmeiras, vivió sus primeros minutos con la camiseta azulcrema en el duelo de la Jornada 5 del Clausura 2026 ante Rayados de Monterrey. El contexto no era sencillo: América venía de reestructurar su plantilla tras las bajas de Fidalgo, Rodrigo Aguirre y Allan Saint-Maximin, y el cuerpo técnico necesitaba respuestas inmediatas de sus nuevas incorporaciones para mantener el ritmo competitivo del equipo.

Veiga ingresó al campo al minuto 66, sustituyendo a Érick “Chiquito” Sánchez. Desde que se acercó a la línea de banda para recibir las últimas indicaciones de Jardine, la afición reaccionó como si se tratara de una vieja figura de la casa: aplausos, gritos de apoyo y un ambiente de expectativa, conscientes de que en esos momentos comenzaba, simbólicamente, el “nuevo América”.

El ingreso del brasileño coincidió con un momento complicado del partido. Poco después se produjo la salida de Alejandro Zendejas por una molestia muscular, lo que modificó los automatismos ofensivos del equipo. América perdió profundidad y claridad en el último tercio del campo, mientras que Rayados adelantó líneas en busca del empate, obligando al cuadro de Coapa a replegarse y a elegir mejor cuándo atacar.

Pese a ese escenario adverso, Raphael Veiga dejó chispazos que explican por qué el club apostó por él. En una de las jugadas más llamativas de su presentación, encaró a su marcador con personalidad, se acomodó para la pierna y soltó un disparo potente que amenazaba con convertirse en su primer gol en México. El guardameta Luis Cárdenas, sin embargo, arruinó el “debut soñado” con una gran atajada que evitó el festejo brasileño.

Más allá de la ausencia del gol, el estreno de Veiga fue valioso para comenzar a entender su encaje en el sistema de Jardine. Se mostró participativo, pidió la pelota en zonas de riesgo y trató de asociarse con los hombres de ataque, aun cuando el equipo ya no tenía la misma frescura al frente. Sus minutos sirvieron, sobre todo, para evidenciar que tiene personalidad y no huye de la responsabilidad de ser el nuevo organizador del juego.

Con tres victorias consecutivas en la Liga MX, América evita caer en una crisis tras la salida de Fidalgo y demuestra que puede reinventarse sin perder competitividad. El siguiente gran escenario para Veiga será la vuelta de la Primera Ronda de la Concacaf Champions Cup, donde el mediocampista podría seguir sumando minutos, ahora en un contexto internacional que exige temple, experiencia y capacidad para manejar ritmos de partido.

Las Águilas llegan a ese compromiso con ventaja en el marcador global gracias a dos goles como visitante, una renta que las coloca muy cerca de los octavos de final. Sellar el pase no solo significaría confirmar el buen momento del equipo, sino también mantener vivo el sueño de un posible cruce futuro ante el Inter Miami de Lionel Messi, un duelo que seduce tanto en lo deportivo como en lo mediático.

En el ámbito local, el calendario no concede respiro. América se prepara para uno de los exámenes más duros del torneo: enfrentarse al líder invicto del Clausura 2026 y su máximo rival histórico, las Chivas de Guadalajara, ahora dirigidas por Gabriel Milito. El Rebaño llega con paso perfecto y con una estructura futbolística sólida, por lo que el Clásico se perfila como la prueba más exigente, hasta ahora, para este América en reconstrucción.

En ese contexto, la figura de Raphael Veiga adquiere una dimensión especial. No solo se le pedirá que ocupe el espacio simbólico que dejó Fidalgo, sino que aporte un matiz distinto: más llegada al área, disparo de media distancia y capacidad para decidir partidos cerrados con un chispazo de talento. Su experiencia en partidos de alta presión con Palmeiras, tanto en liga como en torneos continentales, es uno de los argumentos que convencieron a la directiva de que era el indicado para liderar este nuevo ciclo.

La marcha de Álvaro Fidalgo dejó un vacío emocional y táctico evidente. El español se había ganado el respeto de la afición por su entrega, inteligencia y constancia. Sustituir a un futbolista con esa influencia nunca es simplemente “traer a otro”. La directiva optó por un perfil distinto: Veiga no es una copia, sino un mediapunta creativo con mayor vocación ofensiva, acostumbrado a moverse entre líneas y a aparecer como segundo delantero si el partido lo pide.

Esa diferencia de características abre un abanico de variantes para André Jardine. Con Veiga, América puede mutar con facilidad de un 4-3-3 a un 4-2-3-1, o incluso a un 4-4-1-1, dependiendo del rival y del contexto. El brasileño puede recibir de espaldas, girar, filtrar balones o decidir ir él mismo al remate. Su presencia podría terminar beneficiando a los extremos y al delantero centro, que encontrarán más pases filtrados y paredes cortas en zona de definición.

No obstante, el proceso de adaptación será clave. Cambiar el futbol brasileño por la Liga MX implica ajustes en ritmo, intensidad, viajes y estilos de juego. El Clausura 2026 se convierte así en un laboratorio: Veiga tendrá que conocer mejor a sus compañeros, descifrar a los rivales y entender los momentos del partido en una competición donde los duelos suelen ser más físicos y directos. Su margen de tiempo no es amplio, pero su recorrido en Sudamérica sugiere que tiene las herramientas para adaptarse con rapidez.

El entorno también influirá en su evolución. La afición de América es exigente y tiene memoria reciente de equipos protagonistas y jugadores determinantes. El recibimiento cálido en su debut es una muestra clara de apoyo, pero también marca la vara: se espera que Veiga no sea “uno más”, sino un líder futbolístico. La manera en que gestione esa presión, transformándola en motivación, definirá buena parte de su éxito en México.

Desde el vestidor, el mensaje es claro: el equipo no puede quedarse anclado en la nostalgia por quienes ya no están. Las salidas de Fidalgo, Aguirre y Saint-Maximin obligan a los que permanecen y a los recién llegados a asumir nuevos roles. Veiga aparece como el rostro visible de esa transición, pero también necesitará la complicidad de jugadores como Sánchez, Zendejas, los laterales y el eje defensivo para que la estructura sea sólida y su talento luzca.

A nivel táctico, se espera que Jardine aproveche el pie educado de Veiga en acciones a balón parado. Corners, tiros libres frontales o laterales y penaltis pueden convertirse en una fuente adicional de goles para un equipo que ya tenía variantes ofensivas, pero que ahora suma un ejecutor con experiencia en momentos decisivos. Esa faceta podría terminar marcando diferencias en liguilla o en rondas avanzadas de la Concacaf.

Otro punto a considerar es la química que pueda generar con los atacantes de área. Si Veiga logra sincronizar movimientos con el “9” de turno —ya sea con desmarques al espacio, apoyos de espaldas o llegadas desde segunda línea— América puede recuperar pronto la capacidad de someter a sus rivales como lo hacía en sus mejores noches recientes. El brasileño no solo viene a distribuir, también a pisar el área y a aportar goles.

De cara a los próximos meses, el “nuevo América” se evaluará bajo dos parámetros: resultados inmediatos y proyección de proyecto. En el corto plazo, avanzar en la Concacaf Champions Cup, mantenerse en la parte alta de la tabla y competir al máximo en el Clásico serán señales claras de que la reconfiguración va por buen camino. En el mediano plazo, la consolidación de Veiga como referente y la cohesión del equipo permitirán saber si la apuesta deportiva fue la correcta.

Por ahora, lo único incuestionable es que la ilusión se ha reactivado. La era post-Fidalgo no se afronta con resignación, sino con la esperanza de ver emerger a una nueva figura capaz de comandar al equipo desde el medio campo. Raphael Veiga apenas ha dado sus primeros pasos en la Liga MX, pero su presencia ya ha encendido un nuevo sueño en el americanismo: que este cambio de ciclo no sea un retroceso, sino el inicio de un América aún más competitivo y protagonista en México y en el continente.