Patología específica del codo y la muñeca en el tenis

Liga Mx y copa libertadores: por qué méxico debe volver, con messi o sin él

“Si es por Messi o no, pero que la Liga MX regrese a Libertadores”. Con esa frase, contundente y sin matices, Alberto García Aspe reavivó un debate que lleva años en el aire: el retorno del futbol mexicano a la Copa Libertadores. Para el ex mundialista y actual analista de FOX ONE, la participación de los clubes de la Liga MX en el máximo torneo de clubes de Sudamérica no es un lujo, sino una necesidad urgente para recuperar el nivel perdido.

Las declaraciones surgen después de que Alejandro Domínguez, presidente de la CONMEBOL, dejara abierta la puerta a que equipos mexicanos vuelvan a disputar la Libertadores. En el mismo contexto, el dirigente sudamericano también expresó su interés en contar con Lionel Messi y el Inter Miami en futuras ediciones del torneo, lo que podría reconfigurar el mapa continental del futbol de clubes. Para García Aspe, más allá de Messi, lo verdaderamente importante es que México retome su lugar en el certamen.

El ex mediocampista de la Selección Mexicana subraya que la Copa Libertadores fue históricamente un escaparate inigualable para el futbolista mexicano. Ahí, recuerda, equipos como Cruz Azul y Chivas lograron llegar hasta la gran final: la Máquina en 2001 ante Boca Juniors y el Guadalajara en 2010 frente a Internacional de Porto Alegre. Aunque ambos se quedaron a un paso del título, esas campañas demostraron que los clubes mexicanos podían competir de tú a tú con las potencias sudamericanas.

Para García Aspe, la salida de los equipos de la Liga MX de la Libertadores marcó un antes y un después en el desarrollo del balompié nacional. Asegura que el futbol mexicano “se ha ido a pique” a raíz de esa decisión y de una serie de malas gestiones dirigenciales. En su visión, alejar a los clubes de los torneos sudamericanos cortó una vía natural de crecimiento, roce internacional y competencia de alta exigencia, factores que hoy se extrañan.

El ex seleccionado recuerda que esas participaciones internacionales no solo beneficiaron a los clubes, sino también a la Selección Mexicana. México llegó a disputar dos finales de Copa América y compitió a gran nivel frente a selecciones históricas del continente. Para él, ese proceso de maduración se apoyaba justo en el roce que los jugadores tenían en la Libertadores y otros torneos de CONMEBOL, lo que hoy se ha perdido en gran medida.

Al analizar el presente de la Liga MX, García Aspe reconoce que existe crecimiento, pero concentrado en un grupo reducido de instituciones con fuerte músculo económico: Tigres, América, Cruz Azul, Monterrey, Toluca, entre otros. Esos clubes, apunta, concentran el mayor potencial deportivo y financiero, al grado de que prácticamente solo ellos parten como candidatos reales al título cada torneo. El problema es que ese desarrollo interno no se traduce en un salto competitivo internacional de la misma magnitud.

Por ello, insiste en que el parámetro real no es ganar una liga local desequilibrada, sino medir fuerzas ante clubes brasileños y argentinos, así como contra equipos de otros países sudamericanos que mantienen una cultura de exportación constante de talento. Ahí, en estadios hostiles, con arbitrajes rigurosos y estilos de juego distintos, es donde el futbolista mexicano se ve realmente exigido y obligado a evolucionar táctica, física y mentalmente.

García Aspe también lanzó una crítica directa al entorno que rodeó a los clubes mexicanos en la Libertadores. Señaló que, al no formar parte de la estructura política de la CONMEBOL, los equipos de la Liga MX enfrentaban condiciones desfavorables. En su opinión, existía una tendencia a proteger a los conjuntos sudamericanos tradicionales: “No te dejaban ser campeón porque tenía que ganar un sudamericano”, afirma, resumiendo la sensación de injusticia que muchos recuerdan de aquellas noches de Copa.

Como ejemplo, rememoró episodios polémicos como lo ocurrido con Santos Laguna en una tanda de penales y, especialmente, la final de la Copa Sudamericana entre Boca Juniors y Pumas en la Bombonera. García Aspe, que estuvo en el estadio transmitiendo aquel partido, no duda en calificar lo sucedido como “una vergüenza” y un “robo” que, a su juicio, favoreció deliberadamente a Boca. Para él, esas historias forman parte de la narrativa de por qué México no pudo levantar más trofeos en Sudamérica, pese a haber mostrado nivel para hacerlo.

Más allá de las controversias arbitrales, el ex mediocampista considera que justo ese tipo de contextos, complejos y adversos, eran una escuela invaluable para los jugadores mexicanos. Saber manejar la presión en un estadio lleno, competir contra rivales con estilos muy físicos o muy técnicos, y adaptarse a canchas, climas y viajes complicados, fortalecía el carácter de los futbolistas y los preparaba mejor para la Selección y para posibles aventuras en Europa.

En la actualidad, con la Liga MX volcada principalmente hacia la relación con la MLS y torneos como la Leagues Cup, ha surgido un debate profundo: ¿es suficiente el roce contra equipos estadounidenses para elevar el nivel del futbol mexicano? Voces como la de García Aspe sostienen que no. Argumentan que, aunque el mercado de Norteamérica es atractivo en términos comerciales, deportivamente el desafío que representa la Copa Libertadores es superior, por el número de clubes de élite y por la tradición futbolera del Cono Sur.

Otro punto que suele destacarse es el impacto que tendría el regreso a Libertadores en la formación de jóvenes. Enfrentarse a equipos brasileños y argentinos desde etapas tempranas de sus carreras podría acelerar su desarrollo, darles visibilidad internacional y prepararlos mejor para dar el salto a ligas europeas. Hoy, muchos talentos mexicanos crecen casi exclusivamente en el entorno doméstico y en competencias regionales que no siempre exigen al máximo.

Desde la perspectiva del espectáculo, el retorno de la Liga MX a Sudamérica también supondría un golpe de ilusión para la afición. Volver a ver visitas de clubes mexicanos a estadios icónicos, noches de eliminatorias a ida y vuelta, y la posibilidad real de que un equipo nacional conquiste por fin la Libertadores, alimenta la pasión y eleva el interés por el torneo local. Incluso para los patrocinadores, la proyección en mercados como Brasil, Argentina o Colombia tendría un valor adicional.

En ese contexto aparece el nombre de Lionel Messi. La posibilidad de que el astro argentino dispute la Libertadores con Inter Miami, como sugirió Domínguez, reforzaría aún más el atractivo del torneo. García Aspe, sin embargo, relativiza ese factor: con Messi o sin Messi, México necesita volver. Si la presencia del argentino sirve para acelerar los acuerdos y abrir de nuevo la puerta a la Liga MX, bienvenido, pero el objetivo de fondo va mucho más allá de una figura, por extraordinaria que sea.

El gran obstáculo sigue siendo la conciliación de calendarios, derechos comerciales y acuerdos entre confederaciones. Integrar a clubes mexicanos de manera estable en la Libertadores implica resolver temas logísticos, económicos y políticos complejos. No obstante, el clamor de parte de ex jugadores, entrenadores y aficionados apunta a que vale la pena el esfuerzo. La percepción general es que el costo deportivo de seguir al margen del torneo más exigente del continente puede ser mayor que cualquier dificultad organizativa.

También se discute cómo impactaría el regreso a Libertadores en el propio formato de la Liga MX. Participar en un torneo tan demandante obligaría a los clubes a planificar mejores plantillas, trabajar con más profundidad sus fuerzas básicas y gestionar de forma más profesional las cargas físicas. De cara a una eventual reestructuración del calendario rumbo a 2026, cuando México será sede del Mundial junto a Estados Unidos y Canadá, el roce sudamericano podría ser un complemento ideal para llegar con un futbol más competitivo.

Al final, el mensaje de Alberto García Aspe es directo: el futbol mexicano no puede conformarse con dominar parcialmente su propio entorno. Necesita retarse de nuevo en escenarios donde la exigencia sea máxima y donde quedar eliminado duela, pero también enseñe. Para él, la clave para que la Liga MX recupere el prestigio perdido pasa, en buena medida, por cruzar otra vez la frontera deportiva hacia el sur y volver a competir por la Copa Libertadores.

Mientras las conversaciones entre dirigentes avanzan —lentas, discretas y llenas de matices—, el deseo de ver nuevamente a clubes mexicanos pelear en canchas sudamericanas se mantiene vivo. En la voz de García Aspe resuena no solo la nostalgia por una época intensa, sino una advertencia: sin ese tipo de desafíos, el techo del futbol mexicano seguirá siendo bajo. Y, con Messi o sin Messi, la exigencia que ofrece la Libertadores es precisamente el tipo de prueba que México necesita recuperar.