Tragedia en la Liga Premier de México: un aficionado pierde la vida tras brutal enfrentamiento entre barras de Veracruz y Celaya
La violencia volvió a irrumpir en el futbol mexicano. Lo que debía ser una noche de apoyo y pasión en torno al duelo entre Racing Veracruz y Toros de Celaya, en la Liga Premier, terminó convertido en una tragedia que enluta al balompié nacional: un aficionado del equipo guanajuatense murió tras una pelea campal entre barras de ambos clubes.
Los hechos ocurrieron en las inmediaciones de la Unidad Deportiva Hugo Sánchez, en Veracruz. De acuerdo con los primeros testimonios, un grupo de seguidores del Racing Veracruz habría atacado a integrantes de la barra visitante cuando estos se encontraban cenando en una taquería cercana al estadio. Lo que inició como una agresión entre grupos rivales terminó en una violenta riña con consecuencias fatales.
Tras el enfrentamiento, se confirmó el fallecimiento de un aficionado identificado como miembro de la barra Demencia, que apoya a los Toros de Celaya. Se trata de Carlos Alberto Ortiz Ortega, conocido entre sus compañeros como «Biyik», quien había realizado el viaje desde Celaya con la ilusión de alentar a su equipo y terminó perdiendo la vida en un contexto ajeno al espectáculo deportivo.
Además de la víctima mortal, se reportaron al menos seis personas lesionadas, también seguidores del Celaya, que requirieron atención médica tras la agresión. La dimensión de los hechos ha generado una fuerte indignación en el entorno del futbol mexicano, especialmente al tratarse de una categoría que históricamente se percibía como más cercana, familiar y menos expuesta a episodios de violencia extrema.
El Club Celaya expresó su dolor y rechazo absoluto a lo ocurrido a través de un mensaje oficial, en el que lamentó profundamente la muerte de uno de los integrantes de su grupo de animación y manifestó su solidaridad con los heridos, así como con las familias afectadas por esta tragedia. El club subrayó el impacto humano del suceso, recordando que detrás de cada aficionado hay una historia, un hogar y seres queridos que ahora enfrentan una pérdida irreparable.
En ese mismo comunicado, la directiva de Celaya informó que su presidente, Christian Ríos, junto con otros dirigentes del club, acompañará personalmente a las personas hospitalizadas y a sus familiares. El objetivo, además de brindar consuelo, es reafirmar el compromiso institucional de no dejar solos a sus aficionados en los momentos más difíciles y de exigir justicia para la víctima mortal.
La Liga Premier también se pronunció con rapidez. La organización condenó de manera enérgica los actos de violencia registrados en los alrededores del Estadio Hugo Sánchez y dejó claro que este tipo de conductas no tienen cabida en ninguna categoría del futbol mexicano. La Liga hizo hincapié en que el espectáculo deportivo debe ser un espacio de convivencia y no un escenario de guerra entre aficionados.
Como parte de su postura, la Liga Premier informó que instruyó a los clubes involucrados para que pongan a disposición de las autoridades todo el material, información y recursos con los que cuenten: grabaciones de cámaras de seguridad, registros internos y cualquier evidencia que pueda ayudar a esclarecer lo ocurrido y a deslindar responsabilidades. El objetivo es facilitar las investigaciones y evitar que el caso quede impune.
Las autoridades locales también reaccionaron de inmediato. La presidenta municipal de Boca del Río, María Josefina Gamboa Torales, exigió que se detenga a los responsables de la agresión y que sean presentados ante las instancias competentes. Su mensaje fue claro: no se pueden tolerar actos de violencia que atenten contra la vida de las personas bajo el pretexto de una rivalidad futbolera.
Por su parte, Racing de Veracruz emitió un comunicado en el que se deslindó de cualquier postura a favor de la violencia y aseguró que el club no la tolera ni la tolerará «en ninguna de sus manifestaciones». La institución veracruzana afirmó que colaborará con las autoridades correspondientes para que se identifique a los agresores y se apliquen las sanciones que marque la ley. Asimismo, reiteró su intención de mantener libre de violencia la llamada «Casa del Monstruo Morado», como se conoce al inmueble donde disputa sus partidos.
Este episodio vuelve a colocar bajo la lupa el problema de la violencia en el futbol mexicano, un tema que ha resurgido en distintas categorías y estados del país en los últimos años. Aunque las principales miradas suelen dirigirse a la máxima división, lo sucedido en la Liga Premier confirma que los riesgos y las malas prácticas se han extendido también a divisiones inferiores, donde muchas veces los protocolos de seguridad son más limitados o se aplican con menos rigor.
La tragedia obliga a replantear el papel que juegan las barras organizadas. Nacidas como grupos de animación para dar color y ambiente a los estadios, en muchos casos han terminado convertidas en focos de conflicto, con presencia de grupos que buscan el enfrentamiento más que el apoyo al equipo. La muerte de «Biyik» evidencia cómo una rivalidad mal entendida puede atravesar cualquier frontera deportiva y transformarse en un fenómeno social peligroso.
Uno de los elementos más preocupantes es que el ataque no se produjo dentro del estadio, sino en un establecimiento de comida cercano, en un contexto cotidiano donde los aficionados visitantes se encontraban relajados, fuera de la dinámica de un partido. Esto plantea la necesidad de ampliar la noción de «zona de seguridad» más allá de las puertas del inmueble, incorporando rutas de llegada y salida, puntos de reunión y comercios cercanos que suelen ser frecuentados por los hinchas.
Expertos en seguridad deportiva han advertido que no basta con revisar a los asistentes en los accesos al estadio o con desplegar presencia policial solo durante el horario del encuentro. La organización de partidos de riesgo debe contemplar operativos coordinados entre clubes, ligas, fuerzas del orden y autoridades municipales o estatales, con mapeo previo de áreas sensibles y protocolos específicos para el traslado y la permanencia de las aficiones visitantes.
En este contexto, se espera que tanto la federación como la propia Liga Premier analicen medidas adicionales, que pueden ir desde sanciones deportivas y económicas para los clubes cuyas barras se vean involucradas en actos violentos, hasta restricciones en el acceso de grupos organizados a determinados partidos, o incluso la celebración de encuentros a puerta cerrada si las condiciones lo ameritan.
La muerte de un aficionado no puede ser tratada como un incidente aislado o como una simple estadística. Cada caso de este tipo profundiza la percepción de inseguridad en torno al futbol y aleja a familias, niños y aficionados que buscan un ambiente sano y festivo. A menos que existan consecuencias claras y que se envíe un mensaje firme de «tolerancia cero», estos episodios corren el riesgo de repetirse.
Es fundamental también reflexionar sobre la responsabilidad individual y colectiva de los aficionados. El fanatismo extremo, sumado al consumo de alcohol y a la ausencia de autocontrol, puede convertir una rivalidad deportiva en una tragedia. El respeto al rival, la capacidad de celebrar sin agredir y la conciencia de que del otro lado hay personas igual de apasionadas son elementos esenciales para recuperar la esencia del futbol como espacio de convivencia.
Los clubes, por su parte, tienen la tarea de reconstruir el vínculo con sus grupos de animación, establecer códigos de conducta claros y romper cualquier relación de tolerancia con quienes promuevan la violencia. Programas de identificación de aficionados, campañas de cultura de paz, talleres con líderes de barras y acuerdos formales que condicionen beneficios a comportamientos ejemplares pueden ser pasos concretos para cambiar la dinámica actual.
Lo ocurrido en Veracruz debería marcar un punto de inflexión. La muerte de «Biyik» no solo golpea al entorno del Celaya y a su barra, sino que envía una señal de alarma a todo el futbol mexicano. Cada partido implica una responsabilidad compartida: de clubes, autoridades, ligas y aficionados. Sin una acción conjunta y sostenida, el riesgo de nuevas tragedias seguirá latente.
Mientras avanzan las investigaciones y se esperan detenciones, la familia de la víctima y los heridos enfrentan un proceso de dolor y recuperación que va más allá de cualquier resultado deportivo. El recuerdo de este viaje, que comenzó como una muestra de amor por unos colores, queda marcado por una pérdida irreparable que el futbol mexicano no debería permitir volver a repetir.