Patología específica del codo y la muñeca en el tenis

Liga Mx 2026: américa en crisis total en la era jardine y gestión de baños

Liga MX 2026: El América toca fondo en la Era Jardine y la gestión de Baños

El Club América atraviesa en 2026 una de las etapas más oscuras de su historia reciente. Paradójicamente, este mismo grupo de trabajo quedará inscrito en los libros del futbol mexicano como el responsable de una de las mayores gestas: el primer Tricampeonato de la Liga MX en torneos cortos, superando lo hecho por Pumas, León y Atlas, que «solo» habían logrado el Bicampeonato. De Apertura 2023 a Apertura 2024, André Jardine fue elevado al estatus de técnico histórico, mientras Santiago Baños apuntalaba su proyecto como uno de los más exitosos de la institución.

Hoy, a mediados de 2026, el relato es radicalmente distinto. Lo que hace no mucho se describía como una época dorada, se ha transformado en lo que varios analistas catalogan como la peor crisis del club en los últimos 20 años. La caída no solo se mide en resultados, sino en sensaciones: un equipo irreconocible, un vestidor desgastado y un proyecto deportivo que parece haber perdido la brújula.

Rubén Rodríguez, analista del programa «Cuadro Titular» de FOX ONE, sintetizó este momento con una frase demoledora: este es el punto más bajo de la Era Jardine y del ciclo de Santiago Baños. No se trata, subraya, únicamente de una mala racha: es una crisis integral que se refleja en el discurso, en el juego, en la estructura táctica y en la construcción del plantel. El América, acostumbrado a ser protagonista, hoy vive al límite, lejos de la solidez que mostró en sus campeonatos recientes.

El peso de las decisiones de Baños en el mercado de fichajes

La responsabilidad de la conformación del equipo recae sobre el director deportivo, Santiago Baños. Su gestión en las últimas ventanas de transferencias ha quedado bajo la lupa, y no precisamente por aciertos. Las apuestas, tanto en el mercado internacional como en el nacional, no han respondido a las expectativas y han debilitado la columna vertebral del conjunto.

El caso más simbólico es el de Allan Saint-Maximin. Su llegada generó ilusión por tratarse de un jugador procedente del futbol europeo, con potencial desequilibrante y un perfil mediático atractivo. Sin embargo, su historial de irregularidad y conflictos en clubes anteriores se repitió en Coapa. El elevado costo de la operación, sumado a un rendimiento inconsistente y a su incapacidad para asumir un rol protagónico, convirtió esta apuesta en un ejemplo de mala planeación deportiva más que en una solución real.

Algo similar ha ocurrido con los refuerzos nacionales. Futbolistas como Isaías Violante y Alexis Gutiérrez fueron incorporados con la idea de refrescar al equipo y sumar variantes en ataque y medio campo. En la práctica, una cadena de lesiones y problemas físicos les ha impedido consolidarse y ganarse la confianza del cuerpo técnico. Nunca lograron la continuidad necesaria y terminaron siendo piezas secundarias, casi invisibles, dentro de una plantilla que pedía respuestas inmediatas.

A esta situación hay que añadir el evidente desgaste de jugadores que anteriormente eran piezas clave. Alex Zendejas y Brian Rodríguez, habituales generadores de futbol ofensivo, han perdido chispa, consistencia y peso específico en los partidos decisivos. La acumulación de minutos, el desgaste mental por la constante exigencia y la falta de rotación efectiva han mermado su nivel.

El caso más dramático es el de Henry Martín. Históricamente referente en el ataque azulcrema y símbolo de entrega, sufre una lesión catalogada internamente como prácticamente «insanable», que lo empuja a considerar un retiro prematuro. Perder a su delantero insignia no solo afecta al equipo en lo deportivo -por goles, liderazgo y presencia-, sino también en lo emocional: el vestidor se queda sin una de sus voces más respetadas en el peor momento de la institución.

Todo este cúmulo de errores en la planeación, lesiones mal gestionadas y fichajes fallidos ha provocado que el América deje de ser ese equipo dominante que imponía respeto y temor, para convertirse en un conjunto vulnerable, que sufre para mantener el vuelo en una Liga MX cada vez más competitiva.

Jardine, del éxito absoluto al caos deportivo y emocional

Mientras la gestión deportiva es cuestionada, la figura de André Jardine también se ha visto erosionada. El técnico que fue el arquitecto del Tricampeonato ahora aparece superado por el contexto. Sus decisiones, antes alabadas por su valentía y claridad táctica, hoy se remarcan como parte del problema.

Rubén Rodríguez ha sido directo en su análisis: el América actual navega en el caos. Y ese caos no solo se ve en la tabla de posiciones -donde el equipo ronda el octavo lugar, con una diferencia de puntos abismal respecto al líder-, sino también en el mensaje que transmite su entrenador. Jardine ha pasado de un discurso seguro, convencido y retador, a declaraciones que huelen a resignación.

Frases como «hay que aprender a perder» han encendido las alarmas. En un club cuya cultura se basa en la exigencia máxima y en la obligación de competir siempre por el título, hablar de «aprender a perder» se percibe como una renuncia a la identidad histórica. A esto se suman constantes referencias al arbitraje tras las derrotas, excusas que sustituyen la autocrítica y que proyectan la imagen de un técnico que no logra encontrar soluciones dentro de su propio vestidor.

La falta de autocrítica, tanto de Jardine como de Baños, es uno de los puntos que más destacan los especialistas. Se percibe una «venda en los ojos», una negativa a reconocer que este podría ser, objetivamente, el peor América de los últimos años si se combinan factores como juego, resultados, respuestas anímicas y proyección a futuro.

Brailovsky y la defensa del «torneo aparte»

Frente a este diagnóstico sombrío, hay voces que llaman a la calma. Daniel Brailovsky, histórico americanista, ha salido a defender al equipo y a poner el énfasis en el formato de competencia de la Liga MX. Para él, los puntos obtenidos en fase regular no son lo más trascendente, porque la verdadera prueba llega en la Liguilla, ese «torneo distinto» en el que el octavo clasificado es capaz de eliminar al superlíder en una serie de Cuartos de Final.

Brailovsky sostiene que mientras el América se mantenga dentro de la zona de clasificación, el margen de maniobra sigue existiendo. Sin embargo, incluso aceptando esa lógica, resulta imposible ignorar la preocupación interna. El propio entorno del club, según reportes, reconoce que Jardine vive un momento de presión máxima: cada jornada se convierte en un examen y en un ejercicio constante de futurología sobre su continuidad.

Rodríguez puntualiza que con un América instalado en la zona baja de la tabla de los clasificados, cualquier tropiezo puede ser fatal. En un contexto tan ajustado, el escudo y la historia no suman puntos: el equipo debe responder en la cancha, y la sensación es que hoy carece de las herramientas colectivas y del estado emocional para hacerlo de manera convincente.

¿Cómo se llegó a esta crisis? Claves internas del desplome

Más allá de los nombres propios, hay factores estructurales que explican por qué un proyecto campeón puede derrumbarse en tan poco tiempo:

1. Falta de renovación gradual del plantel
Tras el Tricampeonato, el América dio la impresión de aferrarse al mismo núcleo sin planear un recambio paulatino. Varios futbolistas llegaron «pasados de vueltas» a 2026, acumulando cansancio físico y mental. Cuando se intentó rejuvenecer la plantilla, se hizo con apuestas de alto riesgo (lesionados recurrentes, perfiles irregulares o sin adaptación previa a la presión de un club grande).

2. Dependencia excesiva de individualidades
Durante la época de títulos, las genialidades de ciertos jugadores maquillaron carencias colectivas. Cuando el nivel de esas figuras cayó, el sistema quedó desnudo. La falta de variantes tácticas, de automatismos claros y de soluciones desde el banquillo evidenció que el funcionamiento no estaba tan consolidado como se pensaba.

3. Gestión emocional deficiente
Vivir en la cúspide tanto tiempo genera desgaste. El equipo no solo compitió al máximo dentro de la cancha, sino que lo hizo bajo una presión brutal fuera de ella. Sin un manejo adecuado de rotaciones, descansos y apoyo psicológico, el plantel terminó saturado. Esa fatiga se manifiesta en errores puntuales, desconexiones en los partidos y un lenguaje corporal que transmite agotamiento.

4. Mensaje desgastado del entrenador
Lo que antes ilusionaba, ahora suena repetitivo. Cuando los resultados no acompañan, el mismo discurso pierde efecto. Jugadores que antes seguían al técnico sin dudar parecen hoy menos receptivos, generando una brecha entre lo que Jardine plantea y lo que realmente se ejecuta en el campo.

5. Dirección deportiva reactiva, no preventiva
La planeación reciente ha sido más reactiva que estratégica: se corrigen problemas sobre la marcha, en lugar de anticiparlos. Se ficha para apagar incendios inmediatos sin pensar en cómo encajarán esas piezas en el mediano plazo. Eso provoca plantillas desequilibradas, con posiciones sobrepobladas y otras sin alternativas reales.

¿Tiene salida este América? Escenarios a corto y mediano plazo

Pese al tono de crisis, el futuro no está completamente cerrado. Existen caminos para intentar revertir la situación, aunque ninguno es sencillo ni inmediato:

Respaldo condicionado a Jardine
Mantener al técnico hasta el final del torneo, pero con exigencias claras: reactivar el compromiso del vestidor, recuperar la intensidad en la presión, ajustar el sistema para proteger mejor a una defensa frágil y devolver confianza a jugadores clave. Si logra reconectar al grupo, el formato de Liguilla todavía puede darle una última oportunidad.

Revisión profunda de la estructura deportiva
Más allá de nombres, el club necesita un diagnóstico honesto: qué tipo de futbol quiere jugar, qué perfiles de jugadores requiere y cómo se van a integrar fuerzas básicas con refuerzos experimentados. Sin ese plan, cualquier cambio de técnico o de futbolistas será superficial.

Limpieza y reconstrucción del plantel
Varios elementos podrían estar viviendo sus últimas semanas con la camiseta azulcrema. Se avecina un proceso de depuración en el que deberán salir jugadores que ya no marcan diferencia, para abrir lugar a nuevas caras que aporten hambre, energía y competitividad interna. El reto será no equivocarse de nuevo en los fichajes.

Reforzar la parte mental
Recuperar la mentalidad ganadora no se logra solo con discursos. El club deberá trabajar a nivel psicológico, colectivo e individual, para sanar las heridas de una racha negativa y reconstruir la confianza. El América campeonísimo se sostenía mucho en la creencia de que siempre era capaz de remontar; esa convicción hoy está fracturada.

La herencia contradictoria de la Era Jardine/Baños

Cuando se mire hacia atrás, esta etapa quedará marcada por una dualidad muy clara. Por un lado, el hito irrepetible del Tricampeonato, que puso al América en un pedestal histórico dentro de la Liga MX. Por el otro, una caída abrupta que destapó errores de fondo en la construcción del proyecto.

La gestión de Santiago Baños será recordada tanto por los títulos como por las decisiones erráticas en los mercados recientes. Y André Jardine quedará en la memoria como el técnico que tocó el cielo con las manos, pero que también se vio rebasado cuando el contexto ya no le fue favorable.

El presente, sin embargo, todavía está en disputa. Mientras el equipo permanezca con vida en la competencia, existe la opción de que esta crisis se convierta en un punto de inflexión y no en el epílogo definitivo de un ciclo. El problema es que, por ahora, América luce más cerca del colapso que de la resurrección.

En cualquier caso, lo que sucede hoy confirma la sentencia de Rubén Rodríguez: este es, al menos hasta ahora, el momento más triste de la Era Jardine y de la Era Baños. Un recordatorio de que en el futbol mexicano, la línea que separa la gloria del derrumbe puede ser tan delgada como una mala planificación, un par de lesiones clave y unas cuantas decisiones equivocadas en la oficina y en el banquillo.