Con el pase a la Liguilla del Clausura 2026 ya asegurado y aún una jornada por disputarse en la fase regular, el América Femenil vive una realidad agridulce. Sobre el papel, el equipo está en posición de pelear por el liderato general e incluso cerrar como primero de la tabla. Sin embargo, lejos de la euforia que podrían generar los números, en las oficinas que encabeza Santiago Baños hay preocupación por dos asuntos que amenazan con complicar el cierre del torneo y, sobre todo, la parte decisiva: la falta de gol y la plaga de lesiones.
El conjunto dirigido por Ángel Villacampa firma una campaña sólida en cuanto a puntos, regularidad y resultados, pero su producción ofensiva se ha quedado corta en comparación con torneos recientes. Este Clausura 2026 suma 41 goles hasta ahora, una cifra que, si bien no es menor, está claramente por debajo de los 51 tantos conseguidos en el Apertura 2025. La tendencia es todavía más alarmante si se recuerda que en el Apertura 2023 el equipo llegó a marcar 65 goles solo en la fase regular.
Ese descenso paulatino en la cantidad de goles no es un simple dato estadístico: expone un problema estructural que el club arrastra desde hace al menos un torneo. La contundencia que antes distinguía al América Femenil parece haberse diluido. Hoy generan menos situaciones claras o no logran capitalizarlas con la misma eficacia, y eso abre un foco rojo de cara a una Liguilla en la que los márgenes de error son mínimos.
A la preocupación por la baja cuota goleadora se suma otro tema igual de delicado: las lesiones. Este ha sido el gran dolor de cabeza tanto para Ángel Villacampa en la cancha como para Santiago Baños en el escritorio. Entre molestias musculares, recaídas y ausencias prolongadas, el cuerpo técnico se ha visto obligado a rediseñar su once inicial jornanda tras jornada, montando una especie de rompecabezas en el que nunca están disponibles todas las piezas.
Futbolistas clave han pasado más tiempo del deseado en la enfermería. Nombres como Sara Luebbert, ya recuperada, o jugadoras de peso como Geyse Ferreira, Bruna Villamala, Alondra Cabanillas y Karen Luna, han tenido periodos significativos fuera de actividad. Esa inestabilidad en la plantilla no solo afecta la elaboración del juego, sino también la química dentro del campo y la confianza en momentos clave.
La consecuencia inmediata es evidente: un equipo con frecuentes ausencias suele perder automatismos, ritmo y precisión. Cuando las referencias ofensivas tienen poca continuidad, la toma de decisiones en el último tercio del campo se vuelve más errática. Esto ayuda a explicar por qué el América Femenil, pese a seguir ganando partidos, ya no golea con la misma facilidad ni domina con tanta autoridad en el arco rival.
Con este escenario, las Águilas femeniles se preparan para la última jornada de la fase regular, en la que se medirán a Pachuca, actualmente tercer lugar de la clasificación. El duelo no es un simple trámite: una derrota podría costarles muy caro, ya que existe la posibilidad concreta de caer hasta la tercera posición de la tabla, algo que modificaría el panorama en la Liguilla, tanto en el cruce de cuartos de final como en el cierre de las series.
No obstante, dentro de este contexto también hay espacio para el optimismo. Al tener el boleto a la Liguilla ya en el bolsillo, el América Femenil cuenta con un margen -aunque reducido- para corregir sobre la marcha. El choque ante Pachuca puede servir como un ensayo de alta exigencia para ajustar detalles en la definición, recuperar confianza frente al arco y afinar la coordinación defensiva, especialmente pensando en los partidos de eliminación directa.
En lo que corresponde a la directiva, la misión de Santiago Baños y su equipo de trabajo no se limita a observar desde el palco. Su responsabilidad pasa por garantizar que el cuerpo técnico tenga las mejores condiciones posibles. Eso implica revisar a fondo los protocolos de prevención de lesiones, la planificación física y la rotación de la plantilla, para evitar que los problemas musculares sigan minando al grupo en el tramo más importante del campeonato.
Desde el punto de vista táctico, Ángel Villacampa tiene varios caminos para intentar revertir el déficit goleador. Puede optar por un sistema más agresivo, adelantar líneas y dar mayor libertad a sus atacantes, o bien ajustar los roles de las mediocampistas para que acompañen más el área rival. También es clave trabajar jugadas a balón parado, un recurso que suele ser determinante en liguillas cerradas y que podría compensar, al menos en parte, la falta de fluidez ofensiva en jugada abierta.
Otro aspecto a atender es la profundidad de banquillo. Ante las constantes lesiones, América Femenil ha tenido que recurrir con mayor frecuencia a jugadoras jóvenes o con menos minutos. Lejos de ser solo un problema, esto también puede transformarse en oportunidad: si esas futbolistas logran consolidarse y ganar confianza en este cierre de torneo, el equipo podría encontrar soluciones inesperadas en la Liguilla, ya sea para refrescar la delantera o dar alternativas en los costados.
El componente mental tampoco puede quedar al margen. Un equipo que ve disminuir su cuota de goles, aunque gane, puede empezar a dudar de su capacidad para resolver partidos complicados. Trabajar la confianza de las delanteras, reducir la ansiedad frente al arco y manejar mejor la presión son factores que suelen marcar la diferencia en series de ida y vuelta. La labor del cuerpo técnico, en este punto, pasa por blindar al grupo y evitar que las críticas externas pesen más de la cuenta.
Respecto a las futbolistas que regresan de lesión, el manejo de sus minutos será determinante. Adelantar su incorporación plena por necesidad podría suponer un riesgo de recaída. En cambio, si se administra con inteligencia su regreso, podrían llegar a la Liguilla en un nivel óptimo, ofreciendo al equipo variantes tanto en la creación de juego como en la definición. Nombres como Luebbert o Geyse Ferreira, en plenitud, pueden cambiar por completo la cara de la ofensiva azulcrema.
A mediano plazo, los problemas detectados en este Clausura 2026 pueden servir como punto de partida para una reestructuración parcial del proyecto deportivo. La directiva deberá evaluar si se requiere reforzar la delantera con un perfil distinto, incorporar jugadoras con mayor desequilibrio individual o potenciar la competencia interna para elevar el nivel de exigencia. Lo mismo ocurre con el área de rendimiento físico, donde una revisión profunda podría ayudar a reducir la cantidad de lesiones en futuras campañas.
En el corto plazo, sin embargo, todo pasa por sacar el máximo provecho de lo que ya se tiene. América Femenil sigue siendo uno de los planteles más completos y competitivos de la liga, con experiencia en instancias definitivas y jugadoras acostumbradas a pelear por títulos. Si logran corregir, aunque sea parcialmente, la falta de gol y estabilizar la situación en la enfermería, llegarán a la Liguilla como una seria candidata, más allá de las dudas que hayan surgido durante la fase regular.
El partido ante Pachuca, entonces, se convierte en algo más que un cierre de calendario: es una prueba de carácter. Servirá para medir cuánto ha aprendido el equipo a convivir con la adversidad, cómo responde ante un rival directo en la parte alta de la tabla y de qué manera Santiago Baños y Ángel Villacampa son capaces de reaccionar frente a los desafíos que ha planteado este Clausura 2026.
El margen para maniobrar todavía existe. Nada está perdido y el techo del América Femenil sigue siendo alto. Pero el tiempo de las excusas se agota: la falta de gol y las lesiones ya no son solo contratiempos puntuales, sino temas estructurales que deben afrontarse con decisión si el club pretende no solo llegar a la Liguilla, sino realmente competir para ganar el título del Clausura 2026.