Patología específica del codo y la muñeca en el tenis

Injury psychology: overcoming fear of elbow re-injury when competing again

Contexto y evolución histórica

De “aguantar el dolor” a cuidar la mente

Durante muchos años, en casi todos los deportes se glorificaba la idea de “jugar lesionado” y tapar el dolor con vendajes o antiinflamatorios. El miedo a re-lesionarse simplemente se veía como falta de carácter, y nadie hablaba de tratamiento psicológico para deportistas lesionados codo u otras articulaciones. Recién a partir de los años 80 y 90, con el auge de la psicología del deporte, se empezó a documentar que la cabeza influye tanto como el músculo en la vuelta a la competición. Los estudios mostraron algo que muchos entrenadores intuían: dos atletas con la misma lesión física podían tener recuperaciones muy distintas según su manera de interpretar el dolor, el temor a fallar y la presión externa por volver rápido.

Lesiones de codo y cambio de mirada en el alto rendimiento

El codo es una articulación especialmente delicada en deportes como tenis, pádel, béisbol o lanzamiento de jabalina. La clásica “epicondilitis” o “codo de tenista” dejó de verse solo como un problema de sobreuso cuando empezaron a registrarse recaídas constantes en deportistas que, en teoría, ya estaban médicamente “aptos”. La rehabilitación codo tenista con apoyo psicológico comenzó a cobrar protagonismo cuando se observó que muchos jugadores cambiaban inconscientemente su gesto técnico por miedo, cargando otras estructuras y creando un círculo de compensaciones y nuevas molestias. Hoy, en academias serias de alto rendimiento, es difícil encontrar un plan de readaptación que no incluya al menos una consulta psicológica para entender qué piensa y qué siente el deportista cuando vuelve a golpear la pelota con intensidad.

Principios básicos de la psicología de la lesión de codo

El círculo miedo–tensión–dolor

Cuando una persona se ha roto un tendón o ha sufrido una tendinopatía fuerte de codo, el cuerpo registra esa experiencia como peligrosa. Al volver a competir, aparece el miedo: “¿y si se rompe otra vez al sacar fuerte?”. Ese pensamiento dispara tensión muscular, sobre todo en la zona del brazo y los hombros. El aumento de tensión altera el gesto, hace el movimiento menos fluido y, paradójicamente, genera más dolor o sensaciones raras en el codo. El deportista interpreta ese aumento de molestias como una señal de que “el codo sigue mal”, reforzando el miedo y cerrando el círculo. Romper ese patrón es una de las metas centrales del tratamiento psicológico para deportistas lesionados codo, porque si la persona no aprende a regular la ansiedad y la hipervigilancia al dolor, puede quedarse atrapada en una recuperación interminable, aunque el tejido esté estructuralmente bien.

Evaluar el riesgo real frente al miedo aprendido

Otro principio clave es diferenciar entre riesgo real de re-lesión y miedo aprendido por experiencias pasadas. El traumatólogo y el fisioterapeuta aportan datos objetivos: imágenes, fuerza, rango de movimiento, tolerancia a la carga. Sin embargo, la mente suele seguir funcionando con “reglas antiguas”: “cuando forcé el saque, me lesioné; por lo tanto, si ahora vuelvo a forzar el saque, me pasará lo mismo”. El trabajo psicológico aquí consiste en actualizar esas reglas, enseñando al deportista a basarse en indicadores actuales y no solo en recuerdos traumáticos. Se usan escalas de confianza, diarios de entrenamiento y pequeños experimentos controlados para comprobar que el codo soporta más de lo que el miedo le permite hacer. Esta reevaluación gradual del peligro es lo que, con tiempo y buena coordinación de equipo, transforma el pánico a moverse en una prudencia sana y funcional.

Rol del psicólogo deportivo y del equipo interdisciplinar

La experiencia muestra que el psicólogo deportivo para superar miedo a lesionarse de nuevo no puede trabajar aislado. Lo ideal es que forme parte de programas de readaptación deportiva codo con psicólogo, fisioterapeuta, médico y entrenador dialogando entre sí. Mientras el fisio ajusta las cargas y el técnico corrige el gesto, el psicólogo se ocupa de temas como: qué piensa el jugador cuando hace su primer saque al 80%, cómo maneja la frustración ante un dolor puntual, o qué se dice internamente cuando ve a un rival exigente en la otra pista. Esta sincronía evita mensajes contradictorios del tipo “el doctor dice que puedo, pero yo siento que no estoy listo”, y ayuda a que el deportista tome decisiones apoyadas tanto en la ciencia como en sus propias sensaciones, en lugar de dejarse arrastrar solo por la presión del calendario competitivo.

Cómo manejar el miedo a re-lesionarse del codo al volver a competir

Pasos prácticos para trabajar el miedo

1. Poner el miedo en palabras, no solo en el cuerpo.
Muchas personas dicen “me da cosa sacar fuerte” pero no detallan qué temen exactamente. El primer paso es concretar: ¿miedo al dolor, a perder la beca, a decepcionar al equipo, a tener que operarse otra vez? Al clarificarlo, el miedo deja de ser una nube amorfa y se convierte en algo con componentes específicos que se pueden abordar uno por uno.

2. Construir una escalera de confianza en el gesto.
En lugar de pasar del cero al cien (de no sacar a competir a máxima intensidad), se diseña una progresión: primero saques suaves sin presión, luego series moderadas en entreno, después puntos simulados y, por último, partidos oficiales. Cada peldaño se repite hasta que el deportista se siente razonablemente seguro, observando que el codo responde. Esta lógica de exposición gradual reduce el shock mental y permite que el sistema nervioso “aprenda” que hay movimientos intensos que ya no son peligrosos.

3. Separar sensaciones normales de alarma real.
No todo tirón o fatiga indica daño. Parte del trabajo con el psicólogo es enseñar a diferenciar entre la molestia esperable por carga y los signos que sí requieren parar y consultar al especialista. Muchos deportistas tienden a interpretar cualquier incomodidad como una catástrofe inminente, lo que los lleva a abandonar entrenamientos que en realidad serían seguros y terapéuticos. Con educación, registros y feedback constante del fisio, esta confusión disminuye, y el deportista aprende a convivir con ciertas sensaciones sin entrar en pánico.

Técnicas mentales aplicadas a la pista

A un nivel práctico, se utilizan varias herramientas, siempre adaptadas a cada persona. Una de las más útiles es la respiración diafragmática previa a los gestos que generan más miedo, como el saque o el smash. El deportista aprende a bajar la activación antes de ejecutar, evitando que la ansiedad dispare una tensión extra en el brazo. Otra técnica frecuente es la visualización guiada: el psicólogo invita al jugador a imaginar con detalle series de golpes potentes, sintiendo el codo estable, registrando cómo la articulación soporta la carga sin dolor agudo. Esta visualización se combina luego con la ejecución real del gesto, reduciendo la brecha entre “imaginar que puedo” y “comprobar que puedo”. Finalmente, se suelen trabajar rituales breves entre puntos, para cortar rumiaciones del tipo “me voy a romper otra vez” y sustituirlas por consignas más funcionales, como centrarse en la táctica del siguiente saque o en el punto de contacto con la pelota, dejando el codo en un segundo plano.

Uso de terapia online miedo a re-lesionarse en el deporte

En los últimos años ha crecido mucho la terapia online miedo a re-lesionarse en el deporte, sobre todo para deportistas que viajan constantemente o viven lejos de grandes centros de entrenamiento. Este formato permite tener sesiones regulares, incluso desde torneos o concentraciones, manteniendo el trabajo mental alineado con la fase física de la recuperación. Por ejemplo, un jugador puede hacer una videollamada con su psicólogo pocas horas antes de su primer partido oficial tras la lesión de codo, revisar las estrategias acordadas y adaptar algunos objetivos si nota más ansiedad de la prevista. Aunque no sustituye la evaluación médica presencial, la consulta online facilita continuidad, ajuste fino de las herramientas y apoyo emocional en los momentos clave, evitando que el deportista se quede solo con sus dudas justo cuando más necesita contención.

Casos prácticos

Tenista profesional: del bloqueo al regreso al circuito

Imaginemos el caso de Marta, tenista profesional de 24 años con una epicondilitis crónica que la obligó a parar casi seis meses. Después de una excelente rehabilitación física, sus test de fuerza y movilidad eran buenos, pero en los entrenamientos importantes aparecía un bloqueo claro: al intentar sacar por encima del 70% de intensidad, se quedaba corta, frenaba el brazo y se enfadaba consigo misma. Su equipo decidió apostar por una rehabilitación codo tenista con apoyo psicológico. En las primeras sesiones, Marta reconoció que su mayor miedo no era el dolor en sí, sino tener que volver a pasar por el túnel de las operaciones y la incertidumbre económica. A partir de ahí, el psicólogo y el fisio montaron juntos un plan: filmar los saques de entrenamiento, usar una escala subjetiva de miedo del 0 al 10 en cada tanda y elegir un objetivo concreto para cada sesión (por ejemplo, bajar de 8 a 6 el nivel de miedo manteniendo la intensidad del gesto). Tras varias semanas de trabajo, Marta empezó a notar que podía tolerar pequeñas molestias sin catastrofizar y que la calidad de su saque regresaba. Terminó compitiendo otra vez, con un seguimiento psicológico espaciado pero regular durante la temporada.

Jugador amateur de pádel: convivir con el miedo razonable

El segundo caso es el de Luis, aficionado al pádel de 38 años, con trabajo de oficina y familia. Sufrió una lesión de ligamento en el codo por un mal gesto al golpear de revés. Después del alta médica, seguía evitando los remates, incluso en partidos amistosos, porque sentía que “el brazo se le iba a desarmar”. Como no podía acudir fácilmente a consulta presencial por horarios, se incorporó a uno de esos programas de readaptación deportiva codo con psicólogo en formato mixto: sesiones online con un especialista y coordinación con su fisioterapeuta local. Con ellos trabajó ejercicios de atención al cuerpo para diferenciar el miedo anticipatorio del dolor real, y se marcó metas muy pequeñas, como volver a intentar remates controlados una vez por set. Al mismo tiempo, revisó sus creencias de “si me lesiono otra vez, seré un irresponsable con mi familia”, entendiendo que se puede practicar deporte de forma responsable sin dejar de asumir un mínimo riesgo. No se trató de eliminar por completo el miedo, sino de convertirlo en un aviso moderado que no le impidiera disfrutar; con el tiempo, Luis volvió a jugar sin obsesionarse con el codo en cada golpe.

Mitos y malentendidos frecuentes

Creencias que frenan la recuperación

En la consulta son muy habituales algunas ideas que, aunque parezcan lógicas, obstaculizan seriamente la vuelta a la competición. Una de ellas es “si tengo miedo, es porque aún no estoy listo físicamente”, cuando en realidad el miedo puede persistir mucho después de que el tejido se haya recuperado. Otra creencia dañina es “pensar en la lesión la atrae”, lo que lleva al deportista a evitar hablar del tema, negando emociones y dudas que seguirán operando en segundo plano. Al contrario, poner nombre a lo que asusta suele disminuir su fuerza. También está el mito de que acudir a un psicólogo deportivo para superar miedo a lesionarse de nuevo es un lujo reservado a élites o a personas “débiles”. La evidencia actual indica que cuanto antes se integran estrategias mentales en la rehabilitación, menor es el riesgo de recaídas evitables y más rápido se normaliza la relación del deportista con su cuerpo, sin dramatizar ni minimizar lo que ocurrió.

Cómo diferenciar prudencia de evitación

No todo lo que se parece a prudencia es sano. Ser prudente implica respetar los tiempos de carga, calentar bien, escuchar al cuerpo y seguir indicaciones del equipo médico. La evitación, en cambio, se reconoce porque genera un alivio inmediato (por ejemplo, “no saco fuerte y así no me angustio”) pero a largo plazo mantiene el miedo intacto o incluso lo amplifica. El trabajo fino de la psicología de la lesión consiste en ayudar a la persona a notar esa diferencia: ¿estoy decidiendo no forzar hoy por una molestia concreta o porque me aterra comprobar cómo está realmente mi codo? A veces se planifican “pruebas” muy breves y controladas justamente para contrastar estas hipótesis. Cuando el deportista ve que puede tolerar un poco de miedo sin que ocurra la catástrofe temida, su confianza crece de forma más sólida que si solo escucha frases tranquilizadoras. En este punto, combinar un buen tratamiento psicológico para deportistas lesionados codo con un seguimiento físico serio se convierte en la mejor garantía para volver a competir con cabeza fría, cuerpo preparado y una relación más madura con el propio rendimiento.