¿Aguirre arma una selección «versionada» de Chivas para jugar como el equipo de Milito? Esa es la gran discusión que se desató alrededor del amistoso México-Islandia, a poco más de 100 días del arranque de la Copa Mundial de la FIFA 2026. El técnico del Tri, Javier «Vasco» Aguirre, volvió a sorprender al construir buena parte de su lista con una base clara del Guadalajara, club que hoy domina el Clausura 2026 como líder e invicto bajo la dirección de Gabriel Milito.
La convocatoria para enfrentar a Islandia encendió el análisis en el programa «Cuadro Titular», donde se puso bajo la lupa el peso del Rebaño en el plan de Aguirre. Fernando Cevallos lanzó una frase que encapsula la sensación general: «Para lo feo que está jugando la Selección, vistes a las Chivas de verde y listo». El comentario, entre broma y crítica, abrió el debate sobre si el seleccionador está intentando trasladar, casi en bloque, la estructura y las dinámicas de un club a la Selección Nacional.
Félix Fernández e Iñaki Álvarez fueron más allá y cuestionaron el fondo de la decisión: ¿por qué tantos jugadores de las Chivas de Milito para un solo amistoso? ¿Es una apuesta coyuntural por el buen momento rojiblanco o la señal de que México jugará, en esencia, como el Guadalajara de este torneo? La cifra de siete elementos del Rebaño en una lista corta para un partido de preparación es un indicador claro de que Aguirre ve en ese plantel una base funcional para su idea de juego.
En el contexto general, la presión es máxima. México tendrá por tercera vez en su historia el honor de inaugurar un Mundial mayor de la FIFA, ahora en casa, en la Copa del Mundo México / Canadá / Estados Unidos 2026. El partido inaugural está programado para el jueves 11 de junio de 2026 en la cancha del Estadio Azteca, ante la Selección de Sudáfrica, con el Tri como cabeza de serie del Grupo A. La exigencia no es solo competir: se le demanda a Aguirre presentar un equipo capaz de hacer historia frente a su afición.
Además de Sudáfrica, México compartirá grupo con Corea del Sur y con una selección europea que saldrá de entre Dinamarca, Irlanda, Macedonia del Norte o Chequia. Es decir, el Tri se enfrentará a un abanico de estilos: físico y vertical frente a los africanos, orden y disciplina táctica ante los asiáticos, y la tradicional solidez europea. En ese contexto, apostar por la base de un club que hoy domina su liga puede ser, a la vez, una ventaja competitiva y un arma de doble filo.
La lógica de Aguirre parece apoyarse en una idea recurrente en el futbol de selecciones: cuando no hay tiempo para armar sociedades desde cero, conviene explotar los automatismos que ya existen en un club. Chivas, líder e invicto del Clausura 2026, ofrece precisamente eso: una estructura defensiva reconocible, mecanismos de salida de balón trabajados y patrones ofensivos claros. Al llamar a siete jugadores de un mismo equipo, el técnico busca que México parta de una base que ya se conoce de memoria.
La comparación con el «estilo Milito» surge de forma natural. El Guadalajara del argentino se ha caracterizado por un juego ordenado desde atrás, presión inteligente en bloques medios y una circulación de balón que intenta ser limpia y progresiva. No es un equipo suicida al ataque, sino uno que prioriza el equilibrio, la ocupación racional de espacios y la coordinación colectiva. Aguirre, que no es precisamente un entrenador de riesgo desmedido, puede ver en ese modelo una plantilla casi lista para adaptarla a nivel selección.
Ahora bien, la gran pregunta del debate es si esa «chivadependencia» es una solución o un síntoma de carencias en el ecosistema del futbol mexicano. Quienes la defienden sostienen que, si un club domina la liga y sus futbolistas llegan en buen momento, es lógico usarlos como columna vertebral del Tri. Los críticos argumentan que una selección nacional debe mezclar lo mejor de todos los equipos, no volverse reflejo de uno solo, por más líder que sea.
Por líneas, la apuesta también tiene lectura táctica. En la portería, la presencia de un guardameta habituado a jugar con la defensa adelantada facilita la idea de salir jugando y mantener al equipo corto. En la zaga, defensores que ya trabajan juntos en su club pueden replicar coberturas, basculaciones y mecanismos de presión que conocen al detalle. En el mediocampo, donde se define el ritmo del juego, tener volantes que ya se entienden entre sí le permite a Aguirre acelerar la adopción de su libreto. Y en el ataque, aunque solo haya uno o dos delanteros del Rebaño, el entendimiento con los mediocampistas puede marcar diferencias en los movimientos sin balón y en las diagonales.
El amistoso ante Islandia, en La Corregidora de Querétaro, se convierte así en algo más que una simple prueba de preparación: es un laboratorio para medir hasta qué punto la «columna Chivas» puede sostener a la Selección Mexicana frente a rivales de corte físico y ordenado. Islandia suele presentar equipos rocosos, disciplinados y fuertes en el juego aéreo, un tipo de adversario que obliga a México a demostrar capacidad de elaboración y, sobre todo, madurez defensiva.
Conviene recordar que, más allá de la lista puntual, Aguirre está obligado a definir un cuadro base con rapidez. El margen hasta el Mundial es corto y el calendario de amistosos no es interminable. Cada convocatoria revela pistas: el peso de los jugadores del Guadalajara apunta a una confianza fuerte del cuerpo técnico en esa estructura, pero también puede ser un mensaje para otros clubes y futbolistas que no han logrado imponerse como generación dominante.
Desde una perspectiva de proyecto, utilizar la base de Chivas también puede interpretarse como un intento de cambiar la identidad reciente del Tri. Si en los últimos años México ha sido criticado por un futbol gris, lento y carente de sorpresa, apoyarse en un equipo que hoy sí ofrece funcionamiento sólido en la liga local podría ser el primer paso para recuperar confianza interna y externa. Sin embargo, la clave estará en la capacidad de Aguirre para complementar esa base con figuras de otros clubes que eleven el techo competitivo de la selección.
Hay un componente emocional que no se puede ignorar. Chivas, por su identidad de jugar solo con futbolistas mexicanos, suele tener una conexión especial con la afición del Tri. Ver a tantos jugadores rojiblancos vestir la camiseta nacional refuerza la narrativa de un «México hecho en casa», algo que puede potenciar el ambiente en un Mundial organizado en territorio propio. Pero la emoción no gana partidos: si el bloque del Rebaño no traduce su buen momento liguero en rendimiento internacional, la apuesta se le puede revertir al técnico.
Por otra parte, el propio estilo de Aguirre también entra en juego. Históricamente, el Vasco ha privilegiado la solidez, el orden táctico y la competitividad por encima del espectáculo. En ese sentido, un equipo como el de Milito encaja con su visión: agresivo cuando debe serlo, pero pragmático. La clave será encontrar el punto justo entre el modelo de club y las exigencias de un torneo corto como la Copa del Mundo, donde cada partido tiene peso de eliminación.
Pensando en el Grupo A del Mundial, la base Chivas puede ser una herramienta útil para enfrentar contextos distintos: ante Sudáfrica, un bloque sólido que evite desconexiones defensivas; contra Corea del Sur, un mediocampo capaz de cortar circuitos y salir rápido; frente al rival europeo, la capacidad de competir en intensidad y concentración durante 90 minutos. El desafío será ajustar matices en función del adversario sin perder la coherencia del modelo.
En el camino hacia 2026, lo único claro es que México no puede permitirse improvisar. El honor de inaugurar el torneo en el Estadio Azteca, sumado a la condición de anfitrión, obliga a que cada decisión de Aguirre tenga respaldo en un plan mayor. Apostar por siete jugadores de Chivas para enfrentar a Islandia es una declaración: el entrenador ha encontrado en el Guadalajara de Milito una referencia cercana a lo que quiere ver en su selección. Falta por ver si esa apuesta se consolida, se corrige o se diluye cuando el balón empiece a rodar en el Mundial.
Mientras tanto, el trabajo del Vasco se centra en recuperar la mejor versión del Tri y, al mismo tiempo, construir ese cuadro base que lo acompañe a intentar hacer historia en 2026. El amistoso con Islandia, el peso de los jugadores rojiblancos y la comparación con el modelo de Milito son, hoy, piezas de un rompecabezas mucho más grande: el de una Selección Mexicana que busca, por fin, trascender más allá de las expectativas y convertir la localía en una verdadera ventaja competitiva.