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Álvaro fidalgo se vuelve clave en la selección mexicana rumbo a 2026

Hace más de un año comenzó a repetirse una misma pregunta en cualquier mesa donde se hablara de la Selección Mexicana: ¿valía la pena abrirle la puerta a Álvaro Fidalgo, entonces todavía únicamente jugador español del América, para que algún día vistiera la camiseta del Tri? La duda no era menor: implicaba apostar por un futbolista que, además de naturalizarse mexicano, debía cumplir todo el proceso reglamentario de FIFA para poder ser elegible y ponerse a disposición de Javier ‘Vasco’ Aguirre.

Ese escenario hipotético dejó de serlo a finales de marzo. Fidalgo culminó su naturalización, cumplió con los tiempos establecidos por el organismo internacional y, contra cualquier prognóstico conservador, el hoy mediocampista del Real Betis fue incluido en la convocatoria del Tri para la última Fecha FIFA antes del Mundial 2026, que se celebrará en junio y julio en Estados Unidos, México y Canadá. No fue un simple llamado simbólico: Aguirre lo puso a prueba de inmediato.

El debut del apodado ‘Maguito’ llegó el sábado 28 de marzo, en un contexto cargado de simbolismo: la reapertura del Coloso de Santa Úrsula tras su remodelación. El inmueble, conocido históricamente como Estadio Azteca y renombrado por cuestiones comerciales, volvió a recibir a la Selección Mexicana en un partido de alto nivel frente a Portugal. Fidalgo no solo fue titular, sino que dejó una huella estadística que nadie había alcanzado en esta tercera etapa del ‘Vasco’ al frente del combinado nacional.

Durante el empate 0-0 contra el cuadro lusitano, el canterano del Real Madrid se convirtió en el único mediocampista bajo la gestión de Aguirre (desde 2024) en completar 19 pases consecutivos sin errar uno solo, todos realizados en territorio rival, es decir, más allá de la línea de medio campo. Se trata de una cifra que, más allá del dato frío, describe con precisión el tipo de jugador que es: seguro con la pelota, agresivo en campo contrario y con una enorme claridad para decidir bajo presión.

En una Selección Mexicana históricamente criticada por su dificultad para progresar el balón con criterio, la actuación de Fidalgo representa un matiz distinto. No se limitó a tocar en corto para engordar números; sus pases se dirigieron a romper líneas, a activar a los extremos y a ofrecer soluciones al ‘9’. Ese nivel de eficacia lo colocó, en apenas 90 minutos, un escalón por encima de varios compañeros que llevan mucho más tiempo peleando por un lugar en el mediocampo tricolor.

El valor de este rendimiento aumenta si se considera el contexto: rival europeo de élite, partido de presentación ante la nueva afición que lo adopta como uno de los suyos, y la presión natural de un jugador que sabe que cada intervención puede ser determinante para asegurar su lugar en la lista final para el Mundial. Fidalgo no jugó como un novato; se comportó como un mediocentro acostumbrado a manejar escenarios grandes, algo que ya venía mostrando en LaLiga, pero que ahora trasladó al plano de selecciones.

Tácticamente, su impacto también abre nuevas alternativas para Aguirre. El ‘Vasco’ ha sido identificado muchas veces con un estilo más pragmático, priorizando el orden defensivo por encima de cualquier otra cosa. Sin embargo, con un futbolista del perfil de Fidalgo, capaz de recibir entre líneas, girar bajo marca y encontrar al compañero mejor posicionado, el entrenador tiene la opción de construir una versión del Tri más propositiva, sin renunciar al equilibrio que tanto valora.

Otro elemento que llama la atención es su adaptación inmediata al entorno del vestidor. Aunque ya conocía el futbol mexicano por su paso por América, el ecosistema de selección suele ser distinto: jerarquías definidas, grupos consolidados y tiempos muy cortos para generar química. Sin embargo, dentro de la cancha se vio un mediocampo donde el español-mexicano se entendía con naturalidad tanto con los volantes de contención como con los interiores más ofensivos, marcando pausas cuando era necesario y acelerando cuando encontraba espacios.

La incógnita ahora pasa por el siguiente paso: el duelo de preparación ante Bélgica, programado para el martes 31 de marzo en el Soldier Field de Chicago, Illinois. El rival llega con la moral alta tras golear 5-2 a Estados Unidos bajo la dirección de Mauricio Pochettino, lo que plantea una nueva prueba de máxima exigencia. La gran interrogante es si Aguirre volverá a apostar por Fidalgo como titular o si preferirá administrarlo desde el banquillo, ya con la vista puesta en no desgastarlo de cara a la Copa del Mundo.

Independientemente de si inicia o no contra los belgas, la sensación dominante entre analistas y afición es clara: Fidalgo ya cruzó esa delgada línea que separa a un jugador «de prueba» de uno «necesario». Su nombre aparece prácticamente en todos los ejercicios de pronósticos como fijo en la nómina de 26 futbolistas que representarán a México en el Mundial 2026, donde el Tri será cabeza de serie del Grupo A junto a Sudáfrica, Corea del Sur y el ganador del repechaje de la UEFA entre Chequia y Dinamarca.

De cara al torneo, su perfil puede resultar especialmente valioso. Contra selecciones asiáticas como Corea del Sur, que suelen defender compactas y rápidas al contragolpe, se requiere un mediocampista con lectura para filtrar balones y evitar pérdidas en zonas sensibles. Frente a equipos físicos como Sudáfrica, la solución pasa por mover la pelota con velocidad y precisión, algo que encaja con las virtudes del jugador del Betis. Y ante un rival europeo salido del repechaje, tener un futbolista acostumbrado al ritmo de LaLiga siempre suma.

Otra dimensión a considerar es la competencia interna que Fidalgo ha generado. Su irrupción obliga a otros mediocampistas a elevar el nivel si quieren mantener su estatus dentro del equipo. Volantes con un perfil más físico, pero menos finos técnicamente, podrían quedar relegados si no logran ofrecer algo adicional: presión alta más eficiente, llegada al área con gol o una polivalencia táctica que permita a Aguirre rotar sistemas. En ese sentido, el ex América ha subido la vara para todos.

También es relevante la narrativa alrededor de su figura: de ser visto por muchos como «extranjero que viene a quitar un lugar» a convertirse en un símbolo de lo que puede aportar un naturalizado bien integrado al proyecto. Fidalgo ha sido cuidadoso al hablar de México como su «país adoptivo», subrayando el agradecimiento hacia la liga que le abrió las puertas y hacia la afición que lo arropó desde su etapa en Coapa. Ese discurso conecta con una parte importante del público, que empieza a verlo más como uno de los suyos que como un invitado temporal.

En el plano individual, su paso al Betis también potencia su candidatura. Competir semana a semana contra algunos de los mejores mediocampistas del mundo, en un torneo de alto ritmo y exigencia táctica como LaLiga, hace que su curva de crecimiento se mantenga en ascenso. Esa experiencia se traslada a la selección en forma de toma de decisiones más rápida, mejor gestión de los tiempos del partido y una resistencia mental clave para los escenarios del Mundial, donde un detalle puede definir una eliminatoria.

Si se mira el panorama a mediano plazo, no es descabellado pensar en Fidalgo como uno de los pilares del proyecto más allá de 2026. Con edad para disputar otra Copa del Mundo y con un estilo de juego que no depende exclusivamente de la velocidad física, sino de la inteligencia y la calidad técnica, México podría haber encontrado a un mediocampista capaz de liderar una transición generacional en la zona de creación, acompañando a jóvenes que empiezan a pedir espacio.

Por ahora, la conclusión es contundente: con apenas 90 minutos frente a Portugal, Álvaro Fidalgo ha logrado algo que a muchos les toma años con la Selección Mexicana: volverse casi indispensable en la pizarra de Javier Aguirre. Su rendimiento, sus números y la sensación que deja en la cancha lo colocan como una pieza distinta en el mediocampo tricolor, un futbolista que no solo compite por un lugar, sino que empieza a marcar diferencias claras sobre varios de sus compañeros en la lucha por la titularidad rumbo al Mundial 2026.