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América y su reverenda pobreza: el proyecto de jardine se tambalea

«América vive una REVERENDA pobreza»: el proyecto de Jardine se tambalea en el Clausura 2026

El Clausura 2026 avanza y el América sigue sin ofrecer señales claras de reacción. Aquellos triunfos frente a Necaxa y Monterrey empiezan a verse más como un espejismo que como el inicio de una recuperación. La derrota en el Clásico de Clásicos terminó por desnudar las carencias del equipo de André Jardine: ni carácter, ni personalidad, ni hambre de ganar para su afición.

En la mesa de análisis de FOX RePlay, el exguardameta Yosgart Gutiérrez fue tajante: dentro del club se vive una «REVERENDA pobreza». Su juicio no se limitó a un solo rubro, sino que abarcó el funcionamiento ofensivo, el trabajo defensivo y el estado anímico de un plantel que, a su entender, ha perdido chispa y liderazgo.

Miguel Ángel García Toraño profundizó en la idea: el verdadero problema del cuadro azulcrema es emocional. No se trata únicamente de una mala racha, sino de un equipo que ha dejado de competir con la intensidad que exige su historia. Félix Fernández respaldó este diagnóstico con números irrefutables: en seis partidos, América apenas ha marcado tres goles, una de las peores cuotas ofensivas de todo el torneo. Para un club que se presume protagonista, esa cifra es insostenible.

En el mismo debate participaron Rafael Márquez Lugo, Hernán Cristante y Alonso Cabral, quienes coincidieron en que la ausencia de Alejandro Zendejas ha golpeado de lleno la creatividad y profundidad del ataque. Su capacidad para recibir entre líneas, encarar y filtrar balones ha sido irreemplazable. Sin ese socio en tres cuartos de cancha, el ataque americanista se ha vuelto predecible y plano.

A este vacío se suma la incertidumbre en torno a Brian Rodríguez, que no termina de consolidarse como un extremo determinante, y la versión más discreta de Henry Martín. El delantero y capitán ha batallado con lesiones musculares y, después de cerca de diez meses sin continuidad de alto nivel, la afición aún no ve en él a un titular confiable. Su falta de ritmo se refleja en la poca movilidad y la escasa presencia en el área rival.

Estos factores han derivado en una ofensiva prácticamente inofensiva. Los especialistas hablaron abiertamente de una crisis en el frente de ataque, de contrataciones que no han rendido a la altura y de roces internos que habrían influido en la armonía del grupo. Yosgart Gutiérrez incluso apuntó a nombres que ya no están, como Allan Saint-Maximin, cuya breve etapa en Coapa se relaciona con el inicio de esta curva descendente en términos deportivos.

La «REVERENDA pobreza» no se limita al ataque. En la línea defensiva también se percibe fragilidad. Luis Ángel Malagón, portero de las Águilas, se ha mostrado nervioso, con dudas en salidas y decisiones tardías en centros al área. Su talón de Aquiles han sido los balones aéreos: suele reaccionar tarde incluso cuando los servicios caen en el área chica, una deficiencia que en su momento también se le señaló a Guillermo Ochoa. Para un equipo que aspira a títulos, un guardameta dubitativo se convierte en una amenaza constante.

La zaga, lejos de compensar esos titubeos, luce desconcentrada. En las jugadas a balón parado, América es superado con demasiada facilidad: las marcas se pierden, los rivales rematan con comodidad y la sensación de vulnerabilidad es permanente. El gol de Armando «Hormiga» González, anticipándose a Sebastián Cáceres para sentenciar el triunfo de Chivas, fue la fotografía perfecta de un sistema defensivo apagado y sin reacción.

El desempeño de Kevin Álvarez también ha sido señalado como una muestra más de esa pobreza futbolística. El lateral derecho, que llegó con cartel de selección, ha perdido soltura con el balón, ha dejado de encarar y sus centros ya no representan peligro. Lo que antes era una banda profunda y dinámica hoy es una zona previsible y fácilmente contenible por los rivales.

Tras seis jornadas disputadas, la tabla general confirma las sensaciones negativas. América camina en zona de riesgo, ocupando el décimo lugar con apenas 8 puntos, producto de dos triunfos, dos empates y dos derrotas. Su diferencia de goles es neutra: tres a favor y tres en contra. Para un club acostumbrado a figurar en los primeros sitios, estos números reflejan un estancamiento preocupante, más aún si se observa la escasa generación de jugadas claras de gol.

Desde el torneo anterior, André Jardine ha intentado justificar la falta de resultados con múltiples argumentos: decisiones arbitrales, poco descanso entre torneos, desgaste de viajes y acumulación de partidos. Sin embargo, en la última semana ni siquiera han tenido que cambiar de competencia ni enfrentar traslados extenuantes, y aun así el equipo no muestra mejoría real. Esa contradicción ha disparado las críticas tanto hacia su discurso como hacia su capacidad de gestionar la crisis.

Para muchos analistas, esta «REVERENDA pobreza» también se ha instalado en el banquillo. El comportamiento del técnico brasileño, su lenguaje corporal y, sobre todo, su tendencia a buscar culpables externos, no encajan con la imagen de un estratega tricampeón ni con lo que se espera de un líder en un club de la magnitud del América. Su actitud dista de la de un «técnico grande» al frente de un «equipo grande».

Además, se le ha recordado a Jardine que, en la época en que los clubes mexicanos competían en la Copa Libertadores, los viajes eran mucho más largos y exigentes, con desplazamientos a Argentina, Chile o Brasil, muchas veces en plena recta final del torneo local. Aun así, pocos entrenadores se quejaban abiertamente del calendario. Por el contrario, utilizaban esos retos como combustible para fortalecer el carácter de sus planteles y responder en la liga con resultados.

En este contexto, la crisis americanista parece tener varias capas. No es sólo un tema de goles, ni únicamente de errores puntuales. Hay una pérdida de identidad futbolística: el equipo ya no presiona alto con convicción, no somete al rival desde la posesión y ha dejado de imponer respeto en el Azteca. El rival llega con la sensación de que se le puede competir de tú a tú, algo que en otros momentos parecía impensable.

Otro aspecto que se ha puesto bajo la lupa es la planificación deportiva. Las incorporaciones recientes no han ofrecido un salto de calidad claro. Algunas apuestas extranjeras no se adaptaron al ritmo ni a la exigencia del club, mientras que ciertos jugadores de casa o con pasado consolidado no atraviesan su mejor momento. La mezcla de fichajes que no explotan y referentes en baja forma termina por conformar un plantel desequilibrado.

En lo anímico, se percibe un grupo sin líderes visibles en la cancha. En otras etapas, América contaba con futbolistas capaces de cambiar el rumbo de un partido desde la personalidad, más allá del talento. Hoy, cuando el marcador se complica, pocos se atreven a pedir la pelota, a levantar la voz o a contagiar a los compañeros. Esa ausencia de liderazgo se nota en los últimos minutos de los encuentros, donde el equipo suele caer en la desesperación o en la imprecisión.

El entorno tampoco ayuda. La presión mediática y el descontento de la afición se han intensificado. Cada empate sabe a derrota, cada tropiezo se magnifica y cada declaración del técnico se analiza con lupa. En un club como América, la exigencia es permanente y la paciencia mínima. Esa atmósfera puede hundir aún más a un vestidor frágil o, en el mejor de los casos, servir como detonante para una reacción inmediata.

De cara a lo que resta del Clausura 2026, el margen de error es cada vez menor. Si Jardine quiere recuperar credibilidad, deberá dejar de lado las excusas y enfocarse en soluciones concretas: ajustar la estructura defensiva en táctica fija, recuperar la mejor versión de sus atacantes, reactivar la generación de juego sin Zendejas y, sobre todo, reconstruir la confianza del grupo. América necesita volver a los fundamentos: intensidad, concentración, hambre de gol y solidez atrás.

La pregunta que flota en el ambiente es clara: ¿está el proyecto de Jardine todavía a tiempo de enderezar el rumbo o la «REVERENDA pobreza» que señalan los analistas es ya un síntoma de un ciclo agotado? Las próximas jornadas no sólo definirán la posición del América en la tabla, sino también el futuro inmediato de su entrenador y la vigencia de un modelo que, por ahora, no está a la altura de la historia azulcrema.