Familiares de personas desaparecidas llaman a marchar el día de la inauguración del Mundial 2026 en México
A medida que se acerca el arranque de la Copa del Mundo de la FIFA 2026, que tendrá como sedes a México, Canadá y Estados Unidos, la emoción futbolística convive con un clima de profunda preocupación social. En México, colectivos de familiares de personas desaparecidas han decidido aprovechar la visibilidad global del torneo para colocar en el centro del debate una de las heridas más graves del país: las más de 130 mil desapariciones registradas a nivel nacional.
Por ello, han convocado a una manifestación pacífica el mismo día de la inauguración del Mundial 2026 en territorio mexicano. La protesta está programada para el jueves 11 de junio de 2026, fecha en la que la Selección Mexicana disputará el partido inaugural en la cancha del Estadio Azteca, en la Ciudad de México, frente al combinado de Sudáfrica. Mientras el coloso de Santa Úrsula se prepara para recibir a miles de aficionados y a la mirada del planeta entero, en sus alrededores se alista también una movilización que busca convertir el festejo futbolero en un altavoz para exigir verdad y justicia.
El duelo entre México y Sudáfrica abrirá formalmente la Copa del Mundo de la FIFA 2026 para la sede mexicana y marcará el inicio del Grupo A, donde el equipo dirigido por Javier “Vasco” Aguirre parte como cabeza de serie. Además de enfrentar a los sudafricanos, la selección nacional se medirá a Corea del Sur y a un combinado europeo que saldrá de entre Dinamarca, Irlanda, Macedonia del Norte o Chequia, nombre actual de la tradicional República Checa. En medio de ese contexto deportivo, las familias de desaparecidos han decidido irrumpir en la agenda pública con una consigna que busca dar la vuelta al mundo.
“Mientras adentro celebran, afuera lloramos. Esa imagen dará la vuelta al mundo”, resume la frase central de la convocatoria difundida por los organizadores de la protesta. La movilización es encabezada, entre otros, por Ricardo García y Vanessa Gámez, padres de Ana Amelí García, desaparecida en julio de 2025 en las inmediaciones del propio Estadio Azteca. Su caso se ha convertido en un símbolo de la cercanía entre los grandes espectáculos y la violencia cotidiana que padecen miles de familias en México, incluso en zonas marcadas por la presencia policial y la atención mediática.
La elección del 11 de junio de 2026 no es casual. Se trata del día en que México vuelve a inaugurar una Copa del Mundo en el mítico Azteca, escenario de finales históricas y de momentos icónicos del fútbol. Los familiares de desaparecidos pretenden yuxtaponer dos imágenes: el júbilo en las tribunas y el duelo en las calles. Su objetivo es que la narrativa del Mundial 2026 no se limite al espectáculo deportivo, sino que también incorpore la realidad de un país que enfrenta una crisis humanitaria.
De acuerdo con las cifras oficiales más recientes, las desapariciones superan las 130 mil personas en el país. Detrás de cada número hay una familia que busca sin descanso, que recorre instituciones y que empuja expedientes entre policías, fiscales y autoridades que, con frecuencia, se muestran rebasadas o indiferentes. Para muchas de estas familias, el arranque del Mundial representa una oportunidad única de interpelar al gobierno federal, a los gobiernos locales y también a la comunidad internacional. Quieren que su exigencia no se quede en comunicados, sino que aparezca en las imágenes que se difundan por todo el planeta.
La protesta se ha planteado como una manifestación pacífica, con énfasis en el respeto a los asistentes al partido y a la propia fiesta del fútbol, pero con una postura firme de denuncia. Se prevé que las y los manifestantes porten fotografías de sus seres queridos, lonas con nombres y fechas de desaparición, así como mantas con mensajes dirigidos tanto a las autoridades como a los organismos deportivos. El contraste entre camisetas de selección, banderas y cánticos, por un lado, y los rostros de personas ausentes, por el otro, busca convertirse en un poderoso recordatorio de que detrás de la euforia mundialista hay un país en duelo permanente.
Para las familias, el Mundial 2026 no puede ser solo un evento deportivo, sino un momento clave para exigir cambios concretos en la política de búsqueda y atención a víctimas. Entre sus reclamos centrales están el fortalecimiento de las comisiones de búsqueda, la mejora en los protocolos de investigación, el acceso real a la justicia y el fin de la impunidad. Señalan que, mientras se invierten recursos millonarios en estadios, infraestructura y seguridad para los partidos, los mecanismos para encontrar a las personas desaparecidas siguen siendo insuficientes y desiguales entre estados.
Este choque entre la fiesta global del fútbol y la tragedia de las desapariciones evidencia una tensión que México arrastra desde hace años: la capacidad de atraer grandes eventos internacionales frente a la incapacidad de garantizar la seguridad y los derechos básicos de su población. La marcha del 11 de junio pretende precisamente poner en evidencia esa contradicción, mostrando que la imagen de modernidad y organización que se proyectará al mundo convive con historias de desapariciones sin resolver, fosas clandestinas y búsquedas desesperadas en cerros, baldíos y carreteras.
Desde la perspectiva de los organizadores, no se trata de boicotear el Mundial ni de atacar a la afición, sino de aprovechar el foco mediático para visibilizar el dolor que, en condiciones normales, suele quedar relegado a notas breves y a cifras que pocos dimensionan. Para muchos familiares, el riesgo no es incomodar al público futbolero, sino que, pasado el torneo, todo continúe igual: expedientes archivados, investigaciones incompletas y promesas incumplidas. La marcha es, en ese sentido, un grito de urgencia para que la Copa del Mundo deje también un legado humanitario y no solo deportivo.
La designación de México como cabeza de serie del Grupo A, junto con Sudáfrica, Corea del Sur y un rival europeo aún por definir, ha incrementado la expectación por el debut de la selección en el Estadio Azteca. Se espera un lleno total y una cobertura global que abarcará cada detalle del encuentro. Precisamente por ello, los familiares de desaparecidos consideran que no habrá mejor escaparate para su mensaje. Si las cámaras enfocan la entrada al estadio, las calles aledañas o los accesos principales, su intención es que el mundo vea no solo banderas y bufandas, sino también las pancartas con los nombres de quienes faltan.
El simbolismo del Azteca también pesa. No es solo un estadio; es un ícono de la historia del fútbol y del propio país. Que a unos metros de sus puertas se denuncie la desaparición de una joven como Ana Amelí García, ocurrida cerca de ahí en 2025, subraya que la violencia no es un fenómeno lejano ni aislado, sino algo que puede suceder incluso en espacios que se asocian con la convivencia, el espectáculo y la vigilancia reforzada. Para sus padres, encabezar la convocatoria es tanto una forma de mantener viva la búsqueda de su hija como de evitar que otras familias pasen por lo mismo.
En los próximos meses, conforme se acerque la inauguración del Mundial, se espera que el llamado a la marcha sume a más colectivos, organizaciones de víctimas y ciudadanos que, aunque acudan al partido o sigan el torneo, no quieren permanecer indiferentes ante la tragedia de las desapariciones. El día 11 de junio de 2026, México estará bajo el reflector del planeta por su papel como anfitrión de la Copa del Mundo, pero también podría convertirse en escenario de una de las imágenes más potentes de la memoria reciente: la convivencia, en un mismo espacio y al mismo tiempo, de la fiesta futbolística y el clamor por quienes aún no han vuelto a casa.