«Hormiga González está por encima de los goles de Quiñones».
La frase, contundente y polémica, se ha convertido en el eje del debate sobre quién debe ocupar el tercer puesto de centro delantero en la selección mexicana de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Mientras Javier ‘Vasco’ Aguirre define la lista definitiva para el Mundial, una de las decisiones más delicadas está en el ataque: detrás de dos plazas prácticamente fijas para Raúl Jiménez, del Fulham de la Premier League, y Santiago Giménez, del AC Milan de la Serie A, surge la gran incógnita: ¿Armando «Hormiga» González o Julián Quiñones?
En una de las más recientes ediciones del programa de análisis futbolístico donde se discutió este tema, tanto Francisco Gabriel de Anda como Hugo Sánchez se inclinaron con claridad por el joven delantero de las Chivas Rayadas del Guadalajara. Para ambos, Armando «Hormiga» González no solo debe ir al Mundial, sino que hoy está por encima de Julián Quiñones en la lucha por ese tercer lugar en la delantera del Tri.
La postura fue tajante: «La Hormiga González está por encima de los goles de Quiñones», coincidieron el ex defensa y el histórico goleador mexicano. En su argumento, no se trató únicamente de números, sino de contexto, estilo de juego y proyección a futuro. Hugo Sánchez, sin embargo, matizó que el rendimiento de Quiñones es tan alto que sería un error descartarlo totalmente, incluso si su papel termina siendo en otra posición dentro del esquema ofensivo.
El caso de Julián Quiñones es particular y complejo. El colombiano naturalizado mexicano, actualmente en el Al-Qadsiah de la Saudi Pro League, ha mantenido una racha goleadora impresionante. En la más reciente jornada, volvió a hacerse presente en el marcador en la goleada 4-0 sobre Al Ettifaq, resultado con el que llegó a 22 goles en la temporada. Esta cifra lo coloca como segundo máximo anotador del torneo, solo uno por debajo del líder, el británico Ivan Toney del Al-Ahli, y con dos tantos de ventaja sobre Cristiano Ronaldo, estrella del Al-Nassr.
Con estos números, sería fácil defender que Quiñones debe tener su boleto al Mundial asegurado. Es un atacante con experiencia, acostumbrado a cargar con la responsabilidad ofensiva en equipos protagonistas de la Liga MX y, ahora, en el futbol saudí. Antes de su aventura en Medio Oriente, dejó huella en clubes como Lobos BUAP, Tigres UANL, Atlas y América, donde demostró que puede rendir bajo presión y en instancias decisivas.
Sin embargo, para los analistas que priorizan el momento y el encaje táctico en la selección, la balanza se inclina hacia Armando González. El atacante de Chivas atraviesa una etapa de explosión futbolística. En el Clausura 2026 de la Liga MX se ubica como segundo en la tabla de goleo con cinco anotaciones en solo siete partidos disputados, a dos del líder, el ítalo-brasileño Joao Pedro, del Atlético de San Luis. Ambos compartieron la cima goleadora en el torneo anterior, donde también destacó el portugués Paulinho, de Toluca.
Más allá de las cifras, los defensores de González ponen sobre la mesa otros factores: su juventud, su margen de crecimiento, su adaptación al ritmo actual del futbol mexicano y la química que podría tener con otros seleccionados que militan en la Liga MX. Ven en él a un delantero dinámico, intenso, con movilidad, capaz de presionar la salida rival y atacar los espacios con gran agresividad.
Por su parte, Roberto Gómez Junco ofreció una visión distinta en ese mismo debate. A su juicio, las características de Julián Quiñones son prácticamente únicas en el entorno del futbol mexicano. Potencia física, desequilibrio en el uno contra uno, capacidad para partir desde la banda y terminar como segundo punta, más una cuota de gol constante, lo convierten en un perfil difícil de encontrar. El único jugador que, según él, se le acerca en condiciones es el juvenil Gilberto Mora, quien actualmente está inactivo mientras se recupera de una pubalgia, con poca información pública sobre su proceso de rehabilitación.
Ese contraste de visiones refleja el verdadero fondo de la discusión: no es solo una comparación de estadísticas, sino un debate de perfiles, necesidades tácticas y visión de futuro para la selección.
¿Debe el «Vasco» Aguirre premiar el presente de un joven delantero de la liga local o apostar por la experiencia y el colmillo de un atacante probado en ligas y equipos de máxima exigencia?
Desde la perspectiva táctica, la elección del tercer centro delantero no es menor. Con Raúl Jiménez como referencia de juego de espaldas, con capacidad para asociarse y bajar a recibir, y Santiago Giménez como un nueve más vertical, letal en el área, con gran olfato goleador, el tercer puesto podría definirse por complementariedad.
En ese sentido, González ofrece frescura, sacrificio defensivo y una dosis de rebeldía futbolística que puede cambiar partidos cerrados. Quiñones, en cambio, agrega versatilidad: puede arrancar por la banda, enganchar hacia el centro, servir de enlace y también finalizar jugadas, lo que lo hace una opción multifuncional en el frente de ataque.
Otro ángulo importante es el psicológico. Un Mundial en casa -México será uno de los anfitriones de 2026- implica un tipo de presión distinto. Muchos entrenadores priorizan jugadores con experiencia en escenarios de alta exigencia y ambientes hostiles. En esto, Quiñones tiene ventaja: ha disputado finales, liguillas, partidos con estadios al límite y sabe convivir con la exigencia máxima.
Sin embargo, también es cierto que un futbolista joven, como González, puede aprovechar el impulso emocional de jugar en casa para firmar su consolidación internacional, algo que históricamente ha sucedido con varias figuras del Tri en Copas del Mundo.
La identidad futbolística del equipo también entra en juego. Si la selección apuesta por un estilo más vertical, agresivo y con presión alta, la figura de Armando González encaja como anillo al dedo: es intenso, constante en la persecución del rival y no da un balón por perdido. Si, por el contrario, el plan prioriza la posesión, el desequilibrio individual y las variantes ofensivas, Quiñones representa una carta distinta, capaz de romper líneas desde la conducción y el regate.
El contexto de cada liga donde militan también pesa. La Liga MX se caracteriza por su ritmo particular, su paridad y la exigencia táctica. Brillar ahí, como lo hace la «Hormiga» González, envía un mensaje claro al cuerpo técnico del Tri: está listo para competir con y contra muchos de los compañeros y rivales que forman parte del ecosistema futbolístico nacional. La Saudi Pro League, donde destaca Quiñones, ha crecido de manera acelerada en calidad y exposición mediática, pero aún genera dudas sobre la intensidad competitiva semana a semana frente a ligas europeas top o incluso frente a la propia Liga MX.
A esa discusión se suma también la planificación a mediano plazo. Pensando más allá del Mundial 2026, algunos especialistas consideran que apostar por Armando González ayudaría a rejuvenecer la base ofensiva de la selección, dándole rodaje internacional a un jugador que podría ser importante en ciclos posteriores. Otros, en cambio, sostienen que un Mundial en casa no admite apuestas demasiado arriesgadas: hay que llevar a quienes ofrezcan la mayor garantía inmediata, y en ese apartado, la hoja de vida de Julián Quiñones es difícil de ignorar.
En el vestidor, el rol de cada uno sería distinto. González llegaría como la nueva cara del ataque, con hambre de demostrar, probablemente aceptando sin conflicto un rol inicialmente secundario, ideal como revulsivo en segundas partes. Quiñones, por su trayectoria y estatus, podría aspirar a minutos más constantes, e incluso a salir del banco en partidos donde se necesite un cambio de dibujo táctico, pasando de un 4-3-3 a un 4-2-3-1, por ejemplo, con él como extremo o media punta.
Tampoco se puede dejar fuera del análisis el tema de la competencia interna. Tener en la convocatoria a un delantero joven como la «Hormiga» podría elevar la intensidad de los entrenamientos, empujando incluso a figuras ya consagradas a no relajarse. Mientras que sumar a Quiñones agregaría jerarquía y un modelo de profesional que ha sabido reinventarse en distintos equipos y contextos futbolísticos.
Los últimos meses antes de la convocatoria definitiva serán decisivos. El rendimiento de ambos en sus respectivas ligas, la forma física, la ausencia o aparición de lesiones, e incluso su desempeño en posibles llamados previos a partidos amistosos o eliminatorias terminarán de inclinar la balanza. Un pequeño bajón en el nivel de cualquiera de los dos podría ser determinante, al igual que una racha goleadora o actuaciones sobresalientes en duelos clave.
En cualquier caso, la frase que encendió el debate -«Hormiga González está por encima de los goles de Quiñones»- sintetiza una discusión más profunda: qué valora hoy la selección mexicana en un delantero, qué tipo de futbolista quiere proyectar en su Mundial y cómo equilibrar experiencia, presente y futuro. La decisión final recaerá en Javier Aguirre, pero el debate apenas empieza y, conforme se acerque 2026, cada gol, cada asistencia y cada actuación de González y Quiñones será examinada con lupa.
Al final, más allá de las posturas, lo cierto es que el futbol mexicano se encuentra ante un escenario poco común: contar con varios delanteros en buen momento, con estilos diferentes y argumentos sólidos para pelear por un lugar en la lista mundialista. Para la selección, más que un problema, es un lujo. Para Aguirre, una decisión que podría marcar la historia del Tri en la Copa del Mundo de 2026.