JJ Macías le tira a Aleco Irarragorri y cuestiona su liderazgo en Santos Laguna
La trayectoria de José Juan Macías lleva años en punto crítico. Sus lesiones constantes y decisiones futbolísticas fallidas han provocado que, para muchos, su carrera esté conectada apenas por respiración artificial. El momento en que todo pareció terminar definitivamente fue su accidentado paso por Santos Laguna, etapa tan oscura que incluso lo llevó a anunciar su retiro… decisión de la que más tarde se retractaría.
En Torreón, el hoy delantero de Pumas —actualmente lesionado— vivió una de las peores etapas de su vida profesional. Llegó a los Guerreros como un atacante con cartel, pero entre molestias físicas y recaídas prácticamente no pudo competir. Apenas acumuló 74 minutos repartidos en cinco partidos, todos con el equipo que juega como local en la Comarca Lagunera, representando no solo a Torreón, sino también a Gómez Palacio y Lerdo, en Durango. Esa mínima participación, sumada a un entorno deportivo y directivo que él mismo consideró negativo, terminó por romper la relación.
La cadena de lesiones fue brutal. Entre tratamientos, rehabilitaciones y frustraciones, en febrero de 2025 se anunció la rescisión de su contrato con Santos Laguna. El vínculo terminó antes de tiempo y, poco después, Macías llegó a coquetear públicamente con el retiro del futbol profesional. Era el punto más bajo de una carrera que, años atrás, lo había perfilado como el gran delantero del futuro para la selección mexicana.
En una entrevista posterior, ya sin el escudo albiverde en el pecho, Macías no dudó en señalar a la dirigencia del club. Apuntó directamente al proyecto encabezado por el joven presidente Aleco Irarragorri y aseguró que el equipo estaba “en el olvido”. La crítica no solo se interpretó como un reclamo deportivo, sino como un dardo a la manera de conducir una institución con tradición competitiva en el futbol mexicano.
Meses después, en agosto, el atacante reapareció en la escena al ser presentado como nuevo refuerzo de Pumas. Durante la conferencia de prensa de su llegada a la Universidad Nacional, lejos de vender humo o grandes promesas, lanzó un mensaje frío y crudo: pidió que no esperaran nada de él. Quiso bajar las expectativas al mínimo, consciente de que ya no era visto como la joya indiscutible que alguna vez ilusionó a todo el entorno del futbol mexicano.
Con la camiseta auriazul, sin embargo, llegó a ofrecer algunas actuaciones interesantes. No se trató de un renacer espectacular, pero sí de un repunte que permitió pensar en una posible recuperación de nivel. Esas pinceladas de buen futbol reactivaron ligeramente la esperanza en su figura. Sin embargo, la mala fortuna volvió a cruzarse en su camino.
En noviembre, Macías sufrió la ruptura del ligamento cruzado anterior de la rodilla, una de las lesiones más temidas por cualquier futbolista. Se confirmó entonces que estaría fuera de las canchas alrededor de nueve meses. Los tiempos médicos apuntan a que podría volver a la actividad en agosto próximo, aunque su futuro deportivo sigue llenó de incertidumbre, marcado por antecedentes físicos poco alentadores.
Mientras atraviesa esta larga rehabilitación, el exjugador de Chivas, León y Getafe no ha borrado de su memoria lo vivido en Santos Laguna. Al contrario, esa etapa parece seguir muy presente. Prueba de ello es su actividad en redes sociales, donde dejó ver, de manera indirecta pero muy clara, lo que piensa de la dirigencia lagunera.
En Instagram comenzó a circular una fotografía de Aleco Irarragorri, luciendo un rostro juvenil, casi adolescente, acompañada de una frase cargada de ironía: “Imagínate que eres jugador del Santos y baja este wey a regañarte”, seguida de emojis en tono de burla. El comentario cuestionaba abiertamente la autoridad y el liderazgo del presidente del club. Lo que encendió las alarmas fue que J. J. Macías le dio “me gusta” a esa publicación.
Ese simple gesto, en la era digital, vale tanto como una declaración. Para muchos aficionados y analistas, el like de Macías se interpretó como una validación de la crítica hacia Irarragorri. No hizo falta que el delantero escribiera nada: su reacción bastó para dejar claro que coincide con la percepción de falta de peso y carácter en la cabeza del proyecto lagunero.
El contexto deportivo de Santos no ayuda a limpiar esa imagen. Mientras Macías está fuera por lesión y sin un horizonte claro de brillo individual, el equipo de Torreón tampoco atraviesa un buen momento. En el arranque del torneo, el conjunto albiverde se encuentra hundido en la parte baja de la tabla, ocupando el penúltimo lugar (17 de 18) con apenas un punto, producto de un empate y cuatro derrotas. A esto se suma la peor diferencia de goles del certamen, con un -12 que retrata una defensa endeble y un ataque inoperante.
La combinación es demoledora: un exdelantero que acusa indirectamente falta de liderazgo en la presidencia, y un equipo que, en la cancha, confirma con resultados la sensación de proyecto extraviado. Aunque la crítica llega de un jugador que tampoco ha logrado consolidarse, la crisis deportiva de Santos le da combustible a quienes cuestionan el rumbo que ha tomado la institución en los últimos años.
El caso de Macías también ha reabierto el debate sobre la gestión de talento en el futbol mexicano. Hace no tanto, el atacante era señalado como el próximo gran goleador nacional, con pasos prometedores en Chivas y León y una aventura en Europa con el Getafe. Hoy, entre lesiones, decisiones erráticas y roces con directivas, su carrera se ha convertido en un ejemplo de cómo una proyección brillante puede apagarse en muy poco tiempo.
Para Pumas, la apuesta por Macías fue un riesgo calculado: un delantero de 25 años con historial serio de lesiones, pero con un techo futbolístico que, si se alcanzaba, podía convertirlo en un refuerzo diferencial. Ahora, el club universitario se encuentra nuevamente en la disyuntiva de esperar su recuperación total o planificar a mediano plazo sin considerarlo como pieza segura, dada la fragilidad física que ha mostrado.
En cuanto a Santos Laguna, el señalamiento indirecto del jugador vuelve a poner en el foco la figura de Aleco Irarragorri. Más allá de su edad y su trayectoria, lo que hoy se discute es su capacidad para sostener un proyecto competitivo en uno de los clubes que, hasta hace pocos años, era sinónimo de regularidad en liguillas y peleas por el título. La imagen de un presidente percibido como falto de autoridad, sumada a una plantilla que no responde, alimenta la narrativa de un ciclo que necesita una revisión profunda.
Este tipo de episodios también ilustra el poder de las redes sociales en la dinámica del futbol moderno. Antes, un comentario de esta naturaleza solo existía si el jugador daba una entrevista o publicaba un mensaje directo. Hoy basta con un “me gusta” para desatar interpretaciones, generar polémica y tensar, aún más, relaciones que ya venían desgastadas. Macías, con una sola interacción, reabrió una herida que parecía cerrada tras su salida de la Comarca.
El tiempo dirá si J. J. Macías es capaz de reconstruir su carrera después de otra lesión grave y si la relación con Santos y su dirigencia queda únicamente como un capítulo amargo en su historia. Mientras tanto, su gesto hacia la publicación contra Irarragorri y la crisis deportiva del club refuerzan la percepción de que, hoy por hoy, ni el delantero ni la institución atraviesan un momento esperanzador. Ambos, desde trincheras distintas, intentan encontrar aire en un entorno que les recuerda constantemente sus errores recientes y sus promesas incumplidas.