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Liga Mx, entre intereses comerciales y falta de proyección mundial: camoranesi

«Por intereses comerciales, la Liga MX no se vende al mundo»: Camoranesi desnuda una de las grandes fallas del futbol mexicano

Mauro Camoranesi, campeón del mundo con la selección de Italia en el Mundial de Alemania 2006, volvió a poner el dedo en la llaga del futbol mexicano. Con conocimiento de causa -porque jugó en Cruz Azul y Santos Laguna y luego dirigió en la Liga de Expansión con Coras de Tepic- el exmediocampista señaló que uno de los grandes problemas de la Liga MX es su pobre proyección internacional, muy limitada en comparación con otras ligas del continente.

Para Camoranesi, el futbol mexicano está atrapado en una estructura dominada por intereses comerciales que priorizan el negocio local por encima de la difusión global del torneo. El exjugador explicó que, a diferencia de otras ligas, los derechos de transmisión de la Liga MX están fragmentados entre múltiples cadenas y plataformas, lo que dificulta que el campeonato se vea fuera del país de forma masiva y ordenada.

El exinternacional italiano recordó que, incluso cuando él vivía en Argentina y se tomaba vacaciones, apenas tenía acceso a partidos del futbol mexicano. Según relató, solo podía ver un encuentro aislado que transmitía una cadena con derechos sobre Pachuca y otro equipo, lo que para él es un síntoma claro: el producto no está pensado para conquistar audiencias internacionales, sino para explotar el mercado interno.

Desde su perspectiva, esto contrasta de manera evidente con lo que ocurre en la Major League Soccer (MLS). Camoranesi subrayó que el campeonato de Estados Unidos se ha vuelto fácilmente accesible en muchos países, ya que una o dos empresas concentran los derechos de transmisión y distribuyen los partidos por todo el mundo. Así, cualquier aficionado puede familiarizarse con los equipos, conocer a los jugadores y seguir la liga con regularidad.

El exfutbolista fue tajante al aclarar que esta mayor presencia internacional no significa que la MLS sea una liga mejor o más entretenida que la mexicana. De hecho, insistió en que no considera que el nivel competitivo del futbol estadounidense supere al de la Liga MX. El punto central, dijo, es la forma en que cada campeonato se proyecta hacia el exterior: mientras la MLS se vende como un producto global, la Liga MX permanece prácticamente encerrada en sus propias fronteras.

Camoranesi también rescató un dato estadístico que, a su juicio, evidencia las consecuencias de este aislamiento mediático. Contó que durante el último Mundial en el que hizo un análisis detallado, hace unos cuatro años, solo había siete futbolistas mexicanos en clubes europeos. La cifra, comparada con otros países del continente americano, fue demoledora: alrededor de 54 jugadores estadounidenses, unos 35 canadienses y aproximadamente 20 jamaicanos militaban en equipos de Europa.

Estas diferencias, remarcó, no son casuales. Para él, la escasa presencia de mexicanos en el futbol europeo está relacionada, entre otros factores, con la nula difusión global de la Liga MX. Si el campeonato prácticamente no se ve más allá de México, los jugadores permanecen fuera del radar de muchos clubes, visores y aficionados del viejo continente. Al no tener una ventana constante donde mostrarse, su valor de mercado y su proyección internacional se ven seriamente limitados.

El campeón del mundo sostiene que uno de los «males» del futbol mexicano podría empezar a revertirse si la Liga MX apostara en serio por la exportación de su producto. Abrir el torneo al mundo, facilitar su transmisión en distintos países y construir una estrategia global permitiría que más ojos se posaran sobre los futbolistas mexicanos, aumentando sus posibilidades de dar el salto a Europa y competir en las ligas más exigentes del planeta.

Detrás de esta crítica también se esconde un cuestionamiento profundo al modelo de negocio dominante en México. La fragmentación de derechos, los contratos individualizados por club y la ausencia de un proyecto centralizado de distribución internacional hacen que cada partido termine siendo un producto aislado, difícil de empaquetar para el mercado global. Mientras tanto, otras ligas han entendido que, para crecer, necesitan simplificar el acceso a sus juegos y ofrecer una experiencia unificada al espectador extranjero.

Otro punto implícito en el análisis de Camoranesi es el impacto que esta falta de visibilidad tiene sobre la formación y la ambición de los propios futbolistas mexicanos. Sin una presencia constante en pantallas internacionales, muchos jóvenes jugadores crecen en un entorno donde el objetivo máximo sigue siendo consolidarse en la Liga MX, más que salir a competir en Europa. La exposición global no solo atrae clubes, también cambia mentalidades y eleva estándares.

La comparación con países como Estados Unidos, Canadá o incluso Jamaica revela que no se trata únicamente de talento. México tiene una tradición futbolística fuerte, infraestructura profesional y una liga económicamente potente, pero se ha rezagado en la estrategia de exportación de jugadores. Al no proyectar su campeonato, también limita la proyección de sus figuras. En cambio, federaciones con menos historia futbolística han comprendido que colocar a sus jugadores en Europa es una forma de fortalecer sus selecciones y aumentar el prestigio de sus ligas.

Si la Liga MX decidiera dar un giro y estructurar un modelo de transmisión más parecido al de otros campeonatos, podría abrirse un abanico de beneficios: mayor ingreso por derechos internacionales, crecimiento de la marca de los clubes fuera del país, aumento del valor de los jugadores y una mayor presencia del futbol mexicano en el imaginario global. Todo ello podría impactar, a mediano plazo, en una selección nacional con más elementos habituados al ritmo y exigencia europeos.

La crítica de Camoranesi también invita a reflexionar sobre la percepción externa del futbol mexicano. Para muchos aficionados de otros continentes, el conocimiento de la Liga MX se limita a referencias aisladas, algunos equipos históricos y apariciones esporádicas en torneos internacionales. Sin una presencia estable en la programación deportiva global, el campeonato queda relegado frente a ligas que, aunque quizá tengan menor nivel futbolístico, se esfuerzan por llegar a todas las pantallas posibles.

En un contexto donde el deporte compite con múltiples formas de entretenimiento, la visibilidad ya no es un lujo, sino una necesidad. Las nuevas generaciones consumen futbol a través de plataformas digitales, servicios de streaming y contenidos on demand. Si la Liga MX no se adapta a estas dinámicas con una estrategia pensada para el mercado global, corre el riesgo de seguir siendo un torneo fuerte a nivel local, pero irrelevante en la conversación internacional.

Al final, el mensaje de Mauro Camoranesi no se limita a una simple comparación entre la Liga MX y la MLS. Su diagnóstico apunta a un problema estructural del futbol mexicano: la falta de una visión global que permita al campeonato, a los clubes y a los jugadores trascender fronteras. Para el exjugador, el talento existe y el nivel de competencia es alto, pero mientras el torneo se mantenga encerrado por decisiones comerciales cortoplacistas, México seguirá desaprovechando la oportunidad de posicionar su futbol en la élite mundial.