Quién es Ulises Bernal, el mexicano que perdió su cargo por hacer gestos racistas a la influencer coreana Inocat
El nombre de Ulises Bernal Miramontes saltó al foco público no por un logro profesional, sino por un episodio de discriminación que terminó costándole su puesto. Hasta hace unos días, Bernal era presidente del Colegio de Ingenieros Topógrafos del Estado de Jalisco, una posición de peso dentro del gremio de la ingeniería en la entidad. Sin embargo, un gesto racista dirigido a la influencer coreana Yoon Su-jin, conocida en redes como Inocat, desencadenó un fuerte rechazo social y lo llevó a presentar su renuncia.
Todo ocurrió en el marco de la Copa Mundial de la FIFA 2026, cuyo calendario contempla que el jueves 18 de junio se disputará en el Estadio Guadalajara, en Zapopan, Jalisco, un atractivo duelo entre las selecciones nacionales de México y Corea del Sur. Más allá de la distancia geográfica, ambas aficiones han tejido, a lo largo de los años, una relación peculiar, llena de simpatías mutuas y episodios que han reforzado ese vínculo.
Corea del Sur y México compartieron grupo en el Mundial de Rusia 2018, donde también se enfrentaron en la segunda jornada de la fase de grupos. Desde entonces, el público mexicano adoptó a los asiáticos casi como un «segundo equipo», especialmente después de que los coreanos vencieran a Alemania, resultado que ayudó al Tri a avanzar a la siguiente ronda. Para esta nueva cita mundialista, la selección surcoreana eligió las instalaciones de Chivas, en Verde Valle, como su base de preparación, reforzando así su cercanía con la afición tapatía.
En la llamada «Perla Tapatía», el ambiente previo al Mundial se encendió el 11 de junio, cuando Corea del Sur se midió a la selección de Chequia en un duelo amistoso, también en territorio jalisciense, y se llevó la victoria por marcador de 2-1. Decenas de miles de aficionados llenaron el estadio, y no solamente había hinchas de origen asiático: muchos mexicanos decidieron apoyar a Corea, se vistieron con sus colores y se unieron a los cánticos, a la música y al ambiente festivo.
Las redes sociales se inundaron de videos en Instagram y X, donde se veía cómo los aficionados coreanos se mezclaban con la cultura mexicana, probando comida típica, utilizando expresiones locales, bailando música regional y, en general, disfrutando de un intercambio cultural que despertó simpatía en ambas direcciones. Incluso se viralizaron escenas en las que seguidores de Corea y de México se involucraban en conversaciones sobre modismos, gustos musicales y hasta temas románticos, confirmando esa curiosa conexión que se ha ido construyendo desde hace varios mundiales.
En medio de este clima de cercanía y celebración multicultural, ocurrió el episodio que cambió la vida pública de Ulises Bernal. Durante el amistoso Corea del Sur vs. Chequia, la creadora de contenido Yoon Su-jin (Inocat) se encontraba en el estadio grabando un video para sus redes, visiblemente emocionada por la atmósfera que se vivía en la casa de las Chivas Rayadas del Guadalajara. Su intención era compartir con sus seguidores la experiencia de vivir un partido en México, con toda la pasión y el colorido de la afición local.
Mientras Inocat hablaba a la cámara, en segundo plano apareció Ulises Bernal Miramontes. En lugar de limitarse a salir accidentalmente en el video, el ingeniero decidió burlarse de la influencer: se llevó las manos a los ojos para simular un rasgado acentuado y acompañó el gesto con una forma de hablar caricaturesca, exagerando un supuesto acento asiático. La escena quedó grabada y, una vez publicada en redes sociales, se viralizó en cuestión de horas.
Las imágenes fueron interpretadas de inmediato como un acto de racismo y xenofobia. Numerosos usuarios señalaron que este tipo de actitudes refuerzan estereotipos ofensivos contra las personas de origen asiático y van en contra del espíritu de convivencia que debe imperar en un evento como una Copa del Mundo. Lo que para algunos podría parecer una «broma» evidenció, en realidad, un problema de fondo: la normalización de conductas discriminatorias que se siguen practicando en espacios públicos y privados.
La ola de críticas no se hizo esperar. El nombre de Ulises Bernal comenzó a circular acompañado de señalamientos y llamados a que enfrentara consecuencias por su comportamiento, no solo como aficionado, sino como representante de una institución profesional. Al tratarse del presidente del Colegio de Ingenieros Topógrafos del Estado de Jalisco, se puso sobre la mesa la responsabilidad ética que debe asumir alguien que encabeza un organismo colegiado y que, por lo mismo, funge como referente en su sector.
Ante la presión pública, Bernal tuvo que salir a ofrecer disculpas. Reconoció el gesto y afirmó que no había querido ofender; sin embargo, el daño ya estaba hecho y el contexto no le favorecía. En un ambiente mundialista en el que se promueve la inclusión, el respeto a la diversidad y la lucha contra cualquier forma de discriminación, su actuar quedó completamente fuera de lugar. Pocos días después, presentó su renuncia a la presidencia del Colegio, intentando con ello poner punto final al escándalo.
Este caso volvió a poner bajo la lupa la conducta de los aficionados mexicanos en eventos internacionales. La FIFA y diferentes organismos han insistido en la necesidad de erradicar cánticos, expresiones y gestos discriminatorios en los estadios. La responsabilidad, sin embargo, no recae sólo en organismos deportivos o autoridades: el comportamiento individual, como el de Ulises Bernal, tiene un impacto directo en la imagen del país y en la experiencia de las personas extranjeras que visitan México.
La relación entre México y Corea del Sur en los Mundiales tiene una historia peculiar. Desde Francia 1998 y, sobre todo, tras Rusia 2018, los cruces y resultados han alimentado una narrativa de «hermandad futbolera» que muchos fanáticos han abrazado con entusiasmo. Ver a aficionados coreanos con sombreros charros y a mexicanos intentando cantar en coreano se ha vuelto parte del folclore mundialista. Justo por ello, el episodio con Inocat se percibió como una traición a ese espíritu de cercanía que tanto se ha celebrado.
En este contexto, el incidente sirve como recordatorio de que el respeto cultural no debe limitarse a lo superficial. Aprender algunas palabras en otro idioma, probar la comida típica o hacerse fotos con aficionados de otro país es solo la parte visible de un intercambio respetuoso. Lo realmente importante es evitar conductas que ridiculicen rasgos físicos, acentos o costumbres. El caso de Bernal demuestra que un solo gesto puede echar por tierra muchos esfuerzos de acercamiento y hospitalidad.
Otro punto relevante es el papel de las redes sociales. Sin la cámara de Inocat y la posterior difusión del video, el comportamiento de Bernal quizá habría pasado inadvertido para la mayoría. Hoy, sin embargo, cualquier acción en un estadio, en la calle o en un evento público puede ser registrada y compartida en cuestión de minutos. Esto ha generado un entorno en el que las personas, especialmente quienes ocupan cargos públicos o directivos, deben ser mucho más conscientes de cómo actúan y qué mensaje envían con sus gestos y palabras.
Para muchos profesionales del ámbito de la ingeniería en Jalisco, la renuncia de Ulises Bernal también plantea una discusión interna sobre los códigos de ética y las responsabilidades de quienes encabezan colegios y asociaciones. No se trata sólo de la capacidad técnica, sino de la integridad personal que se exige a quienes representan a un gremio. En un mundo cada vez más conectado y vigilante frente a la discriminación, los liderazgos deben asumir que su comportamiento privado y público está bajo escrutinio.
La Copa Mundial de 2026, con sedes repartidas entre varios países y un número ampliado de selecciones, se perfila como uno de los mayores escaparates deportivos y culturales de la historia reciente. Para México, es una oportunidad de mostrar hospitalidad, diversidad y capacidad organizativa. Casos como el de Bernal ponen de relieve los retos que aún existen en materia de educación intercultural y convivencia respetuosa, especialmente en un país que recibe cada vez más visitantes y residentes extranjeros.
A la par, la comunidad coreana y los aficionados asiáticos que han elegido México como destino para vivir o para seguir a su selección han dado múltiples muestras de integración positiva: participan en actividades locales, aprenden español, colaboran en proyectos culturales y académicos, y comparten aspectos de su propia tradición. El contraste entre estos esfuerzos y los gestos ofensivos resalta aún más la necesidad de que el entorno los reciba con respeto y apertura.
Finalmente, el episodio de Ulises Bernal y Inocat no sólo cuenta la historia de un funcionario que perdió su cargo por un gesto racista; también refleja un cambio de época. Lo que durante décadas se normalizó como «chiste» hoy es cuestionado y sancionado socialmente. En un contexto mundialista que invita a celebrar la diversidad, la lección es clara: la pasión por el futbol no puede ser excusa para la burla, la discriminación o el desprecio. El reto, para la afición mexicana y para figuras públicas como Bernal, es convertir esta polémica en un punto de inflexión hacia una convivencia más respetuosa y consciente con quienes vienen de otras latitudes a compartir la misma pasión por el juego.
