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Ricardo peláez destapa el poder en américa y señala a héctor gonzález iñárritu

Ricardo Peláez destapa cómo se mueve el poder en el América y apunta a Héctor González Iñárritu

La reciente salida de Diego Ramírez como director deportivo del América volvió a encender los focos en Coapa. El pésimo arranque del torneo, con tres partidos sin triunfo y sin un solo gol anotado, terminó por costarle el puesto a uno de los responsables de la planeación deportiva. Pero, para Ricardo Peláez, el tema va mucho más allá de un solo nombre: detrás de esta crisis hay una estructura compleja en la que también entra en escena Héctor González Iñárritu.

Durante una encendida mesa de debate, el ex dirigente azulcrema desmenuzó cómo está armado el organigrama del club y quiénes toman realmente las decisiones clave. Su visión cobra peso porque no habla como un simple analista: fue jugador del América, presidente deportivo del club y conoce de primera mano la forma de trabajar de Emilio Azcárraga y de los directivos que han pasado por Coapa.

Peláez comenzó recordando cómo era la estructura cuando él llegó al América como presidente deportivo. En aquel momento existía un presidente operativo, Yon de Luisa, además del propio Azcárraga como dueño. Con el paso del tiempo, esa línea jerárquica cambió: De Luisa fue ascendido a presidente de Futbol de Televisa y entró Pepe Romano como nuevo presidente operativo. La pirámide quedaba así: en la cima el propietario, debajo Yon de Luisa y, en un nivel posterior, las dos presidencias que se encargaban de la operación y del día a día del club.

En ese contexto, a Peláez le tocó tomar una de las decisiones más importantes de su gestión: la elección del cuerpo técnico. Optó por traer a Miguel Herrera como entrenador y lo acompañó con un staff que hoy vuelve a estar en el centro de la discusión: Santiago Baños como auxiliar y Diego Ramírez también como asistente. Fue ahí, en ese primer proyecto, donde se tejieron las relaciones profesionales entre ellos.

Los resultados de aquella apuesta fueron inmediatos. Con ese cuerpo técnico, el América conquistó el título de Liga MX en 2013, uno de los campeonatos más recordados por la afición azulcrema. Tras el éxito, el proyecto dio un salto hacia la Selección Mexicana: Peláez, Herrera, Baños y Ramírez siguieron vinculados en diferentes roles al Tricolor, con una Copa del Mundo en Brasil en la que, en palabras del propio Peláez, “nos fue muy bien”. Después de ese ciclo, Miguel Herrera se quedó al frente del combinado nacional, mientras que Ricardo regresó al América para continuar su gestión dirigencial.

A partir de ese repaso histórico, Peláez aprovechó para explicar un punto que considera fundamental y que hoy, según él, se está pasando por alto: la diferencia entre el área deportiva y el área operativa del club. Para el ex directivo, el aficionado suele ver solo al entrenador y al director deportivo, pero hay toda una estructura administrativa que influye directamente en la conformación del plantel.

Según su análisis, el área deportiva es la encargada de elegir al director técnico y, en conjunto con él, definir qué jugadores se necesitan. Sin embargo, esa planeación se tiene que ajustar a un presupuesto que no controla el departamento deportivo, sino la parte operativa. Es allí donde se autorizan salarios, se negocian ventas, se cierran compras y se manejan temas contractuales.

Peláez fue contundente al afirmar que en los problemas recientes del América no se puede cargar toda la culpa sobre la parcela deportiva. Puso como ejemplo los casos de Javairô Dilrosun y de Igor Lichnovsky, situaciones en las que —según explicó— el área operativa no ha logrado resolver ventas, compras o renovaciones de forma adecuada. Para él, si no se pudo colocar a ciertos jugadores o concretar la llegada de otros refuerzos, la responsabilidad no recae únicamente en quienes planean el plantel, sino también en quienes deben ejecutar las operaciones financieras.

En este punto, Ricardo mencionó directamente a Héctor González Iñárritu como la figura que actualmente encabeza esa parte operativa. De acuerdo con su versión, Iñárritu es quien hoy asume tareas que, en su época, recaían en otros presidentes operativos. Por eso, a su entender, no es correcto hablar de un solo culpable por la crisis del equipo, sino de una responsabilidad compartida donde la estructura completa debe ser cuestionada.

Más allá de los movimientos en la oficina, Peláez también se refirió al futuro de André Jardine. Para el ex dirigente, el técnico brasileño está viviendo una etapa crítica en el banquillo. Señaló que, ante un entorno tan presionado, ve probable que Jardine decida irse antes de ser despedido oficialmente. Esta lectura abre un debate más amplio: ¿hasta qué punto el técnico es víctima de las fallas en la planeación deportiva y operativa?

La situación de Jardine se vuelve aún más delicada si se considera el contexto del club. El América es la institución más ganadora de la historia del futbol mexicano y su exigencia es innegociable. Un arranque de torneo sin victorias ni goles es, por definición, inadmisible para un proyecto que presume tener una de las plantillas más fuertes del país. Ante ese panorama, el entrenador se convierte en el blanco inmediato de las críticas, aunque Peláez insiste en que los problemas vienen de más arriba.

Otro elemento que deja entrever el análisis de Ricardo es la fragilidad de los puestos dentro del organigrama de Coapa. Hoy fue cesado Diego Ramírez, pero el cuestionamiento alcanza también a Santiago Baños, a González Iñárritu y, en cierto modo, a la línea de mando que baja desde Emilio Azcárraga. Cuando los resultados no se dan, la estructura que en los buenos tiempos parece sólida empieza a mostrar grietas: errores en fichajes, dificultades para vender jugadores, contratos pesados y decisiones tardías en el mercado.

En el fondo, lo que plantea Peláez es que el América necesita revisar no solo quién se sienta en el banquillo, sino cómo se toman las decisiones en la cima. Si el área deportiva pide un perfil específico de jugador y la parte operativa no consigue cerrar la operación, se genera una brecha que repercute directamente en la cancha. Los técnicos terminan improvisando con lo que hay y, cuando los marcadores no se dan, son los primeros en caer.

También resulta significativo que Peláez, con su experiencia en América, Chivas y Cruz Azul, subraye la importancia de mantener claridad en los roles. Cuando se confunden las responsabilidades o se solapan funciones, es más sencillo que todos se señalen entre sí y nadie asuma plenamente las consecuencias. En clubes grandes, donde la presión mediática y de la afición es enorme, esa falta de definición puede ser letal para cualquier proyecto.

El caso de Dilrosun es ilustrativo: un jugador extranjero que ocupa plaza de no formado en México, con un salario elevado y que, según el análisis, el club no ha podido mover adecuadamente en el mercado. Cada decisión fallida de este tipo limita la posibilidad de reforzar otras zonas del campo, y el entrenador termina pagando por un plantel que quizá no se ajusta a su idea de juego. Lo mismo sucede con situaciones como la de Lichnovsky, donde la incertidumbre sobre su continuidad condiciona la planificación defensiva del equipo.

Todo esto se da, además, en un momento en el que el entorno del futbol mexicano está cambiando, con la mira puesta en el 2026 y en cómo los clubes se preparan para un nuevo ciclo. El América, por historia y jerarquía, no puede permitirse temporadas de transición prolongadas ni proyectos improvisados. Cada error en la estructura interna se magnifica, porque el club parte siempre con la obligación de pelear por el título.

La reflexión de Peláez, en suma, va más allá del nombre propio de Diego Ramírez o de un simple mal arranque de torneo. Su mensaje apunta a que, si el América quiere recuperar estabilidad y resultados, debe revisar con lupa la relación entre su área deportiva y la operativa, así como el papel de figuras como Héctor González Iñárritu. Mientras esa conexión no funcione de manera fluida y coordinada, el riesgo de que técnicos como André Jardine terminen siendo chivos expiatorios seguirá siendo muy alto.

En Coapa, las decisiones que se tomen en las próximas semanas serán clave. No se trata solo de elegir al próximo director deportivo o de mantener o no a Jardine en el banquillo, sino de redefinir un modelo de gestión que, según voces como la de Ricardo Peláez, hoy no está respondiendo a la altura de la historia ni de las expectativas del América.