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Santiago baños en la mira de rayados y un futuro incierto en américa

Santiago Baños, en la agenda de Rayados: el futuro del dirigente podría alejarlo del América

El presente futbolístico de Rayados de Monterrey está muy lejos de lo que se esperaba de una de las plantillas más costosas del país. Los resultados irregulares han encendido las alarmas no solo en el vestidor, sino también en los despachos, donde ya se analizan movimientos profundos de cara al segundo semestre de 2026. Entre las posibles decisiones más fuertes aparece un cambio en la estructura deportiva, y en ese escenario el nombre de Santiago Baños ha cobrado una fuerza inesperada.

En la institución regiomontana se da prácticamente por hecho que el ciclo de José Antonio «Tato» Noriega como presidente deportivo entró en la fase definitiva. La salida de Domenec Torrent fue el primer aviso de que la dirigencia no está satisfecha con el rumbo del proyecto, y todo indica que el siguiente paso sería relevar al actual responsable deportivo. La opción que más seduce a los altos mandos de Rayados es, precisamente, ir por el actual director deportivo del América.

Baños ocupa el puesto de director deportivo azulcrema desde 2017 y su gestión ha sido sinónimo de éxito para las Águilas. Desde las oficinas de Coapa fue uno de los principales artífices del tricampeonato reciente del club, formando planteles altamente competitivos, cerrando fichajes estratégicos y respaldando el trabajo de André Jardine, con quien América conquistó tres títulos consecutivos. Esa misma capacidad de construir proyectos ganadores es la que Monterrey quiere importar a su estructura.

Los rumores sobre un posible cambio en la silla de Noriega ya circulaban desde hace tiempo, pero se intensificaron tras la salida de Torrent y con los tropiezos de Rayados en los momentos clave. La idea en el club regiomontano es encontrar un dirigente con experiencia comprobada en el manejo de grandes egos, altas inversiones y exigencia permanente de títulos, y el perfil de Baños encaja casi a la perfección con esas demandas.

El tema dio un giro importante cuando se dio a conocer que, en días recientes, Santiago Baños sostuvo una comida con José Antonio Fernández Garza-Lagüera, CEO de Femsa, uno de los hombres de mayor peso dentro del entorno de Rayados. Esa reunión, lejos de ser una casualidad, tuvo un objetivo concreto: sondear la disposición del actual directivo americanista para sumarse al proyecto de Monterrey una vez que concluya su contrato con las Águilas.

De acuerdo con la información disponible, el encuentro no fue una negociación formal, sino una charla exploratoria para conocer cómo trabajaría Baños en Monterrey, cuál sería su estructura de gestión, qué tipo de plantel intentaría construir y qué cambios implementaría en caso de asumir el mando deportivo. Lo que sí habría quedado completamente claro es que la puerta quedó abierta para que, al terminar su vínculo con América, pueda ponerse la camiseta de la Pandilla desde los despachos.

Detrás de este acercamiento se esconde una realidad evidente: la frustración en Rayados por no haber transformado una inversión multimillonaria en títulos y dominio deportivo. Año tras año el club se refuerza con figuras nacionales e internacionales, pero los resultados no terminan de corresponder a las expectativas. En ese contexto, la directiva ve indispensable un giro de timón a nivel estructural y considera que traer a alguien con el historial reciente de Baños podría ser el detonante de una nueva etapa.

Sin embargo, el posible fichaje del directivo no depende solo de los deseos de Monterrey. El otro gran actor de esta historia es el Club América, y por encima de todos, Emilio Azcárraga. Dejar ir a uno de los hombres señalados como pieza clave en la consecución del tricampeonato no es una decisión menor. Baños ha sido, para bien y para mal, una figura muy influyente en la construcción del actual modelo deportivo azulcrema.

Desde el entorno americanista se maneja la versión de que, con la llegada de Ferrán Reveter a la estructura directiva, se avecina una reconfiguración profunda en la cúpula del club. Ese relevo en puestos altos podría abrir la puerta a movimientos en todas las áreas, incluida la deportiva. En ese escenario, una eventual salida de Baños dejaría de ser un tabú y, por el contrario, podría incluso encajar con la idea de renovación que algunos sectores dentro del club consideran necesaria tras el ciclo exitoso de Jardine.

Este contexto interno en América podría acelerar el acercamiento con Rayados. Si Reveter impulsa cambios y el club decide renovar su organigrama, la terminación del ciclo de Baños en Coapa sería menos traumática y más «natural» de justificar públicamente: se explicaría como parte de un nuevo proyecto institucional, y no tanto como una derrota frente a la oferta de Monterrey.

No obstante, la pregunta central sigue siendo la misma: ¿estará dispuesto Emilio Azcárraga a permitir que uno de los arquitectos del tricampeonato se marche, y no solo eso, sino que se marche a un rival directo en la lucha por títulos? América y Rayados comparten objetivos, presupuesto alto y protagonismo mediático; fortalecer a un competidor con un directivo probado puede interpretarse como un riesgo estratégico.

Para América, el dilema no se limita a la salida de un ejecutivo. También se trata de la posible pérdida de una filosofía de trabajo que ha dado frutos: detección de talento, equilibrio entre figuras y jugadores de rol, manejo del vestidor en coordinación con el cuerpo técnico y una relación fluida con las categorías inferiores. Cambiar de líder deportivo implica redefinir, en parte, la identidad reciente del club.

Desde el lado de Baños, el escenario también es complejo. Permanecer en Coapa significaría consolidarse como el hombre que llevó a América a una etapa dorada y tratar de alargar ese ciclo con nuevos títulos. Dar el salto a Rayados, en cambio, representaría un desafío distinto: tomar un proyecto con recursos de sobra, pero con urgencia de resultados, y demostrar que su modelo de gestión es exportable y no depende solo del entorno azulcrema.

Para Rayados, la llegada de Baños supondría un mensaje claro hacia su afición: no solo se seguirán haciendo fuertes inversiones en jugadores, sino que también se apostará por una cabeza deportiva con historial de éxito reciente. El club ha sido criticado en ocasiones por no tener una línea coherente a largo plazo, y un dirigente con tantos años seguidos al frente de un grande podría ayudar a construir esa estabilidad.

En el panorama general de la Liga MX, un movimiento de esta magnitud tendría repercusiones inmediatas. Reforzaría la tendencia de que los clubes con mayor poder económico no solo compitan por futbolistas, sino también por directivos y figuras clave en la planeación deportiva. La figura del director deportivo, muchas veces infravalorada, se confirma como pieza fundamental en la elaboración de proyectos campeones.

También hay un componente político dentro de la propia liga. Las relaciones entre las directivas, la influencia en decisiones colectivas y el peso de cada club en el ecosistema del futbol mexicano podrían verse alterados si un personaje como Baños cambia de bando. No es lo mismo que un directivo menor se mueva, a que uno que acaba de construir un tricampeonato emigre a otro gigante del país.

La afición americanista, por su parte, se encontraría dividida. Un sector considera a Baños como uno de los grandes responsables del éxito reciente y vería su salida como un error imperdonable. Otro grupo, más crítico, podría interpretar su partida como una oportunidad para refrescar ideas y apostar por una nueva etapa, sobre todo si se piensa que mantener un mismo proyecto demasiado tiempo puede llevar a la complacencia.

En el norte, la grada de Rayados probablemente reciba con ilusión la posibilidad de incorporar a un dirigente con este historial. Tras temporadas de promesas incumplidas y proyectos que no terminan de cuajar, la llegada de alguien asociado directamente con títulos suena a cambio de época. Sin embargo, también habría presión inmediata: a Baños se le exigiría replicar el éxito casi desde el primer torneo.

A corto plazo, la clave serán los tiempos contractuales y las decisiones que se tomen en América con la reestructuración encabezada por Reveter. Si el club azulcrema decide retener a Baños y ofrecerle un nuevo rol o una extensión, Rayados tendría que buscar alternativas. Si, por el contrario, en Coapa optan por una renovación profunda, el camino quedaría despejado para que el dirigente cambie de aires.

Lo único seguro por ahora es que el nombre de Santiago Baños ha dejado de ser solo el del director deportivo del América para convertirse en una de las piezas más codiciadas del tablero directivo de la Liga MX. Monterrey ya lanzó el primer guiño, América analiza su reordenamiento interno y Emilio Azcárraga tendrá la última palabra sobre si permite que uno de los «culpables» del tricampeonato termine sentado en la silla directiva de Rayados.