«Nuestro objetivo es instalarnos en el Top 10 mundial»: Davino insiste en que México necesita más jugadores en Europa
El Director Deportivo de Selecciones Nacionales, Duilio Davino, dejó clara la ruta que visualiza para el futuro del futbol mexicano. En una amplia conversación en los estudios de ESPN con Álvaro Morales, el directivo detalló cuáles son las metas para el próximo Mundial y qué cambios estructurales considera indispensables para que la Selección Mexicana realmente dé un salto de calidad.
A diferencia de otros procesos en los que el discurso se centraba en «llegar al famoso quinto partido», Davino elevó la vara: el plan es colocar a México entre las 10 mejores selecciones del mundo y sostenerse ahí de forma permanente. No se trata solo de un buen torneo como anfitriones en 2026, sino de consolidar al Tri como una potencia constante en el ranking y en las grandes competencias.
De cara a la Copa del Mundo en la que México será uno de los países sede, Davino subrayó que la referencia inmediata es lo ocurrido en Qatar 2022, un torneo que calificó implícitamente como un fracaso. El equipo no superó la fase de grupos y rompió una racha histórica de clasificaciones consecutivas a octavos de final. Según el directivo, ese precedente obliga a replantear la exigencia y a diseñar un plan más ambicioso.
En este contexto, recordó que la Selección Mexicana afrontará pronto duelos clave de preparación. Este sábado se medirá a Portugal, un rival de élite que servirá como termómetro para saber en qué nivel se encuentra el Tri. Después, el 11 de junio, llegará el debut frente a Sudáfrica en el Estadio Banorte, un escenario que se presenta como el inicio simbólico de la nueva etapa rumbo al Mundial.
Para Davino, sin embargo, limitar el análisis al Mundial de 2026 sería quedarse corto. Aclaró que terminar entre los mejores 10 de esa Copa del Mundo no es un fin en sí mismo, sino el punto de partida de una aspiración más amplia: convertir a México en una selección establemente competitiva, capaz de pelear de tú a tú con las grandes potencias en cualquier torneo y en cualquier contexto.
Al hablar de los últimos años del Tri, el Director Deportivo repasó los procesos de los técnicos anteriores a la llegada de Javier Aguirre. Recordó resultados, estilos de juego y las lecciones que dejaron esos ciclos, dejando entrever que el diagnóstico actual no solo parte de Qatar 2022, sino de un periodo más largo en el que México se ha estancado en los mismos límites competitivos.
Uno de los mensajes clave de Davino fue la relación entre los objetivos deportivos y la exportación de talento. Fue directo: para aspirar a estar en el Top 10 mundial, el futbol mexicano necesita incrementar de manera significativa la cantidad de jugadores compitiendo en Europa. En su visión, el roce semanal con ligas más intensas y exigentes es un requisito indispensable para acortar la distancia con las selecciones que hoy dominan el panorama internacional.
Esa insistencia no es casual. Históricamente, los mejores momentos del Tri han coincidido con generaciones que tenían un núcleo importante de futbolistas en clubes europeos. Davino dejó entrever que uno de los retos del proyecto es convencer a clubes y jugadores de apostar por salidas tempranas, incluso a ligas de media tabla en Europa, como paso natural para fortalecer el nivel promedio de los seleccionados.
El directivo también fue cuestionado sobre la presión añadida que supone ser anfitrión. Después del fracaso en Qatar, muchos aficionados consideran que jugar en casa en 2026, con un formato ampliado de la Copa del Mundo, casi obliga a llegar como mínimo a los cuartos de final, lo que popularmente se conoce como «el quinto partido». Davino coincidió en que ese escenario es el mínimo deseable, pero insistió en que el verdadero éxito será instalarse de forma duradera en la élite.
Terminar entre los ocho o diez mejores del torneo implicaría, en la práctica, alcanzar una ronda que México no pisa desde hace casi cuatro décadas. La última vez que el Tri llegó a cuartos de final fue en México 86, también como anfitrión. Romper esa barrera en 2026 tendría un valor simbólico enorme, pero Davino recalcó que no quiere que se trate de un logro aislado ni de una «hazaña de una sola vez».
Otro de los temas que dominaron la charla con Álvaro Morales fue la figura de Guillermo Ochoa. El periodista, fiel a su estilo confrontativo, cuestionó si el guardameta está realmente en condiciones de seguir defendiendo la portería del Tri y de encaminarse a un sexto Mundial, un registro histórico para un futbolista mexicano.
Davino tomó distancia del ruido mediático y aclaró que él no elabora las listas de convocados, pero defendió el peso y la trayectoria de Ochoa. Recordó que en México se ha cuestionado incluso a figuras como Hugo Sánchez o Javier «Chicharito» Hernández, y preguntó qué fundamentos reales hay para afirmar que el arquero no está en buen nivel. Para el directivo, Ochoa sigue ofreciendo atributos que no todos los porteros pueden aportar, especialmente en escenarios de alta presión.
La discusión sobre Ochoa abrió la puerta a un tema más amplio: la gestión de las «vacas sagradas» y el relevo generacional. Davino admitió que la Selección debe encontrar el equilibrio entre la experiencia de jugadores con largo recorrido y la irrupción de nuevas figuras, muchas de ellas aún en proceso de consolidación. Sostuvo que el objetivo no es borrar de golpe a los referentes, sino integrarlos en una estructura que prepare a los jóvenes para asumir responsabilidades mayores.
En este sentido, el directivo apuntó que no basta con que aparezcan talentos prometedores en la liga local; es necesario que esos jugadores tengan minutos de calidad, compitan por títulos y, eventualmente, den el salto a entornos más competitivos. Solo así, según su visión, el Tri podrá contar con una base amplia de futbolistas capaces de sostener un nivel Top 10 en el tiempo, y no solo en un torneo concreto.
Davino también se refirió a la importancia de tener procesos técnicos más estables. Recordó que los constantes cambios de entrenador en ciclos recientes han afectado la continuidad de ideas y la consolidación de un estilo propio. Con la llegada de Javier Aguirre, el plan es respetar una línea de trabajo clara, con objetivos definidos y evaluaciones periódicas, evitando decisiones precipitadas condicionadas por uno o dos resultados adversos.
Otro aspecto que el dirigente puso sobre la mesa es la necesidad de alinear a todas las categorías de Selecciones Nacionales bajo una misma visión. Desde las juveniles hasta la mayor, el modelo de juego, la metodología de trabajo físico y la formación táctica deben estar conectados. De esa manera, cuando un jugador ascienda de una categoría a otra, se encontrará con conceptos ya asimilados, lo que acelera la integración y eleva el nivel competitivo general.
El hecho de ser uno de los países sede en 2026 implica también responsabilidad institucional. Davino subrayó que el Mundial en casa debe dejar algo más que infraestructura o recuerdos emotivos: tiene que impulsar una reforma profunda del futbol mexicano. Eso incluye revisar calendarios, formatos de competencia, reglas de extranjeros, así como fortalecer fuerzas básicas y el trabajo con entrenadores nacionales, para que el talento no se pierda en el camino.
Finalmente, el Director Deportivo remarcó que alcanzar y mantenerse en el Top 10 no es una promesa ligera ni un eslogan publicitario. Se trata de un compromiso que exigirá decisiones impopulares, inversiones a largo plazo y una mentalidad distinta en jugadores, clubes y directivos. Si el proyecto consigue que más futbolistas compitan en Europa, que la liga local sea un entorno más formativo y que la Selección consolide un estilo reconocible, entonces, dice Davino, el famoso «quinto partido» dejará de ser una obsesión para convertirse en un peldaño más dentro de metas mucho más altas.