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Error millonario de andré jardine que golpea las finanzas del club américa

El error millonario de André Jardine que golpea las finanzas del Club América

La salida de André Jardine marcó el cierre de una etapa ganadora en Coapa, pero también dejó tras de sí decisiones deportivas que hoy se traducen en pérdidas económicas para el Club América. La directiva ya mira hacia adelante con Guillermo Almada al mando, aunque todavía debe asumir las consecuencias de algunos fichajes realizados bajo la gestión del estratega brasileño, en especial el de Rodrigo Dourado.

Con el nombramiento de Almada, las Águilas han iniciado un proceso de reconstrucción que va más allá del banquillo. El nuevo técnico, conocido en el futbol mexicano por su estilo intenso y ofensivo, busca armar un plantel que se ajuste a su idea de juego, tal como lo hizo en su momento con Pachuca y Santos Laguna, donde demostró su capacidad para convertir equipos competitivos en protagonistas constantes.

Actualmente, el conjunto azulcrema se encuentra concentrado en Marbella, España, realizando su pretemporada bajo las órdenes del uruguayo. Este trabajo en territorio europeo está enfocado en llegar al máximo nivel al Apertura 2026, torneo en el que el América no solo tiene la obligación histórica de pelear por el título, sino también de reafirmar su dominio en la Liga MX tras el ciclo exitoso que dejó Jardine.

Sin embargo, no todos los jugadores que formaban parte del proyecto anterior tienen cabida en los planes de Almada. Uno de los casos más representativos es el de Rodrigo Dourado, mediocampista brasileño que aterrizó en Coapa como uno de los últimos refuerzos solicitados por Jardine y que, pese a la expectativa generada, nunca terminó de consolidarse en el equipo.

Dourado, quien llegó con cartel de futbolista confiable para darle equilibrio al mediocampo, se ha quedado fuera de la pretemporada que América realiza en Marbella. El hecho de que no haya sido considerado para este trabajo previo al torneo es una señal clara de que el nuevo cuerpo técnico no lo contempla como pieza importante en el proyecto para el Apertura 2026.

La situación del brasileño no solo representa un problema deportivo, sino también económico. El club realizó una inversión significativa para hacerse con sus servicios y ahora se ve obligado a escuchar ofertas con tal de minimizar el impacto financiero. El valor de mercado del jugador ronda los 2.5 millones de dólares, pero en Coapa asumen que difícilmente podrán recuperar la totalidad de lo invertido.

La intención de la directiva sería concretar una operación cercana a los 1.5 millones de dólares, cifra que permitiría liberar salario y abrir espacio en la plantilla para un refuerzo que sí encaje en la idea de Almada. No obstante, incluso en el mejor de los escenarios, América estaría resignándose a perder alrededor de un millón de dólares respecto a la inversión original realizada por un futbolista que jamás logró cumplir con las expectativas generadas a su llegada.

Ese es, precisamente, el «pecado» de la etapa de André Jardine: haber impulsado un fichaje que, a corto plazo, no ofreció el rendimiento esperado y que ahora obliga al club a asumir una depreciación considerable. Deportivamente, Dourado nunca terminó de adueñarse de la contención ni de ofrecer la regularidad necesaria para convertirse en un indiscutible. Económicamente, su salida anticipada implica asumir una pérdida que pudo evitarse con una planeación más fina.

La situación de Dourado también expone un problema recurrente en la Liga MX: la poca paciencia con ciertos refuerzos y la falta de continuidad en los proyectos. Un técnico elige a un jugador, la directiva hace una fuerte inversión, pero cuando cambia el cuerpo técnico, muchos de esos futbolistas dejan de tener lugar, generando un círculo de compras y ventas con pérdidas constantes para los clubes. América, pese a su poderío financiero, no es ajeno a este fenómeno.

En el caso de Jardine, su legado deportivo es innegable. Durante su estancia en el banquillo azulcrema, consiguió seis títulos que consolidaron al club como la principal potencia del futbol mexicano en su periodo. Esa etapa dorada incluyó campeonatos que reforzaron la imagen del América como institución ganadora, acostumbrada a disputar finales y levantar trofeos. En lo estrictamente deportivo, el balance del brasileño fue sumamente positivo.

Sin embargo, el éxito no lo exime de algunos errores en la conformación de la plantilla. La apuesta por Dourado parecía lógica sobre el papel: un mediocampista con experiencia, recorrido internacional y condiciones para aportar equilibrio en la zona baja. Pero entre la adaptación al futbol mexicano, las lesiones y la competencia interna, el brasileño nunca se convirtió en el pilar que Jardine imaginaba.

Este tipo de decisiones pone en evidencia lo delicado que es el mercado de fichajes para un club de la magnitud del América. No se trata solo de contratar nombres llamativos, sino de asegurar que encajen en el sistema del entrenador, en la cultura del vestidor y en las necesidades reales del equipo. Cuando esos elementos no coinciden, el margen de error se reduce y cualquier desacierto se traduce en un golpe económico.

Para Guillermo Almada, el caso de Dourado funciona como una advertencia temprana. El nuevo técnico deberá ser extremadamente selectivo con los refuerzos que solicite, ya que la directiva está obligada a cuidar su presupuesto y a evitar que se repita la historia de invertir fuerte en un jugador que, en cuestión de meses, termina en la lista de transferibles con una depreciación evidente.

En el plano estratégico, América parece decidido a ajustar su política de contrataciones. La idea sería apostarle a futbolistas que, además de responder en lo inmediato, representen activos con potencial de reventa. Es decir, jugadores jóvenes o en plenitud, con margen de crecimiento, que puedan dejar tanto rendimiento deportivo como plusvalía económica en el mediano plazo. El caso Dourado, por el contrario, ejemplifica un fichaje de riesgo que no generó retorno ni en la cancha ni en las finanzas.

Otro aspecto que pesa en Coapa es la presión permanente de la afición. El americanismo exige resultados inmediatos, lo que en ocasiones empuja a la directiva a tomar decisiones apresuradas en el mercado, especialmente tras la salida de figuras o cambios en el cuerpo técnico. En este contexto, los refuerzos pedidos por un entrenador que ya no está pueden convertirse rápidamente en «sobrantes» del plantel, incluso si aún no tuvieron el tiempo suficiente para consolidarse.

Mientras América busca acomodo para Dourado, André Jardine ya tiene definido su nuevo destino. De acuerdo con reportes recientes, el estratega brasileño continuará su carrera en el futbol de Emiratos Árabes Unidos, donde asumirá la dirección técnica de uno de los clubes más importantes de ese país, el Shabab Al Ahli. Se trata de un reto distinto, en un entorno menos mediático que el mexicano, pero con recursos económicos considerables y altas expectativas deportivas.

El salto al balompié árabe le permitirá a Jardine trabajar con un tipo de plantilla diferente, con extranjeros de diversas nacionalidades y una estructura donde el aspecto financiero suele tener un peso relevante. Su experiencia en México, donde convivió con la presión de dirigir a un gigante como el América, podría ayudarle a manejar mejor la exigencia de competir por títulos en un proyecto que también demanda resultados inmediatos.

Paradójicamente, mientras Jardine inicia un nuevo capítulo lejos de México con un historial de éxitos en su currículum, en Coapa aún se calculan los costos de algunas de sus decisiones. Su lista de títulos con las Águilas quedará en la memoria de la afición, pero también lo harán ciertos movimientos que, vistos a la distancia, resultaron poco rentables para las finanzas del club.

De cara al Apertura 2026, el desafío del América es doble: reconstruir un plantel competitivo que responda al estilo ofensivo y dinámico de Almada, y al mismo tiempo ajustar su modelo de gestión deportiva para reducir al mínimo los errores en el mercado. En un club con la obligación permanente de ser campeón, cada fichaje debe ser analizado no solo por lo que aporta en la cancha, sino por el impacto que puede dejar en el balance financiero.

El «pecado» de Jardine con el fichaje de Rodrigo Dourado no borra los campeonatos ni el ciclo exitoso que vivió el equipo bajo su mando, pero sí funciona como una lección costosa para la institución. América sabe que, si quiere mantenerse en la élite de la Liga MX y competir con solvencia también a nivel internacional, no puede permitirse con frecuencia este tipo de pérdidas millonarias por jugadores que nunca terminan de encajar.