Patología específica del codo y la muñeca en el tenis

How to choose the best tennis overgrip and grip size to protect your joints

Por qué el grosor de la empuñadura importa más de lo que crees


Muchos jugadores piensan que las lesiones de codo o muñeca vienen solo por pegar fuerte o por una mala técnica, pero el grosor de la empuñadura manda más de lo que parece. Una empuñadura demasiado fina te obliga a cerrar la mano con más fuerza, sobrecargando dedos, antebrazo y epicóndilo; una muy gruesa bloquea la muñeca, resta sensibilidad y te obliga a compensar con el hombro. El truco está en encontrar el punto medio donde sujetas firme, pero sin apretar, manteniendo la mano relajada. Ahí es donde el overgrip y el grip trabajan como un “amortiguador” entre la pala y tus articulaciones, reduciendo microimpactos y tensión repetitiva que, al final, se convierten en tendinitis.

Caso real: mismo jugador, dos empuñaduras, dos codos distintos


Imagina un jugador de nivel intermedio que arrastra molestias crónicas de epicondilitis. Cambia de pala, cuida la técnica, hace ejercicios… y el dolor vuelve a las tres semanas. En una revisión más detallada, el fisio detecta que la base de la pala es muy fina para el tamaño de su mano; al medir el perímetro se ve que está casi una talla por debajo de lo recomendable. Se decide aumentar el grosor con un overgrip acolchado para proteger articulaciones en pádel, y además se ajusta la manera de sujetar la pala, evitando el agarre “de muerte”. En un mes, con mismo volumen de juego, el dolor baja drásticamente. No fue la potencia, ni la pala “mágica”: fue simplemente adaptar el grosor a su mano real.

Cómo saber qué tamaño de grip te corresponde sin complicarte la vida


Hay mil métodos “de laboratorio” para decidir qué tamaño de grip necesito en pádel para prevenir lesiones, pero te propongo un enfoque práctico. Coloca la pala en empuñadura continental, cierra la mano con naturalidad y fíjate en el hueco entre la punta de los dedos y la base del pulgar. Si no cabe casi nada, falta grosor; si caben de sobra dos dedos más, te has pasado. Otro truco rápido: con los ojos cerrados, cambia entre dos empuñaduras de distinto grosor y quédate con aquella con la que puedes hacer swings suaves sin sentir la mano tensa. Hazlo después de calentar, no en frío, porque la percepción cambia mucho cuando ya llevas media hora en pista y el antebrazo empieza a fatigarse.

Cómo elegir overgrip y grip de pádel según la mano y tu historial de lesiones


No es lo mismo elegir empuñadura para una mano grande y fuerte que para una pequeña y con antecedentes de tendinitis. Cuando te plantees cómo elegir overgrip y grip de pádel según la mano, piensa en tres variables: tamaño, fuerza y lesiones previas. Manos grandes que se lesionan poco suelen tolerar algo más de grosor sin perder sensibilidad. Manos pequeñas o con poca fuerza necesitan un punto de equilibrio mayor: si el grip es enorme, terminarán apretando la pala desde el hombro. Si ya has tenido problemas en codo o muñeca, prioriza comodidad sobre sensación de “mano desnuda”; perderás un poco de tacto, pero ganarás años de juego sin dolor crónico.

Overgrip pádel para evitar lesiones articulaciones: lo que casi nadie te cuenta


Cuando se habla de overgrip pádel para evitar lesiones articulaciones, casi siempre se reduce el tema a “más blando es mejor”. No es tan simple. Un overgrip muy blando y grueso puede aislar tanto la vibración que pierdas información de la bola y empieces a forzar más la muñeca para “sentir” el golpe. Por el contrario, uno muy fino y denso transmite todo impacto al antebrazo, pero te da mucho control. La clave está en combinar la base del grip con uno o dos overgrips de densidades distintas: el primero para definir el grosor deseado y el segundo para ajustar la amortiguación. Jugar con esta combinación vale más que cambiar de pala cada temporada solo por modas.

Mejor grosor de empuñadura pádel para codo y muñeca: enfoques opuestos


Hay dos escuelas claras. La primera defiende el mejor grosor de empuñadura pádel para codo y muñeca ligeramente más grueso, para reducir la necesidad de cerrar la mano a tope y repartir mejor la carga en el antebrazo. La segunda apuesta por un grosor algo menor, para favorecer una muñeca suelta y un juego más técnico. ¿Quién tiene razón? Depende de tu patrón de golpeo. Si tiendes a bloquear la muñeca y pegar “de brazo”, un poco más de grosor te ayudará a relajar dedos y codo. Si eres de muñeca viva, bandejas con mucho efecto y toques finos, quizá prefieras un diámetro algo menor, siempre y cuando no te obligue a apretar demasiado en voleas defensivas o salidas de pared forzadas.

No tan obvio: usar el grosor para corregir defectos técnicos


Un ajuste inteligente del grosor puede ayudarte a corregir vicios de técnica sin que te des cuenta. Jugadores que tienden a “estrangular” la pala suelen mejorar al aumentar medio punto de grosor, porque la sensación de llenado en la mano invita a sujetar más suave. Al revés, quien tiene la mano demasiado suelta y pierde la pala en golpes rápidos puede beneficiarse de un grip un poco más fino que exija un cierre más consciente. No es magia, pero sí una forma silenciosa de guiar a tu cuerpo hacia un gesto más eficiente. Eso sí, nunca uses el grosor como excusa para no trabajar técnica con un entrenador: piensa en él como un refuerzo que facilita el cambio, no como solución única.

Alternativas: plantillas, cintas y ajustes fuera del mango


Si ya has tocado el grosor y sigues con molestias, hay métodos paralelos que pueden marcar la diferencia. Muchas veces, un problema de muñeca en pádel nace en los pies: cambiar a unas plantillas que mejoren tu apoyo reduce el estrés en rodillas y cadera, y eso modifica la cadena hasta el codo. También hay quien envuelve parte del puño más arriba, creando un pequeño escalón que limita cuánto se cierra la mano y reduce el rango de giro de la muñeca. Otros jugadores lesionados utilizan cintas de kinesiología o coderas ligeras para repartir carga mientras se adaptan al nuevo grip. No sustituyen al ajuste de empuñadura, pero sí lo complementan, y juntos suman más que cualquiera por separado.

Overgrip acolchado y densidad: pensando como un profesional


Los jugadores de élite rara vez usan el primer overgrip acolchado que encuentran. Prueban densidades, texturas y absorción de sudor hasta encontrar su pareja ideal. Si sudas mucho, necesitarás un material con buena adherencia, porque resbalar mínimamente te obliga a apretar de más, y ahí empiezan las sobrecargas. Un truco profesional es combinar un overgrip algo más mullido en verano, cuando la pista y las bolas están rápidas, y uno más firme en invierno, para recuperar algo de sensaciones en un juego más lento. Cambiar el overgrip antes de que se “aplane” también es clave: cuando pierde volumen y agarre, sin darte cuenta aumenta el impacto real sobre tus articulaciones.

Comparando estrategias: técnica, pala o empuñadura primero


A la hora de prevenir lesiones, hay tres caminos típicos: obsesionarse con la técnica, cambiar de pala o ajustar empuñadura. Solo centrarse en la técnica funciona en el largo plazo, pero si sigues pegando con un mango inadecuado, el cuerpo no descansa nunca. Cambiar de pala puede ayudar, pero si el mango viene de fábrica demasiado fino o grueso para tu mano, repetirás la misma historia con un diseño más caro. Ajustar el grip es, en cambio, barato, reversible y de impacto inmediato: modificas cómo se distribuyen las fuerzas en codo y muñeca desde el primer entrenamiento. Lo óptimo es combinar los tres: primero adaptar grosor, luego retocar técnica con menos dolor y, por último, elegir la pala que mejor encaje en ese conjunto.

Cerrar el círculo: un protocolo sencillo para tu siguiente sesión


En tu próximo entreno, no cambies todo a la vez. Llegar a la pista, calentar bien y dedicar diez minutos solo a experimentar con distintos grosores te dará más información que cien opiniones en internet. Lleva dos o tres overgrips diferentes, prueba combinaciones y pregúntate después de cada serie: ¿cómo está mi mano?, ¿siento el antebrazo cargado?, ¿puedo relajar la muñeca sin miedo a que se gire la pala? Quédate con la opción que te permita golpear fluido, sin apretar y con sensación de control. Desde ahí, sí tiene sentido hablar de modelos de pala, cambios de peso o de balance. Empieza siempre por la interfaz más simple: lo que une tu cuerpo con la pala es la empuñadura; si ese eslabón falla, el resto de ajustes se quedan cojos.