«No sé cómo le van a atacar a Sudáfrica»: Álvaro Morales explota contra Javier Aguirre en la antesala del Mundial 2026
La cercanía del Mundial 2026 ha encendido el debate en los programas deportivos, y el desempeño de la Selección Mexicana se ha convertido en el tema recurrente de análisis, pronósticos y críticas. En este contexto, Álvaro Morales volvió a colocarse en el centro de la polémica al lanzar duras declaraciones contra Javier «Vasco» Aguirre, actual técnico del Tri, cuestionando tanto su discurso como sus decisiones rumbo a la Copa del Mundo que se disputará en México, Estados Unidos y Canadá.
Durante la más reciente edición de Futbol Picante, la mesa estuvo integrada por Javier Alarcón, Ricardo Peláez, Desiree Monsivais, Ricardo Puig y el propio Morales. El comentarista, conocido como el «Brujo», no se guardó nada al analizar las palabras que Aguirre había ofrecido horas antes, en la antesala de la convocatoria para el partido amistoso del 25 de febrero en el Estadio La Corregidora de Querétaro, donde México enfrentará a Islandia.
El punto más álgido de la intervención de Morales llegó cuando se refirió al partido inaugural del Mundial 2026, en el que México debutará frente a la selección de Sudáfrica en el Estadio Ciudad de México, nombre que ahora recibe el histórico inmueble antes conocido como Estadio Azteca y más recientemente como Estadio Banorte. «Yo no sé cómo le van a atacar a Sudáfrica», sentenció, evidenciando su preocupación por la falta de claridad táctica del Tri.
Morales puso el foco en el estilo de juego del conjunto sudafricano: un equipo que, según él, concede muy pocos disparos a puerta, que no se desborda al ataque, pero que suele ser contundente con las pocas oportunidades que genera. «¿Cómo van a abrir esos espacios? Es uno de los equipos que permiten menos disparos. No les interesa atacar, pero las poquitas que tiene las termina y las ejecuta», apuntó. Para sustentar su argumento, recordó el reciente partido de Sudáfrica contra Corea del Sur, usando ese duelo como ejemplo de la peligrosidad y orden defensivo del rival que se le viene a México en el arranque mundialista.
Desde su perspectiva, el problema no es solo el rival, sino la manera en que Javier Aguirre ha leído y planteado partidos similares. «En el partido pasado contra Corea del Sur, ¿cómo le fue?, ¿cómo lo leyó Javier?, del carajo», lanzó Morales, sin matices, aludiendo a un análisis táctico deficiente y a una aparente falta de respuestas desde el banquillo.
La crítica no se quedó únicamente en el terreno futbolístico. Morales también atacó la coherencia del discurso del «Vasco». «Nunca había visto a un Director Técnico que se contradijera tan rápido», afirmó. Según el analista, Aguirre lució nervioso en sus declaraciones recientes y cayó en una contradicción casi inmediata: «En 1.3 segundos, Javier Aguirre se contradice. Dice: ‘estoy ocupado en la rehabilitación’, y luego ‘la selección no es para rehabilitar’. No, rapidísimo, rapidísimo». Para Morales, estas frases retratan un mensaje confuso de parte del estratega, que debería proyectar firmeza y claridad en plena etapa de preparación mundialista.
El comentarista fue más allá y vinculó el discurso de Aguirre con las metas institucionales marcadas por la dirigencia del futbol mexicano. Recordó las declaraciones de Ivar Sisniega, alto directivo de la Federación Mexicana de Futbol, quien recientemente reiteró que el objetivo del Tri en 2026 son los cuartos de final, y que el cuerpo técnico está plenamente consciente de esa meta. «Eso, señor Aguirre, ¿usted está de acuerdo o no?», cuestionó Morales, recalcando que la afición merece saber si el entrenador comparte esa ambición o si su enfoque es distinto.
Detrás de estas críticas subyace un tema de fondo: la exigencia hacia un proceso que se desarrolla en casa, con la presión añadida de jugar como anfitrión. Para muchos analistas, no basta con clasificar o competir con dignidad; se espera que México, al menos, rompa su histórica barrera de octavos de final. Desde esa óptica, cualquier signo de duda, contradicción o falta de rumbo en el mensaje del técnico es visto como una alarma temprana.
Otro de los puntos que encendió el debate fue la posible convocatoria de Guillermo Ochoa para lo que sería su sexto Mundial. Morales puso en tela de juicio la pertinencia de mantener al veterano guardameta como una pieza fija en las listas del Tri, argumentando su bajo rendimiento reciente en la liga de Chipre. Según su análisis, el nivel actual de Ochoa no justifica la etiqueta de indiscutible, especialmente cuando hay otros porteros mexicanos buscando una oportunidad.
El «Brujo» insinuó además que, a lo largo de los años, la presencia de Ochoa en varias convocatorias mundialistas ha estado, en cierta medida, «impuesta» o protegida, más allá del momento futbolístico. Aseguró que existen antecedentes en los que el arquero habría sido favorecido por encima de otras alternativas, alimentando la percepción de jerarquías intocables dentro de la selección nacional.
Este señalamiento reabre un debate recurrente: ¿debe la selección renovarse de manera más agresiva antes de una Copa del Mundo en casa? Para algunos, la experiencia de jugadores como Ochoa es invaluable en momentos de máxima presión. Para otros, esa misma experiencia no puede ser el único argumento cuando el rendimiento en club no respalda su presencia como titular, ni mucho menos como figura intocable.
El caso Ochoa se cruza directamente con la evaluación del trabajo de Aguirre. Si el estratega opta por conservar la vieja guardia, será acusado de apostar por nombres y jerarquías; si, en cambio, decide dejar fuera a figuras históricas, se le exigirá que los reemplazos estén a la altura del reto. En cualquiera de los dos escenarios, la forma en que gestione este tipo de decisiones marcará su relación con la opinión pública y con el propio vestidor.
En lo táctico, otro cuestionamiento que se desprende de las palabras de Morales gira en torno a la manera de enfrentar a selecciones como Sudáfrica, que se caracterizan por un bloque defensivo compacto, orden en su zona baja y ataques esporádicos pero letales. Enfrentar a un rival así implica mucho más que tener la posesión del balón: exige creatividad para romper líneas, movimientos coordinados entre volantes y delanteros, y máxima concentración para no regalar contragolpes.
La afición mexicana se pregunta si el Tri será capaz de asumir con madurez ese rol de equipo protagonista, especialmente en un partido inaugural, donde el peso de la presión suele ser enorme. Jugar como local en un estadio icónico y con la mirada del mundo encima puede convertirse en impulso o en carga. Y es precisamente en esa delgada línea donde el planteamiento de Aguirre será diseccionado por analistas como Morales.
Además, el amistoso frente a Islandia en Querétaro aparece como una primera prueba interesante, no tanto por el rival en sí, sino por las señales que el técnico envíe en su lista de convocados y en su once inicial. Se observará si opta por «rehabilitar» a jugadores veteranos que llegan con dudas, o si abre espacio a futbolistas en mejor momento, aunque no tengan tanto recorrido con la selección. Cada decisión será interpretada como un anticipo de cómo piensa encarar el Mundial.
La discusión sobre la congruencia del discurso de Aguirre también toca un aspecto sensible: la comunicación hacia el grupo de jugadores. Un entrenador que dice que la selección «no es para rehabilitar» pero al mismo tiempo convoca a futbolistas que atraviesan malas rachas envía mensajes contradictorios. Esa ambigüedad puede generar incertidumbre entre los que se sienten en mejor nivel, pero menos respaldados por el peso del nombre o la trayectoria.
Por otra parte, la exigencia de llegar a cuartos de final impone una planeación minuciosa. No se trata solo de motivación o de voluntad, sino de construcción de un equipo con idea clara, automatismos en el campo y una base estable de titulares complementada con suplentes que entiendan el sistema. Críticos como Morales enfatizan que, a estas alturas del proceso, debería percibirse ya una línea táctica definida, algo que, a su juicio, todavía no aparece con nitidez.
La polémica alrededor de la selección en realidad refleja un malestar acumulado con los fracasos recientes en distintas competiciones. Eliminaciones tempranas, títulos perdidos y proyectos que no cuajan han erosionado la confianza de la afición. Por eso, cada palabra de Aguirre y cada análisis de personajes mediáticos adquieren una relevancia mayor: todo se magnifica ante la sensación de que el tiempo se acorta rumbo al Mundial.
Al final, las declaraciones de Álvaro Morales no solo son un ataque frontal al «Vasco», sino también un síntoma del nivel de escrutinio al que estará sometida la selección mexicana de aquí a 2026. Entre dudas tácticas, discusiones sobre la renovación generacional y la sombra de objetivos ambiciosos fijados desde la dirigencia, el Tri se mueve en un escenario de máxima presión, donde la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace será observada con lupa.
Lo único claro por ahora es que cada lista de convocados, cada amistoso y cada conferencia de prensa seguirán alimentando un debate que no se detendrá hasta que el balón ruede en el Estadio Ciudad de México y se sepa, por fin, si este proyecto está a la altura de la expectativa o si las advertencias de voces como la de Morales terminarán por confirmarse.