Ricardo Salinas Pliego causa polémica al «recomendar» llegar en helicóptero a los partidos de México en el Mundial 2026
A pocos días del inicio del Mundial 2026, la Ciudad de México se prepara para una combinación explosiva: obras inconclusas, protestas anunciadas, lluvias intensas y operativos especiales alrededor del Estadio Azteca -rebautizado temporalmente por la FIFA como Estadio Ciudad de México-. En medio de este escenario, el empresario Ricardo Salinas Pliego lanzó una irónica «solución» al caos que se avecina: usar helicóptero para poder llegar a los partidos de la Selección Mexicana.
La sede mexicana del Mundial lleva oficialmente ocho años designada como co-anfitriona del torneo. Sin embargo, ese tiempo no fue suficiente para que las autoridades locales y federales concluyeran las obras de movilidad, infraestructura y remodelación en puntos clave de la capital. Entre los proyectos que quedaron a deber destacan el mejoramiento del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y la renovación de diversas zonas turísticas y viales estratégicas.
A esta falta de planeación se suma otro factor que ha complicado aún más el panorama: las fuertes lluvias registradas a inicios de junio. Los encharcamientos en avenidas principales han provocado un severo caos vehicular, incrementando los tiempos de traslado y generando mayores molestias a los habitantes de la ciudad, justo en la antesala de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.
El clima social tampoco ayuda. Distintos grupos ya anticiparon una serie de manifestaciones durante los días previos al partido inaugural de México ante Sudáfrica, programado para el jueves 11 de junio en el Estadio Ciudad de México. Se prevén marchas, plantones y bloqueos en puntos neurálgicos de la capital, lo que podría paralizar buena parte de la movilidad urbana.
En la red social X, el periodista Mario Di Constanzo difundió un listado de movilizaciones previstas para los días cercanos al arranque de la Copa del Mundo. De acuerdo con esa información, maestros, transportistas, colectivos de madres buscadoras y otras organizaciones sociales planean acciones de protesta en el aeropuerto capitalino, en Paseo de la Reforma, así como en Calzada de Tlalpan -a la altura del Estadio Azteca- y en Periférico. La advertencia es clara: desde el lunes previo al juego inaugural, la ciudad podría convertirse en un auténtico caos.
Fue en este contexto que el dueño de Grupo Salinas reaccionó con un mensaje que combinó sarcasmo, crítica y un toque de provocación. En su cuenta de X, lanzó una «recomendación» que solo un reducido grupo de millonarios podría tomar al pie de la letra: «Les recomiendo ampliamente usar helicóptero durante el mundial para trasladarse». El comentario generó debate inmediato en redes, donde muchos lo interpretaron como una burla hacia la mayoría de los aficionados, que deberán enfrentar el tráfico a ras de suelo.
Salinas Pliego no se quedó únicamente en la sugerencia irónica. En el mismo espacio digital arremetió contra las autoridades, a las que responsabilizó por no haber aprovechado los ocho años de anticipación para preparar adecuadamente a la Ciudad de México. Según el empresario, lo que se presentará al mundo durante el Mundial será una urbe «en obra negra», lejos del estándar internacional que se esperaría de una sede mundialista.
«A pesar de que el Gobierno de México tuvo 8 años para prepararse y modernizar la ciudad, decidió no hacer nada», reprochó. A su juicio, la capital está a punto de colapsar «entre protestas, turistas y Dios nos cuide de que vaya a llover fuerte». Remató su mensaje calificando la situación como «otra oportunidad desaprovechada para nuestro país», subrayando el tono de decepción y tristeza por lo que considera un fracaso en la gestión de esta vitrina global.
Mientras tanto, la FIFA ya tomó el control operativo del Estadio Azteca/Estadio Ciudad de México para la organización de los cinco partidos que se disputarán ahí: tres correspondientes a la Fase de Grupos y dos en rondas de eliminación directa. Como parte de sus protocolos de seguridad y logística, el máximo organismo del futbol implementará un operativo conocido como «La Última Milla».
Este dispositivo establece un perímetro aproximado de 1.609 kilómetros alrededor del recinto -una milla- en el que la circulación vehicular se verá severamente restringida. Se realizarán cortes de tráfico progresivos hacia ese anillo de seguridad y solo se permitirá el acceso a peatones y vehículos autorizados. Incluso, únicamente las personas que cuenten con boleto para el partido podrán acercarse a las inmediaciones del Coloso de Santa Úrsula durante los días de juego.
En consecuencia, vialidades como Periférico Sur, Calzada de Tlalpan y Avenida Panamericana, entre otras, tendrán cierres parciales o totales en distintos horarios. Las autoridades ya han pedido a la población evitar la zona en caso de no tener una razón específica para trasladarse hacia el área del estadio, con el objetivo de reducir al máximo las complicaciones de tránsito.
Para tratar de amortiguar el impacto del colapso vial, el Gobierno Federal decretó Día de Asueto el jueves 11 de junio. La intención es disminuir la carga habitual de vehículos que se mueven por motivos laborales y facilitar la logística alrededor del Mundial 2026, no sólo en la zona del estadio, sino también en corredores de bares y restaurantes, así como en el Ángel de la Independencia, punto tradicional de festejo en caso de triunfo de la Selección Mexicana frente a Sudáfrica.
Más allá de la anécdota del helicóptero, el comentario de Salinas Pliego pone sobre la mesa una discusión de fondo: la brecha entre la experiencia que vivirán las élites económicas y la que enfrentará el aficionado común. Mientras algunos podrán trasladarse en transportes privados, la mayoría dependerá del sistema de movilidad pública y de vías saturadas, sometidas a bloqueos, lluvias y cierres por operativos especiales.
El Mundial 2026 se había vendido como una oportunidad histórica para modernizar la infraestructura urbana de la capital mexicana. Se habló de mejorar conexiones de transporte, optimizar accesos al aeropuerto, rehabilitar corredores turísticos y potenciar la imagen internacional de la ciudad. La realidad, a juzgar por las críticas de diferentes sectores, es que muchas de esas promesas se quedaron en el papel o avanzaron con lentitud insuficiente.
El malestar social que se expresará en las protestas no es casual. Diversos grupos buscan aprovechar la visibilidad global del torneo para dar a conocer sus demandas: desde reclamos laborales hasta exigencias de justicia y búsqueda de personas desaparecidas. El Mundial, lejos de apaciguar tensiones, se ha convertido en una plataforma para amplificar inconformidades que se arrastran desde hace años.
Para los asistentes a los partidos, la recomendación práctica dista mucho de poder «volar» el problema. Las autoridades de protección civil y movilidad suelen insistir en salir con varias horas de anticipación hacia el estadio, utilizar transporte público en la medida de lo posible y planear rutas alternativas considerando los cierres por «La Última Milla». Aun así, el riesgo de retrasos significativos será alto, en especial los días con protestas masivas o tormentas fuertes.
En términos de imagen internacional, el desarrollo de los primeros encuentros será clave. Los ojos del mundo estarán puestos no solo en lo que ocurra dentro de la cancha, sino también en cómo la ciudad responde al reto logístico. Embotellamientos monumentales, videos de turistas atrapados en el tráfico o escenas de confrontaciones en bloqueos podrían empañar la narrativa de México como anfitrión confiable y atractivo.
El sector turístico y comercial también observa con preocupación el escenario. Restaurantes, hoteles, bares y centros de consumo esperaban un repunte importante gracias al flujo de visitantes nacionales y extranjeros. Sin embargo, un caos vial prolongado podría desalentar desplazamientos internos e incluso afectar reservaciones si los aficionados perciben que moverse por la ciudad durante el Mundial será una odisea.
La crítica de Salinas Pliego, aunque cargada de ironía, refleja una percepción compartida por buena parte de la ciudadanía: la sensación de que se dejó pasar una oportunidad de oro para que la Ciudad de México se modernizara y resolviera problemas estructurales de movilidad. En lugar de presumir una transformación profunda, se teme que la ciudad muestre sus carencias justo cuando más atención internacional recibirá.
Al final, el helicóptero del que habla el empresario funciona más como símbolo que como propuesta real: representa la evasión del caos por parte de quienes tienen recursos, mientras el resto deberá enfrentar, a nivel de calle, las consecuencias de años de decisiones tardías o insuficientes. El Mundial 2026, que debía ser motivo de orgullo pleno, llega acompañado de un recordatorio incómodo sobre las desigualdades y las deudas pendientes en la capital del país.
