Corea del Sur vive estos días como si estuviera en su propio país dentro de las instalaciones de Verde Valle. El complejo de entrenamiento de las Chivas se ha transformado en el cuartel general de la selección asiática de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026, y el recibimiento ha sido tan cálido que el club tapatío ya presume orgulloso esta relación. El propietario del Guadalajara, Amaury Vergara, incluso dedicó un mensaje lleno de emoción y orgullo al combinado coreano por elegir la casa del «Rebaño Sagrado» como su base.
Mientras la Selección Mexicana, dirigida por Javier «Vasco» Aguirre, entra en la cuenta regresiva para el duelo inaugural del torneo -a menos de tres días de enfrentar a Sudáfrica de Hugo Broos en el Estadio Ciudad de México, el mítico Estadio Azteca-, otro foco de atención se enciende a cientos de kilómetros, en Guadalajara. Ahí se prepara silenciosamente otro de los protagonistas del Grupo A: Corea del Sur, comandada por Hong Myung-bo.
El calendario marca que, después del partido de apertura entre México y Sudáfrica el jueves 11 de junio, el Estadio Guadalajara albergará el segundo choque del grupo. Chequia, representante de la UEFA y dirigida por Miroslav Koubek, se verá las caras con la selección surcoreana de la AFC. Aunque este encuentro no acapare la misma cantidad de reflectores que el debut del Tricolor, su relevancia deportiva es enorme: del resultado pueden depender las aspiraciones de clasificación de los cuatro integrantes del sector.
La presencia coreana en la casa de las Chivas no se limita a ese compromiso. Una semana más tarde, el mismo escenario vivirá un duelo que puede convertirse en una fiesta total: Corea del Sur contra México, nuevamente en el Estadio Guadalajara. La selección asiática jugará así dos partidos de fase de grupos en el inmueble rojiblanco, lo que ha hecho que Verde Valle se convierta en el corazón de su preparación.
Desde hace varios días, el combinado cuya capital es Seúl se instaló en la llamada «Perla Tapatía». Su campo de concentración se montó en las modernas instalaciones de Verde Valle, un complejo que, tras una profunda renovación, ahora luce como un centro de alto rendimiento de nivel mundial. El campamento coreano cuenta con todo lo necesario: canchas en óptimas condiciones, un gimnasio de primer nivel bajo un domo y vestidores personalizados con las fotografías y los nombres de cada uno de los 26 futbolistas que integran la convocatoria definitiva para el Mundial 2026.
Ese detalle en los vestidores no es casual. El club tapatío se esmeró en que cada jugador surcoreano sienta el espacio como propio, casi como si se tratara de la concentración habitual de su selección en Asia. Ver su rostro y su nombre en la puerta del casillero ayuda a generar pertenencia y comodidad, factores claves en torneos cortos donde cualquier elemento anímico puede marcar diferencias en la cancha.
Amaury Vergara no ocultó su satisfacción por el resultado de meses de trabajo. «Trabajamos durante varios meses para que Verde Valle estuviera a la altura de las mejores instalaciones del mundo, por eso celebro que Corea del Sur se sienta como en casa. Este es un legado que se queda para nuestras Chivas», escribió el dueño del Guadalajara en su cuenta de X. La frase resume dos ideas centrales: por un lado, el orgullo de haber cumplido el objetivo de poner al día la infraestructura del club; por otro, la visión de que esta modernización no es solo para el presente, sino una inversión a largo plazo.
La elección de Verde Valle como base de operaciones de Corea del Sur también es una especie de aval internacional para el proyecto deportivo del Guadalajara. Que una selección mundialista, con jugadores repartidos en las principales ligas del planeta, considere que las instalaciones de un club mexicano están a la altura de las potencias europeas y asiáticas envía un mensaje poderoso al entorno del futbol nacional. No es solo una cuestión de imagen: entrenar diariamente en canchas bien cuidadas, con tecnología actualizada y servicios médicos de alto nivel, puede incidir directamente en el rendimiento.
Para Chivas, recibir a Corea del Sur va más allá del alquiler de un espacio. Es una oportunidad para estrechar lazos con un futbol que ha crecido de forma notable en las últimas décadas. La estructura táctica, la disciplina y el enfoque físico de los coreanos han llamado la atención en múltiples torneos internacionales. El simple hecho de compartir instalaciones permite un intercambio indirecto de metodologías, rutinas y estándares de trabajo que pueden inspirar cambios positivos dentro de la propia institución rojiblanca.
La ciudad de Guadalajara también se beneficia de este «romance» futbolero. La llegada de una selección asiática para instalarse por varias semanas genera movimiento hotelero, restaurantero y turístico, además de un atractivo cultural. No es raro ver aficionados curiosos tratando de seguir los entrenamientos o buscando fotografías con los jugadores cuando se trasladan. La presencia de Corea del Sur contribuye a proyectar a la capital jalisciense como una sede preparada y cosmopolita para albergar eventos de talla global.
Desde el punto de vista deportivo, el hecho de que Corea del Sur dispute dos partidos de fase de grupos en el Estadio Guadalajara permitirá que el equipo se adapte a factores clave: el clima, la altitud, el tipo de cancha y hasta el ambiente de la grada. Entrenar y jugar en el mismo entorno reduce el margen de sorpresa y puede darles una ligera ventaja competitiva frente a rivales que no tienen esa familiaridad con el inmueble.
Para la afición mexicana, la estadía coreana en Verde Valle deja una estampa interesante: ver a un seleccionado nacional extranjero conviviendo con los símbolos del club más popular del país. Los escudos de Chivas, las frases históricas y la iconografía rojiblanca se mezclan con los colores y la identidad de Corea del Sur. Esta superposición de culturas futboleras refleja cómo el Mundial 2026, compartido por varias sedes y países, busca precisamente ese cruce de caminos y estilos.
Otro aspecto que no debe pasarse por alto es el impacto en las fuerzas básicas de Chivas. Los jóvenes canteranos que, aunque sea a la distancia, observan la forma en que entrena una selección mundialista, reciben un ejemplo concreto de profesionalismo y exigencia. Ver cómo se organizan las sesiones, la puntualidad, la seriedad en el calentamiento, la recuperación y la alimentación, puede dejar huella en chicos que sueñan con llegar a la élite.
En términos estratégicos, la presencia de Corea del Sur en territorio tapatío también obliga a la logística del club y de la ciudad a trabajar con estándares de precisión similares a los de un torneo internacional: seguridad, traslados, horarios, atención a medios, manejo de espacios. Esa experiencia acumulada será de gran valor para futuros eventos, partidos internacionales y posibles colaboraciones con otras selecciones o clubes extranjeros.
Finalmente, el mensaje de Amaury Vergara sobre el «legado» que queda para Chivas refleja una intención clara: usar el Mundial como un catalizador para profesionalizar aún más la estructura del club. Las mejoras realizadas para recibir a Corea del Sur no desaparecerán cuando termine el torneo; al contrario, formarán parte del día a día del primer equipo y de las categorías inferiores. Que hoy una selección mundialista se sienta como en casa en Verde Valle puede ser, en unos años, el punto de partida de una etapa en la que el Guadalajara se consolide no sólo como un grande histórico del futbol mexicano, sino como una institución con estándares internacionales sostenidos.
