«Es fantástico»: Trump sale en defensa de Infantino y respalda su continuidad al frente de la FIFA
En medio de uno de los momentos más convulsos para la política del futbol mundial, Gianni Infantino vuelve a ocupar el centro del huracán. El dirigente ítalo-suizo, actual presidente de la FIFA, atraviesa semanas complicadas tras el fracaso de su polémica propuesta para vender parte de los derechos comerciales de la Copa del Mundo de 2030, una iniciativa que prácticamente fue descartada antes de llegar a tomar forma.
La silla presidencial en la FIFA, heredada por Infantino después de la caída de Joseph Blatter, nunca había estado tan inestable. Diversos sectores del futbol internacional lo señalan por falta de transparencia en la toma de decisiones y por dudas en torno a la integridad de sus actos. En este contexto, varias confederaciones de enorme peso han dado un paso al frente para exigir un cambio en la dirigencia del organismo.
Tres pilares de la estructura futbolística global -la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe (Concacaf), la Unión de Asociaciones Europeas de Futbol (UEFA) y la Confederación Asiática de Futbol (AFC)- han manifestado abiertamente su inconformidad con la gestión de Infantino. Desde estos organismos se ha alimentado la idea de que el actual presidente ya no cuenta con la legitimidad suficiente para seguir al mando de la FIFA.
A pesar de esta presión, el dirigente cuenta todavía con apoyos de alto perfil. Entre las federaciones nacionales que se han pronunciado públicamente a su favor destacan la Asociación del Futbol Argentino (AFA) y la Federación Mexicana de Futbol (FMF), que han cerrado filas en torno al líder de la FIFA. Y, en un giro que le da una dimensión aún más política al conflicto, se ha sumado un respaldo inesperado: el del expresidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump.
Trump, que mantiene una fuerte presencia en el debate público global, decidió intervenir en la controversia y salir en defensa de Infantino. Lo hizo a través de su propia plataforma social, donde publicó un mensaje directo a la cúpula del futbol mundial. Para el exmandatario, plantearse siquiera la destitución del máximo dirigente de la FIFA sería un grave error estratégico.
«La FIFA estaría cometiendo un terrible error si, por cualquier razón, siquiera considerara quitar de su puesto al presidente Gianni Infantino», escribió Trump. En su mensaje, no solo respalda la figura del dirigente ítalo-suizo, sino que también lo presenta como un elemento clave en el éxito reciente del organismo.
Trump elogia especialmente la organización de la última Copa del Mundo bajo la batuta de Infantino. «Él es fantástico, ya que dirigió la Copa del Mundo más exitosa de la historia, y lo hizo con un margen de cuatro veces a uno (con la anterior). ¡Si él se va, jamás volverá a ser tan exitosa ni rentable!», remató. Con estas palabras, el exmandatario vincula directamente la figura de Infantino con la bonanza económica y el impacto global del torneo.
Este respaldo no es menor. Por un lado, refuerza el relato del propio Infantino, que ha convertido el crecimiento financiero de la FIFA y la expansión de los torneos en su principal carta de presentación. Por otro, introduce una dimensión claramente geopolítica en la batalla por el control del organismo: no solo se enfrentan federaciones y confederaciones, sino también visiones distintas sobre cómo debe gestionarse el negocio del futbol.
El choque entre quienes piden su salida y quienes exigen continuidad refleja un debate de fondo. Sus detractores muestran preocupación por la concentración de poder en la figura del presidente y por proyectos que, a su juicio, priorizan el beneficio económico inmediato por encima del equilibrio deportivo y el respeto a las federaciones más pequeñas. En este bloque crítico tienen un peso determinante la UEFA y la AFC, que consideran que ciertas propuestas de Infantino han tensado al límite la estructura del calendario internacional y la distribución de recursos.
Por el lado contrario, las federaciones que lo respaldan subrayan los números récord de audiencias, ingresos y patrocinios alcanzados en los últimos años. Además, destacan que bajo su presidencia se han ampliado los cupos en la Copa del Mundo, lo que abre la puerta a más países y, en teoría, democratiza el acceso al escenario futbolístico más prestigioso. Para asociaciones como la AFA y la FMF, esa expansión representa una oportunidad histórica de consolidar proyectos deportivos y comerciales de largo plazo.
La fallida propuesta relacionada con la venta de parte de los derechos del Mundial 2030 se ha convertido en el símbolo de esta tensión. Sus críticos la veían como una cesión excesiva de activos estratégicos a fondos externos, con riesgos a futuro para la autonomía de la FIFA y la distribución equitativa de los beneficios. Sus defensores, en cambio, argumentaban que era una forma de asegurar recursos inmediatos para programas de desarrollo y nuevas competiciones en todo el planeta.
El apoyo de Trump, además, se enmarca en un contexto en el que el futbol se entrelaza cada vez más con la política y la economía global. La Copa del Mundo ha dejado de ser solo un evento deportivo: es una vitrina de poder blando, una herramienta diplomática y un negocio multimillonario. Que una figura política de alto perfil se pronuncie de manera tan abierta refuerza la idea de que la elección -o continuidad- del presidente de la FIFA tiene implicaciones que van mucho más allá del terreno de juego.
Estados Unidos, que será uno de los países anfitriones del Mundial de 2026 junto a México y Canadá, también tiene un interés directo en la estabilidad de la FIFA. Para muchos analistas, la postura de Trump busca enviar el mensaje de que un cambio abrupto en la dirigencia, en plena fase de preparación de la Copa del Mundo, podría complicar la organización y restar certidumbre a socios comerciales y patrocinadores. Desde esta óptica, mantener a Infantino sería sinónimo de continuidad en los acuerdos ya firmados.
No obstante, esa visión choca con la preocupación de quienes reclaman una reforma profunda en los mecanismos de gobernanza del organismo. Los críticos sostienen que, sin cambios de fondo en la cúpula, será difícil avanzar hacia una FIFA más transparente, con controles internos más sólidos y mayor participación de las federaciones en las decisiones clave. De ahí que organizaciones como UEFA y la AFC insistan en que no se trata solo de números récord, sino de credibilidad institucional.
En el trasfondo late una pregunta clave: ¿debe prevalecer el argumento de la rentabilidad y el éxito comercial, o es el momento de priorizar la regeneración ética y el equilibrio de poder entre confederaciones? La respuesta no es sencilla. Infantino personifica, para unos, la modernización y expansión del negocio del futbol; para otros, una continuidad de prácticas opacas que ya provocaron crisis anteriores en la FIFA.
Lo que sí parece claro es que el debate no se cerrará en el corto plazo. El respaldo de Trump, sumado al de federaciones influyentes como las de Argentina y México, compensa parcialmente la presión en contra que ejercen confederaciones enteras. La pugna por la presidencia de la FIFA se convierte así en una partida a varias bandas, donde el equilibrio entre política, dinero y futbol definirá el futuro inmediato del organismo.
Mientras tanto, Infantino sigue aferrado a su puesto, exhibiendo como escudo los números que acompañaron a la última Copa del Mundo y los proyectos de expansión hacia nuevas sedes y formatos. Sus opositores, por su parte, se organizan para que en los próximos congresos y procesos internos se escuche con más fuerza la exigencia de cambios. Entre elogios, acusaciones y maniobras de poder, lo único seguro es que el sillón presidencial de la FIFA, como se dice en el argot, está más caliente que nunca.
