¿La crisis de Cruz Azul es responsabilidad de Iván Alonso o de Joel Huiqui?
Cruz Azul atraviesa su primer gran bache de la temporada. El campeón del Clausura 2026 y del Campeón de Campeones acumula tres derrotas consecutivas, apenas ha conseguido dos triunfos en el Apertura 2026 y también quedó eliminado de la Leagues Cup después de recibir un gol en el último minuto, cuando tenía prácticamente asegurado el pase a los cuartos de final.
La reacción de la afición no se hizo esperar. Las redes sociales se llenaron de críticas, reclamos y peticiones de cambios inmediatos. Sin embargo, reducir el problema a la responsabilidad exclusiva del entrenador Joel Huiqui sería demasiado sencillo. La crisis de La Máquina parece tener varias causas: lesiones, cansancio, falta de refuerzos, decisiones directivas cuestionables y un equipo que todavía no consigue recuperar la intensidad que lo llevó a conquistar dos trofeos.
El contraste con el semestre anterior es evidente. Cruz Azul ganó títulos bajo la dirección de Huiqui en apenas diez partidos, pero ese éxito pudo generar una sensación de estabilidad que no correspondía con la realidad. El plantel llegó al nuevo torneo con una carga física considerable, varios jugadores importantes fuera de combate y una plantilla que no recibió las incorporaciones necesarias para competir al máximo nivel.
La lista de lesionados ha golpeado especialmente al equipo. Piovi, Rotondi, Ditta y otros elementos que fueron fundamentales en la obtención de los campeonatos han tenido problemas físicos. La ausencia de Rotondi, por ejemplo, coincide con el periodo en el que Cruz Azul dejó de ganar. El equipo perdió profundidad, velocidad y capacidad para presionar, mientras que sus alternativas no han respondido al mismo nivel.
A ello se suma el desgaste provocado por un calendario saturado. La Liga MX y la Leagues Cup obligaron a los futbolistas a disputar numerosos encuentros en poco tiempo. Cruz Azul parece agotado física y mentalmente. En varios partidos, el conjunto cementero ha mostrado poca energía, errores en la salida y una desconexión preocupante durante los minutos decisivos.
El problema más señalado por los aficionados es la ausencia de refuerzos. La plantilla necesita, como mínimo, un defensa central, un lateral derecho y un delantero centro capaz de convertir una parte importante de las ocasiones generadas. Tener oportunidades no basta cuando el equipo carece de contundencia en el área rival.
La falta de un goleador confiable se ha convertido en una de las principales debilidades. Cruz Azul puede dominar algunos tramos de los partidos, pero no siempre transforma ese control en goles. Cuando el rival se repliega, La Máquina tiene dificultades para encontrar soluciones y, si concede una ocasión, suele pagarla demasiado caro.
En este escenario, Iván Alonso aparece como uno de los principales señalados. El director deportivo es cuestionado por no haber reforzado las posiciones que el equipo tenía más descubiertas. La comparación con los ciclos de Martín Anselmi y Nicolás Larcamón también ha aumentado la molestia: según la percepción de buena parte de la afición, los entrenadores anteriores sí recibieron jugadores acordes con sus necesidades, mientras que Huiqui ha tenido que trabajar prácticamente con el mismo grupo.
El caso de Erik Lira ha añadido más tensión al ambiente. Después de su destacada participación en el Mundial, su futuro se convirtió en una constante fuente de rumores. Se habla de interés europeo, de una posible oferta proveniente de Arabia y de la intención del futbolista de buscar nuevos retos. Al mismo tiempo, existe la sospecha de que su participación podría estar siendo administrada para evitar una lesión que complique cualquier negociación.
La situación ha convertido a Cruz Azul en protagonista de una novela ajena al terreno de juego. El futuro de Lira, las decisiones sobre los lesionados y la falta de nuevas incorporaciones han desplazado la atención de lo verdaderamente importante: preparar al equipo para competir. Mientras tanto, Huiqui debe responder en la cancha sin contar con todas las piezas que necesita.
Después de la derrota contra Atlas, el entrenador volvió a utilizar mensajes prudentes: aprender de los errores, mejorar y recuperar a los futbolistas lesionados. También pidió que cualquier salida de Lira se produzca en buenos términos. No obstante, esas respuestas comienzan a parecer insuficientes para una afición que exige explicaciones concretas y resultados inmediatos.
Huiqui no puede negar que el equipo está lejos de su mejor versión, pero tampoco es razonable responsabilizarlo por todos los problemas. El técnico recibió una oportunidad inesperada, ganó dos títulos en un periodo muy corto y ahora enfrenta un torneo con un plantel desgastado. Su margen de maniobra es reducido, especialmente si la directiva no amplía las opciones disponibles.
La teoría más polémica sostiene que Alonso nunca tuvo plena confianza en Huiqui. La salida de Larcamón habría dejado al actual entrenador como una solución provisional, con la expectativa de cerrar la temporada y después contratar a otro estratega. Sin embargo, los campeonatos alteraron ese plan. La dirigencia ya no podía despedirlo sin provocar una fuerte reacción, por lo que Huiqui permaneció en el cargo.
Desde esa perspectiva, algunos interpretan la falta de refuerzos como una forma de debilitar al técnico. Si el equipo fracasa, quienes no confiaban en Huiqui podrían utilizar los malos resultados como argumento para sustituirlo. No existe una confirmación pública de esa hipótesis, pero la ausencia de apoyo visible y la falta de movimientos en el mercado alimentan la sospecha.
También sería injusto ignorar la responsabilidad de los futbolistas. Los errores individuales, la falta de concentración y la baja eficacia frente al arco no dependen exclusivamente del director deportivo o del entrenador. Los jugadores deben asumir que ganar títulos no garantiza el éxito en el siguiente torneo y que la camiseta del campeón exige mantener el nivel partido tras partido.
La directiva, por su parte, necesita comunicar con mayor claridad su proyecto. El silencio o las respuestas ambiguas aumentan la incertidumbre y permiten que los rumores ocupen el lugar de la información. Si la institución confía en Huiqui, debe respaldarlo con contrataciones y decisiones coherentes. Si existen dudas sobre su continuidad, también debería establecer un plan transparente.
La afición tiene derecho a exigir, aunque algunas reacciones han cruzado límites inaceptables. Las críticas deportivas forman parte del fútbol; los insultos racistas, las campañas personales y las amenazas no contribuyen a resolver nada. Cortar cabezas cada vez que llega una derrota puede generar ruido, pero no construye un proyecto competitivo.
Cruz Azul todavía tiene tiempo para corregir el rumbo. Cinco jornadas no definen un torneo completo, pero sí muestran señales que no deben ignorarse. La recuperación de los lesionados será importante, aunque no suficiente. El equipo necesita recuperar intensidad, mejorar su funcionamiento defensivo, encontrar soluciones ofensivas y despejar cuanto antes las dudas alrededor de Lira.
La responsabilidad, por tanto, no puede atribuirse únicamente a Iván Alonso ni a Joel Huiqui. Alonso debe responder por la planificación de la plantilla y la falta de refuerzos; Huiqui, por la estrategia, la gestión del vestidor y la reacción del equipo durante los partidos; los futbolistas, por su rendimiento y concentración; y la directiva, por respaldar o corregir el proyecto.
La Máquina está en crisis, pero todavía no en una situación irreversible. El siguiente tramo del torneo será decisivo. Si llegan refuerzos, regresan los lesionados y el equipo recupera su identidad, las derrotas actuales podrían quedar como un mal comienzo. Si continúan las dudas, los rumores y la falta de respuestas, el campeón corre el riesgo de convertir un bache en una crisis profunda.
