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Jérémy ménez: del fracaso en américa al reconocimiento en francia

Jérémy Ménez, del tropiezo en América al reconocimiento en Francia

Uno de los últimos grandes nombres europeos que aterrizó en la Liga MX para vestir la camiseta del América fue Jérémy Ménez. La directiva azulcrema y la afición imaginaron que el francés podría seguir la ruta marcada por André-Pierre Gignac en Tigres: convertirse en ídolo, ser determinante en liguillas y levantar títulos como figura principal. Sin embargo, el guion salió al revés. En Coapa nunca logró encontrar continuidad ni ritmo, y terminó etiquetado como uno de los fichajes más decepcionantes del club en los últimos años.

La etapa de Ménez en México fue breve, de alrededor de un año y medio, pero estuvo plagada de obstáculos. Las lesiones, especialmente en la rodilla, y un rendimiento irregular impidieron que mostrara la versión que alguna vez deslumbró en Europa. Pese a ello, su paso por el conjunto de las Águilas se saldó con un palmarés nada menor: conquistó una Liga MX, una Copa MX y un Campeón de Campeones. Títulos que figuran en su currículum, aunque sin que él haya sido protagonista real en esas conquistas.

En términos estadísticos, el balance fue discreto. Con la playera del América apenas disputó 23 encuentros oficiales, en los que marcó 5 goles. Para un refuerzo de su cartel y experiencia, la cifra quedó muy por debajo de las expectativas iniciales. La poca participación, combinada con los constantes problemas físicos, terminó por convencer a la directiva de que lo mejor era cortar el vínculo y dar por cerrado un fichaje que nunca terminó de arrancar.

El punto de inflexión fueron las lesiones. Su rodilla lo mantuvo largos periodos alejado del terreno de juego, frenando cualquier intento de adaptación a la intensidad y a las exigencias de la Liga MX. Cada vez que parecía estar listo para despegar, reaparecían las molestias, lo que generó frustración tanto en el jugador como en el entorno americanista. La paciencia de la tribuna se agotó pronto, más aún cuando el recuerdo de otros europeos exitosos en México estaba muy presente.

Paradójicamente, mientras en México su nombre quedó asociado a la palabra “fracaso”, en Francia el recuerdo de Jérémy Ménez es muy distinto. Prueba de ello fue lo ocurrido antes del arranque de uno de los duelos más importantes del futbol francés: el clásico entre el París Saint-Germain y el Olympique de Marsella, que terminó con goleada 5-0 a favor del PSG. Antes del silbatazo inicial, el exdelantero del América saltó al césped para entregar el balón del partido, llevándose los reflectores y los aplausos de la afición local.

El gesto no fue casual. Ménez vivió una etapa relevante de su carrera en el PSG entre 2011 y 2014, periodo en el que formó parte del proyecto que comenzó a transformar al club en potencia. Con el equipo parisino consiguió dos títulos de liga en su país, dejando actuaciones que lo han mantenido en la memoria del aficionado. Aunque no alcanzó el estatus de leyenda, sí se ganó el respeto por su talento, su velocidad y su capacidad para desequilibrar en el último tercio del campo.

Ese contraste entre la percepción en México y en Francia resulta llamativo. En París se le recuerda como un elemento importante en una época de crecimiento y éxitos; en Coapa, en cambio, se le ve como un símbolo de promesas incumplidas. Su amplio recorrido por el futbol europeo generó una expectativa enorme cuando se anunció su fichaje por América, pero nunca pudo trasladar ese cartel a la cancha en la Liga MX.

A lo largo de su carrera, Ménez defendió la camiseta de varios clubes de peso en el Viejo Continente. Pasó por equipos de la Serie A italiana, de la Ligue 1 y de otras ligas donde dejó destellos de su calidad. Esa trayectoria fue la que convenció al América de apostar fuerte por él, confiando en que su experiencia en ligas de alto nivel lo convertiría en una pieza diferencial. Sin embargo, el contexto, la adaptación al futbol mexicano y, sobre todo, las lesiones, impidieron que esa apuesta diera frutos.

En América, la historia de Ménez también sirve como advertencia sobre los riesgos de fichar figuras extranjeras basándose únicamente en el nombre y el pasado. El caso demuestra que, además del talento, se deben valorar el estado físico real del jugador, su disposición para adaptarse a un entorno nuevo y la forma en que encaja en el sistema de juego. En el papel, la llegada del francés parecía un golpe de autoridad en el mercado; en la cancha, se transformó en un recordatorio de que ningún fichaje está garantizado.

Para la afición azulcrema, el paso del francés dejó una sensación de oportunidad perdida. Había ilusión por ver a un atacante con experiencia en el PSG marcar diferencias en partidos clave, aparecer en clásicos, liguillas y finales. En cambio, lo que predominó fueron ausencias, dudas sobre su compromiso y una participación limitada. Los pocos destellos que mostró quedaron opacados por la continuidad que nunca alcanzó.

En Francia, en cambio, su figura sigue ligada a las buenas épocas y al espectáculo. El hecho de que sea invitado a actos protocolarios en encuentros de alto perfil como el PSG–Marsella habla del peso de su nombre en el entorno local. Allí se le reconoce más por lo que fue capaz de hacer en su prime que por los tropiezos que tuvo al final de su carrera en otros países.

El caso de Ménez ilustra también lo diferente que puede ser la memoria futbolística según el contexto. Un mismo jugador puede ser visto como referente en un país y como un error de mercado en otro. Para él, la Liga MX representó un intento de relanzar su carrera y sumar un nuevo capítulo exitoso, pero terminó siendo una etapa gris. En su país, en cambio, se le sigue valorando por lo aportado en años anteriores, especialmente en clubes de renombre.

Más allá de las críticas, su paso por América deja lecciones tanto para clubes como para jugadores. Para las instituciones, subraya la importancia de planear a fondo los refuerzos extranjeros, verificar a detalle el estado médico y asegurar un proyecto deportivo que favorezca su integración. Para los futbolistas, recuerda que el cambio de liga implica un esfuerzo extra de adaptación cultural, física y táctica, sin importar cuán brillante haya sido su trayectoria previa.

Hoy, cuando su nombre vuelve a sonar en Francia por reconocimientos y homenajes, contrasta inevitablemente con la etiqueta de “fracaso” que le colgaron en México. Entre Coapa y París se dibuja la dualidad de una carrera con luces y sombras: ídolo para unos, decepción para otros. Lo cierto es que Jérémy Ménez, más allá de lo sucedido en la Liga MX, sigue siendo una figura recordada y respetada en su país, donde su legado se mira con mucha más indulgencia que al otro lado del Atlántico.