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Larcamón en la cuerda floja en cruz azul: solo la final del clausura 2026 lo salva

«Lo único que puede sostener a Larcamón es llegar a la Final del Clausura 2026»

La situación de Cruz Azul en el Clausura 2026 está lejos de lo ideal. No solo arrastra una racha negativa de ocho partidos consecutivos sin ganar, sino que además el funcionamiento colectivo ha caído de forma evidente. El equipo luce sin ideas, sin variantes y con un rendimiento muy por debajo de lo que se esperaba al inicio del torneo. En medio de este contexto, todas las miradas apuntan al mismo lugar: el banquillo que ocupa el técnico argentino Nicolás Larcamón.

El problema ya no se reduce a resultados aislados. Lo que más preocupa es la manera en que Cruz Azul compite. Hay futbolistas claramente por debajo de su nivel habitual, pero los analistas coinciden en que la raíz del bajón pasa más por la propuesta táctica que por la actitud individual. Falta creatividad en el diseño de los partidos, soluciones desde el banquillo y respuestas durante los 90 minutos cuando el equipo se atasca. Esa escasez de variantes ha generado un ambiente tenso dentro de La Noria, con un vestidor que se percibe presionado y una afición cada vez más impaciente.

En este contexto, diversas voces del entorno del futbol mexicano han comenzado a hablar abiertamente de crisis. Para algunos, ya no se trata de una mala racha, sino de un proyecto que se tambalea. Uno de los que se ha expresado con mayor dureza es Rafael Márquez Lugo, quien no duda en calificar el momento del club como crítico y colocar a Larcamón como el entrenador más presionado de toda la Liga MX.

Según Márquez Lugo, la exigencia sobre el estratega argentino se disparó desde el día uno. Tomar las riendas después de un técnico campeón, como Vicente Sánchez, elevó la vara al máximo. El mensaje implícito fue claro: cualquier cosa que no fuera pelear el título sería catalogada como fracaso. Y Larcamón, conocedor de la historia y del peso de Cruz Azul, sabía desde el inicio que el margen de error sería mínimo.

El ex delantero también ha cuestionado con firmeza el discurso del entrenador. A su juicio, la falta de autocrítica termina por alejar a Larcamón de una parte de la afición. Puede dar muchas explicaciones en conferencias de prensa, pero lo que queda al descubierto, insiste, es que el equipo se ha venido abajo en lo futbolístico. Eso se ve en la cancha, en la forma en que Cruz Azul deja ir ventajas, se desconecta durante los partidos y pierde puntos clave contra rivales que, en teoría, eran accesibles.

La eliminación en los cuartos de final de la Concacaf Champions Cup a manos del LAFC fue el golpe que terminó de encender las alarmas. La derrota no solo dejó al equipo fuera de una competencia internacional que ilusionaba a la afición, sino que también reforzó la percepción de que el proyecto no está a la altura de los momentos de máxima exigencia. Sin margen en otros frentes, Cruz Azul se juega todo en el Clausura 2026.

Hoy, el conjunto celeste se mantiene en la parte alta de la tabla, pero ya ha descendido hasta la cuarta posición y su inercia es claramente descendente. El cierre del torneo regular incluye dos últimos compromisos que pueden marcar el tono con el que el equipo llegue a la liguilla: primero, una visita complicada a los Gallos Blancos de Querétaro; después, un duelo en casa ante los Rayos del Necaxa. Más allá de los rivales, lo que está en juego es la confianza, tanto del plantel como de la afición.

La presión ya no recae únicamente en el vestidor. De acuerdo con las versiones que circulan alrededor del club, la directiva comienza a evaluar escenarios alternativos. Empiezan a sonar nombres de posibles sustitutos y se intensifican las conversaciones internas sobre la conveniencia de sostener o no el proyecto en caso de un nuevo tropiezo. En ese contexto, la frase que se ha vuelto casi un consenso entre varios analistas es contundente: la única forma de que Larcamón se mantenga al frente de Cruz Azul es llegar a la Final del Clausura 2026 y, además, competirla con altura.

Que el propio entorno hable ya del «segundo torneo» de Larcamón no es un detalle menor. Los procesos largos en Cruz Azul siempre han sido frágiles, y cuando se acumulan dos semestres sin títulos o sin señales claras de progreso, la paciencia tiende a agotarse. Para muchos, el crédito del entrenador está prácticamente consumido: no basta con clasificar a liguilla ni con quedarse en la orilla; la exigencia es estar en la definición del campeonato.

Desde un punto de vista táctico, una de las críticas recurrentes es la previsibilidad del equipo. Cruz Azul suele repetirse en sus patrones de ataque, recae demasiado en ciertos jugadores y carece de alternativas cuando el rival le cierra los espacios. El equipo sufre cuando tiene que proponer con la pelota y también cuando le toca replegarse. Esa dualidad negativa hace que el conjunto luzca vulnerable ante distintos tipos de adversarios, lo que dificulta sostener una racha positiva.

Para revertir la situación, Larcamón está obligado a tomar decisiones de peso. Esto implica ajustar su once inicial sin aferrarse a jerarquías, mover piezas en zonas clave del campo y, sobre todo, modificar estructuras si el plan original no funciona. El margen para experimentar es casi nulo, pero seguir insistiendo con lo mismo parece una ruta segura hacia un final anticipado del proyecto. El técnico deberá encontrar un equilibrio entre su idea de juego y la realidad actual de su plantilla.

A nivel anímico, el reto no es menor. Ocho partidos sin victoria erosionan la confianza de cualquier grupo. El cuerpo técnico necesita recuperar la mentalidad competitiva, convencer al plantel de que todavía es posible darle la vuelta al semestre y que la liguilla puede convertirse en una nueva oportunidad, no en una sentencia. Una de las claves estará en cómo líderes dentro del vestidor asumen este tramo final y respaldan -o no- al entrenador de puertas adentro.

La relación con la afición también entra en un punto decisivo. En un club como Cruz Azul, el entorno puede volverse hostil rápidamente cuando los resultados no acompañan. Silbidos, cuestionamientos y un ambiente frío en casa dificultan aún más la tarea del equipo. Una serie de buenas actuaciones en las últimas jornadas, acompañadas de mensajes claros y autocríticos por parte de Larcamón, podrían estabilizar un poco esa relación y darle algo de oxígeno al proyecto.

Si Cruz Azul logra acceder a la liguilla en una posición competitiva, el torneo entra en una fase donde todo puede cambiar. La historia reciente de la Liga MX muestra que equipos que llegaron entre dudas han terminado levantando el título, y otros que parecían invencibles se desfondaron en la fiesta grande. Para Larcamón, el objetivo mínimo realista es meterse entre los aspirantes más serios, mostrar una mejoría evidente en el funcionamiento y, sobre todo, disputar una Final que devuelva al club al lugar que su historia y su afición exigen.

Sin embargo, los escenarios también contemplan el desenlace negativo. Si Cruz Azul queda fuera de la Final o es eliminado con una imagen pobre, será difícil justificar la continuidad del proyecto ante una directiva que, de por sí, ya escucha nombres alternativos. El fútbol mexicano se ha vuelto cada vez más impaciente en cuanto a procesos y resultados, y Cruz Azul no es la excepción. La pregunta ya no es si hay presión, sino cuánto tiempo está dispuesto el club a sostenerla sobre los hombros del mismo técnico.

En resumen, el Clausura 2026 se ha convertido en una prueba definitiva para Nicolás Larcamón. Entre el peso de la historia del club, la herencia de un antecedente campeón, la racha sin victorias y la eliminación internacional, el margen es estrecho: únicamente un cierre sólido y la presencia en la Final del torneo podrían sostenerlo en el banquillo cementero. Todo lo que no sea eso, en el contexto actual, se percibe como un argumento más para dar por terminado su ciclo en Cruz Azul.