Por qué el cordaje importa más de lo que crees
Cuando hablamos de dolor de muñeca o antebrazo, casi todo el mundo mira primero la técnica, el físico o la raqueta. El cordaje suele quedar al final de la lista, como si fuera un accesorio menor. Sin embargo, los datos dicen otra cosa: estudios de federaciones nacionales sitúan entre el 20 y el 30 % de las molestias crónicas en tenistas habituales en la zona muñeca–antebrazo, y una parte significativa se relaciona con configuraciones de cuerda demasiado rígidas o mal tensadas. Si sumas que un aficionado medio pega hoy con más efecto y más potencia que hace diez años, es fácil entender por qué elegir bien los cordajes de tenis para evitar lesiones de muñeca ya no es un lujo de profesional, sino casi un seguro médico preventivo relativamente barato.
Biomecánica básica: muñeca, antebrazo y tipo de golpe
En un golpe liftado, la muñeca acompaña un recorrido ascendente y suele haber más pronación del antebrazo; en el plano, el gesto es más frontal y la transmisión de impacto es más directa. Esto significa que una cuerda demasiado dura castiga de forma diferente según el tipo de swing. Con mucho efecto, el brazo sufre por la carga repetida en la parte extensora del antebrazo; en el plano, el problema es el pico de vibración que sube por muñeca y codo sin filtro. Por eso la pregunta no es solo cuál es la mejor tensión de cuerda para golpes liftados y planos, sino qué combinación de material, patrón y tensión permite que la articulación “respire” sin perder sensaciones ni control, algo que rara vez viene explicado en el envase.
Datos y tendencias: más efecto, más lesiones
En la última década, el uso de poliéster ha pasado de ser cosa casi exclusiva de jugadores avanzados a más del 60 % de los cordajes montados en clubes competitivos, según informes de fabricantes europeos. Paralelamente, fisioterapeutas deportivos reportan un aumento de consultas por sobrecargas de muñeca y epicondilitis en amateurs que juegan 2–3 veces por semana. No es casual: se combina cuerda rígida, tensión alta y raquetas ligeras con cabezas grandes. Frente a ese escenario, emerge con fuerza el concepto de cordaje arm friendly para dolor de antebrazo, que prioriza la absorción de impacto y la estabilidad torsional, incluso a costa de algo de durabilidad. El mercado aún es pequeño, pero crece a doble dígito anual y está cambiando el discurso de muchas marcas.
Liftados vs planos: ajustar la tensión con bisturí
Si eres de los que cargan el golpe con mucho topspin, el cordaje necesita moverse y volver a su sitio para “morder” la pelota. Una tensión demasiado alta bloquea ese deslizamiento, dispara la rigidez del conjunto y castiga el antebrazo en cada aceleración vertical. En cambio, para un juego más plano, el problema es otro: si tensas poco, la pelota se te escapa y terminas apretando más la empuñadura, lo que paradójicamente también sobrecarga la muñeca. De ahí que la mejor tensión de cuerda para golpes liftados y planos no sea un número mágico, sino una horquilla: por ejemplo, 2–3 kg menos para el que genera mucho efecto respecto a alguien que pega recto, combinada con calibres algo más finos y materiales más elásticos que puedan amortiguar microtraumas sin convertir la raqueta en una “catapulta” incontrolable.
Materiales y soluciones poco convencionales
Más allá del poliéster clásico y del multifilamento de toda la vida, están apareciendo soluciones curiosas. Algunos jugadores recreativos están experimentando con híbridos asimétricos, donde las cuerdas verticales se tensan con poliéster más suave y las horizontales con un multifilamento que actúa de colchón, logrando un cordaje arm friendly para dolor de antebrazo sin perder totalmente el “agarre” de la bola. Otros montan tensiones progresivas: más tensión en la parte alta del encordado para controlar el lift, y algo menos en la zona baja para aliviar impactos tardíos que castigan la muñeca. No es algo que venga en los manuales, pero encordadores avanzados ya lo ofrecen a jugadores con historial de molestias crónicas. Requiere prueba y error, aunque los que aciertan hablan de un antes y un después.
Cómo elegir cuerdas si tu muñeca es tu punto débil
Para quienes sienten que cada sesión deja la muñeca ardiendo, el objetivo no es solo encontrar las mejores cuerdas de tenis para muñeca sensible, sino redefinir el conjunto: cordaje, tensión, peso y equilibrio de la raqueta. Un truco poco comentado es subir ligeramente el peso en el puño, lo que reduce el momento de inercia en la zona de impacto y resta torsión a la muñeca; combinado con un multifilamento o un poliéster muy blando a tensión media-baja, la diferencia puede ser notable. Otro enfoque es jugar con calibres: bajar de 1,30 a 1,25 o incluso 1,20 reduce rigidez estática, aunque sacrifiques algo de vida útil. Si añades un pequeño periodo de adaptación técnica, la muñeca deja de ser un freno psicológico y vuelves a soltar el golpe sin miedo.
Perspectiva estadística y prevención de epicondilitis
En jugadores de club de más de 30 años, la incidencia de epicondilitis se mueve entre el 10 y el 15 % anual, según estudios de medicina deportiva, y la mayoría no está dispuesta a dejar de competir varias semanas. De ahí que muchos terminen buscando dónde comprar cordajes de tenis para evitar epicondilitis como si fuera una receta milagrosa. La realidad es más matizada: un cordaje apropiado reduce picos de carga y vibración, lo que baja el riesgo y acelera la recuperación, pero solo si va acompañado de variaciones en volumen de juego, trabajo de fuerza y ajustes en el tamaño de grip. Aun así, los programas de prevención que combinan cambios de cordaje con rutinas simples de antebrazo han mostrado reducciones de hasta un 40 % en recaídas, lo cual es un número demasiado grande como para ignorarlo.
Mercado y economía del cordaje “saludable”
Desde el punto de vista económico, la tendencia es clara: mientras el mercado global de tenis crece en torno al 4–5 % anual, el segmento de cordajes “comfort” y orientados a la salud de la articulación lo hace a ritmos cercanos al 8–10 %, según reportes de la industria. Esto representa una oportunidad tanto para marcas como para tiendas especializadas, que ya no solo venden bobinas sino servicios de asesoría personalizada. Un jugador que pasa por una lesión y descubre un setup que le permite seguir en pista sin dolor suele ser más leal y está dispuesto a pagar algo más por un encordado bien pensado. A medio plazo, esa fidelidad pesa más que vender poliéster duro y barato que obliga al cliente a parar tres meses al año por molestias recurrentes.
Impacto en la industria: hacia el “fitting” integral
La industria del tenis empieza a moverse hacia un modelo parecido al del ciclismo, donde el “bike fitting” es casi obligatorio. Cada vez se habla más de un “racket & string fitting” que tenga en cuenta historial de lesiones, tipo de golpe y carga semanal de juego. Los cordajes de tenis para evitar lesiones de muñeca dejan de ser un nicho para seniors y se convierten en un estándar para juniors que entrenan muchas horas con golpes muy liftados. En paralelo, las marcas invierten en polímeros más elásticos y en sensores que miden vibración real en pista, no solo en laboratorio. El horizonte razonable para los próximos cinco años es ver configuraciones recomendadas no solo por nivel de juego, sino por perfil articular: un paso lógico en un deporte donde cada vez se pegan más fuerte, durante más tiempo y a edades más variadas.