«A mí no me van a engañar»: Zague arremete contra la actitud del América de Jardine en el Clausura 2026
Las Águilas del América atraviesan uno de los momentos más turbulentos de los últimos años en el Torneo Clausura 2026 de la Liga MX. El equipo, acostumbrado a pelear siempre en la parte alta de la tabla, hoy vive entre dudas, críticas y una evidente falta de funcionamiento que ha puesto en el centro de la polémica al director técnico André Jardine.
Entre las voces más duras se encuentra la de Luis Roberto Alves «Zague», histórico goleador azulcrema, quien no ha ocultado su molestia por lo que observa en la cancha. Para el ex delantero, no se trata solo de resultados negativos, sino de una actitud que, a su juicio, no está a la altura de la historia ni del escudo que portan los jugadores. Su contundente frase, «A mí no me van a engañar», refleja que no compra discursos de calma ni justificaciones sobre procesos o falta de tiempo.
Zague ha sido especialmente crítico con el desempeño del equipo en los recientes partidos disputados como local en el Estadio Ciudad de los Deportes, donde América sufrió tropiezos que encendieron las alarmas. Primero, la dolorosa caída ante Bravos de Juárez; después, la goleada frente a Tigres de la UANL, dos resultados que golpearon directamente la confianza del plantel y avivaron la inconformidad de la afición.
Para el ex atacante, estas derrotas no pueden explicarse únicamente como «malas noches». Señala que ve a un América sin la intensidad habitual, con poca reacción ante la adversidad y con fallas graves en concentración defensiva, algo que, según él, no corresponde a un equipo que presume ser el más grande del futbol mexicano. En su lectura, el problema va más allá de lo táctico: pasa por el compromiso y la mentalidad.
En este contexto, el próximo duelo ante Gallos Blancos de Querétaro se ha convertido en una auténtica prueba de carácter. América está obligado a ganar, no solo para sumar tres puntos, sino para intentar reencontrar la confianza extraviada. La visita a La Corregidora nunca es sencilla: suele ser un partido intenso, con una afición local que presiona y un rival que, sin importar su momento, suele jugarle al límite a los de Coapa.
El cuadro de Jardine deberá mostrar una versión mucho más sólida en defensa. En los últimos encuentros, las desatenciones en la zaga han sido constantes, permitiendo goles en momentos clave y dejando al equipo cuesta arriba desde muy temprano. Centralizar la concentración, ajustar marcas y evitar errores en la salida serán aspectos fundamentales si quieren evitar otro tropiezo que aumente la crisis.
En ataque, América sigue contando con jugadores de gran calidad capaces de cambiar un partido en una jugada, pero la falta de conexión entre líneas ha hecho que el potencial ofensivo se diluya. Zague ha señalado que no basta con tener figuras: el equipo necesita un plan claro, movilidad sin balón y mayor contundencia. Para él, las Águilas han perdido esa agresividad que las caracterizaba al ir al frente, sobre todo cuando jugaban como locales.
El Clausura 2026 se planteaba como una oportunidad para reivindicarse después de un año anterior irregular, en el que el rendimiento no estuvo a la altura de la inercia ganadora que el club traía. Hoy, ese objetivo se ha transformado en urgencia: América no solo está obligado a competir, sino a mandar un mensaje contundente de que sigue siendo candidato al título y no un equipo más dentro del pelotón.
El histórico Tricampeonato logrado por el club, que hace poco era motivo de orgullo y referencia de dominio absoluto en la Liga MX, ha quedado ya en el pasado. Aquella gesta marcó un estándar altísimo sobre lo que se espera del América en cada torneo: pelear todos los títulos, jugar con personalidad y mantener una regularidad que intimide a los rivales. Sin embargo, ese recuerdo hoy contrasta con una realidad mucho más gris, donde la consistencia brilla por su ausencia.
Zague ha insistido en que vivir de la historia es un error peligroso. Considera que, si el plantel actual se aferra únicamente a lo conseguido en años anteriores, corre el riesgo de caer en la comodidad. A su entender, cada torneo debe afrontarse como una nueva prueba, en la que la camisa no garantiza nada si no se acompaña de esfuerzo, actitud y disciplina táctica.
André Jardine, por su parte, se encuentra en el ojo del huracán. Después de haber sido el arquitecto de grandes momentos y conquistas recientes, hoy enfrenta el lado más duro del banquillo americanista: la exigencia permanente. La afición está dividida entre quienes creen que merece tiempo para reestructurar el equipo y quienes sienten que el proyecto ha perdido el rumbo. Lo que es unánime es la necesidad de una reacción inmediata.
En situaciones como esta, la gestión del vestuario se vuelve tan importante como el planteamiento en la cancha. Jardine debe reactivar la competencia interna, recuperar la confianza de sus líderes y convencer a todo el grupo de que aún pueden revertir el panorama. Un triunfo convincente en Querétaro podría ser el primer paso para reconstruir esa autoestima deportiva que parece dañada.
Otro punto clave es la forma en que el América encare los partidos que restan del Clausura 2026. Desde dentro del club se habla de una «revancha deportiva», una oportunidad para limpiar la imagen después de los tropiezos más recientes, tanto del año pasado como del arranque de este certamen. Cada encuentro deberá asumirse con mentalidad de final, entendiendo que, en un equipo grande, no hay margen amplio para el error.
Más allá de las críticas, incluidas las de Zague, el vestidor también carga con la responsabilidad de responder en el campo. Las figuras del plantel saben que el juicio no se queda solo en el técnico: también recae sobre ellos. La afición exige jerarquía, personalidad y una reacción inmediata cuando las cosas no salen bien. Un equipo grande se mide, sobre todo, por su capacidad para levantarse en momentos de adversidad.
En cuanto al estilo de juego, uno de los grandes reclamos gira en torno a la falta de una identidad clara en este tramo del torneo. Durante sus mejores etapas, el América de Jardine mostró un futbol dinámico, con presión alta y transiciones rápidas. Hoy, esa versión parece desdibujada. Recuperar esa idea, adaptándola al estado actual del plantel, será esencial para que el equipo no solo gane, sino que convenza.
De cara a los próximos meses, las Águilas tendrán que equilibrar la urgencia del corto plazo con la visión de largo alcance. No basta con reaccionar en un solo partido: el reto será hilar una racha positiva que los coloque de nuevo entre los principales aspirantes y que, al mismo tiempo, devuelva tranquilidad al entorno. Jardine y sus jugadores deberán enfocarse en cada competencia que se avecina, con la obligación de pelear por todos los títulos disponibles en este Clausura 2026.
Finalmente, el mensaje que deja la postura de Zague es claro: en el América no hay espacio para excusas. La historia del club está construida a base de exigencia, cuestionamientos y presiones constantes, pero también de respuestas contundentes dentro del terreno de juego. Si las Águilas quieren honrar su etiqueta de equipo más ganador del futbol mexicano, deberán transformar las críticas en combustible y demostrar, jornada a jornada, que siguen a la altura de su propia grandeza.