Historias reales de empuñaduras que salvaron carreras
Cuando el dolor en el codo ya no es “gajes del oficio”
En alto rendimiento, casi nadie se retira “porque ya no entra la bola”; la mayoría se va por dolor. Durante años se normalizó el codo de tenista y la muñeca inflamada como parte del pack, hasta que algunos jugadores empezaron a cuestionar lo obvio: ¿y si el problema no era el número de horas, sino cómo sujetaban la raqueta? Ahí entran en juego las raquetas ergonómicas para evitar lesiones en el codo y, sobre todo, pequeños ajustes de empuñadura que cambiaron trayectorias completas.
Caso 1: La tenista que pasó del codo crónico a su mejor ranking
Hablemos de Laura, top 120 WTA, 27 años, diagnosticada con epicondilitis recidivante. Tres infiltraciones, dos parones largos, cero soluciones estables. Su entrenador insistía en subir el volumen de fuerza; el fisio pedía bajar la carga. Nada encajaba hasta que un análisis de vídeo en cámara lenta mostró un patrón claro: derecha con empuñadura muy cerrada tipo semi-western extrema y impacto tardío, con el codo siempre “por detrás” del cuerpo, recibiendo el 100 % del estrés.
Tras una pretemporada corta, cambió a una derecha semi-western moderada y aumentó media talla en el grip, usando un overgrip más blando. El plan fue progresivo: primero solo en peloteos suaves, luego en puntos de entrenamiento y al final en competición. A los tres meses, reportaba un 70 % menos de dolor, y a los seis compitió una temporada entera sin ninguna recaída significativa. Dos años después firmó su mejor ranking: 62 del mundo, con más torneos jugados que nunca.
> Bloque técnico – ¿Qué cambió exactamente?
> – Menos flexión extrema de muñeca en el armado.
> – Mayor superficie de apoyo de la mano en el grip.
> – Incremento del ángulo entre antebrazo y raqueta en el impacto.
> Resultado: reducción de carga tensil en el tendón común de los extensores del codo y mejor distribución de fuerzas hacia el hombro y el tronco.
Caso 2: Jugador de pádel y la muñeca “de cristal”
Carlos, 33 años, jugador de pádel de cuadro final en challengers, arrastraba dolor de muñeca desde categorías de menores. Lo clásico: vendajes rígidos, antiinflamatorios, descanso forzado tras cada torneo. En vídeo se veía un patrón claro: empuñadura continental muy floja en voleas y víboras, con corrección tardía de cara de pala justo antes del impacto. Eso generaba micro-torsiones repetidas en la articulación radiocubital distal. La solución no fue solo fortalecer, sino reeducar cómo agarraba desde la base.
Aquí entró la fisioterapia deportiva para dolor de muñeca por mala empuñadura, trabajando no solo el tejido lesionado, sino la propiocepción de mano y antebrazo. Paralelamente, junto a su entrenador se definió un ajuste: pasó a una empuñadura ligeramente más cerrada en golpes agresivos y se le pidió “bloquear” la muñeca y generar efecto desde el hombro. Resultado medible: después de ocho semanas, redujo su consumo de antiinflamatorios a cero y completó 11 torneos consecutivos sin abandonar por dolor.
> Bloque técnico – Claves para la muñeca en pádel
> – Disminuir movimientos de pronación/supinación brusca en impactos potentes.
> – Aumentar la coactivación de flexores y extensores para estabilizar el carpo.
> – Sincronizar hombro–codo–muñeca en una cadena cinética continua, en lugar de “corregir” en el último instante.
No es solo el grip: ergonomía y tamaño sí importan
Un error frecuente es pensar que basta con girar la mano unos grados y listo. En la práctica, muchos casos se resuelven combinando cambios de empuñadura con pequeños ajustes de material. Laura no solo modificó el ángulo de su grip, también probó varias raquetas ergonómicas para evitar lesiones en el codo, con diferente rigidez y balance. Pasar de un marco muy rígido a uno con más flexibilidad redujo picos de vibración, mientras que un grip un 1/8 más grande permitió reducir la fuerza de agarre necesaria en golpes de alta velocidad.
En pádel, Carlos cambió a una pala con balance ligeramente más hacia el puño, reduciendo el momento de fuerza sobre la muñeca en remates. Estos ajustes, sumados a un patrón de golpeo más estable, transformaron una articulación “delicada” en un punto fuerte. Moral: si solo miras la técnica o solo miras el material, te pierdes la mitad de la ecuación; la combinación fina de ambos elementos suele ser lo que realmente prolonga carreras.
Caso 3: El veterano que redescubrió el revés a una mano
Julián, 38 años, ex top 200 ATP, jugaba con revés a una mano desde niño. A los 35, el hombro derecho empezó a “facturar”: dolor en el supraespinoso y sensación de pérdida de fuerza al estirar demasiado el brazo detrás del cuerpo. Muchos le recomendaron pasarse al revés a dos manos, pero eso implicaba casi reescribir su identidad tenística. En lugar de cambiar de golpe, se trabajó un ajuste fino de empuñadura y postura que le permitió seguir siendo “unimano” sin destruir su hombro.
> Bloque técnico – Microcambio, macroefecto
> – Ajuste desde una backhand eastern muy “plana” a una empuñadura algo más cerrada.
> – Aumento de flexión de rodillas y rotación de tronco, reduciendo la necesidad de hiperextender el hombro.
> – Impacto más adelantado, con finalización algo más alta para facilitar la salida del hombro.
En 12 semanas, el rango de movimiento doloroso disminuyó, y tras una pretemporada específica volvió a competir en ITF sin infiltraciones por primera vez en cinco años. No necesitó cambiar empuñadura de raqueta para jugar sin dolor de forma radical, sino matizarla; a veces, el cuerpo agradece cinco grados de diferencia más que un giro de 90°.
¿Existe la “mejor” empuñadura para prevenir lesiones?
No hay una única mejor empuñadura para prevenir lesiones en tenis y pádel, pero sí patrones más amigables para cada tipo de jugador. Un junior con movilidad excelente puede tolerar empuñaduras más extremas con grandes arcos de movimiento articular, mientras que un veterano con historial de lesiones agradecerá grips más neutros y cadenas cinéticas más compactas. El error grave es copiar la empuñadura de tu ídolo sin tener su movilidad, fuerza ni historial clínico; lo que es “moderno” para un profesional puede ser destructivo en un amateur.
Por eso, algunos equipos de alto rendimiento ya incluyen test específicos: evaluación de rotación interna/externa de hombro, fuerza de prensión manual, estabilidad de escápula, y, con esos datos, recomiendan rangos de grip “seguros”. La empuñadura deja de ser una cuestión de gusto estético y pasa a ser una decisión de ingeniería corporal, basada en datos y no solo en tradición.
Cinco pasos prácticos para cambiar de empuñadura sin romper tu juego
1. Filma tu técnica desde varios ángulos
Antes de tocar nada, necesitas una foto real de tu patrón actual. Usa cámara lenta y observa dónde “sufren” más codo y muñeca en el impacto y en la fase final del golpe.
2. Empieza por golpes de menor velocidad
Introduce la nueva empuñadura en peloteos cruzados suaves, sin objetivo de ganar el punto. Tu sistema nervioso debe aprender primero el nuevo mapa motor sin estrés competitivo.
3. Usa progresiones por situaciones
Aplica el cambio solo en restos, o solo en devoluciones neutrales, y mantén la empuñadura antigua en golpes definitivos durante un tiempo. Así no pierdes confianza mientras tu cuerpo se adapta.
4. Monitoriza dolor y fatiga semanalmente
Anota de 0 a 10 tu nivel de dolor tras cada sesión. Si sube más de 2 puntos de una semana a otra, reduce volumen o intensidad del nuevo patrón.
5. Revisa el material en paralelo
Ajusta peso, balance y grosor del grip; muchas veces el problema no es la idea del cambio, sino que se implementa sobre una raqueta o pala que amplifica el estrés articular.
Asesoría profesional: la diferencia entre ajustar y lesionarse
Intentar rediseñar tu empuñadura solo viendo vídeos de YouTube es como autooperarte la rodilla con un tutorial: puede salir bien, pero las probabilidades no están a tu favor. Equipos de élite recurren cada vez más a la asesoría profesional para corregir empuñadura en tenis y pádel, combinando entrenador técnico, preparador físico y fisioterapeuta. El entrenador se encarga del rendimiento, el fisio del tejido y el “análisis de daños”, y el preparador físico de adaptar la fuerza y movilidad a la nueva técnica propuesta.
Un detalle que marca la diferencia: los mejores equipos no cambian todo de golpe. Introducen el nuevo grip en bloques concretos de la sesión, controlan la carga semanal y hacen revisiones objetivas cada mes: dolor, rango de movimiento, fuerza isométrica y percepción subjetiva del jugador sobre control de la pelota. Si uno de esos parámetros se dispara en negativo, ajustan el plan antes de que aparezca la lesión.
Soluciones poco habituales que funcionan
Hay medidas que rara vez se comentan en clubes, pero que en alto rendimiento se usan con frecuencia. Una de ellas es entrenar con diferentes grosores de grip en pretemporada para mejorar la capacidad de ajuste de la mano; esto enseña a la musculatura intrínseca a responder a variaciones y hace la empuñadura más adaptable. Otra, más radical, es limitar durante unas semanas el uso de determinados golpes que “activan” el patrón lesivo, obligando al jugador a encontrar alternativas tácticas mientras el cuerpo se recupera y aprende el nuevo gesto.
También se experimenta con trabajos de ojos cerrados en peloteos suaves, centrados solo en la sensación de la empuñadura y en el sonido del impacto. Puede sonar esotérico, pero mejora la propiocepción y reduce la dependencia visual, dos factores clave cuando introduces cambios finos de ángulo y presión de agarre. Estas soluciones, siempre supervisadas, pueden marcar el paso entre un cambio mecánico frío y una integración real del nuevo patrón en el juego.
Fisioterapia y empuñadura: alianza, no parche
Cuando alguien escucha “fisioterapia”, suele pensar en masaje y estiramientos, pero en el alto rendimiento el foco está en la función. Un buen fisio no solo trata el dolor, sino que se sienta con el entrenador a ver vídeos del jugador, detecta momentos de máxima carga y propone ajustes. Así, la fisioterapia deja de ser algo que “apaga fuegos” y se convierte en parte del diseño técnico. Esa integración es lo que permite que un simple cambio de grip no derive en una cascada de nuevas molestias en hombro, espalda o cadera.
En muchos de los casos descritos, el punto de inflexión no fue un ejercicio milagroso ni un aparato sofisticado, sino la decisión consciente de alinear técnica, material y tratamiento. El cuerpo suele avisar antes de romperse; leer a tiempo esos avisos y aceptar que tu empuñadura “de toda la vida” puede no ser la mejor para tu versión actual como atleta es, a menudo, el verdadero gesto valiente.
Cerrar el círculo: empuñadura como herramienta de longevidad
Las historias de Laura, Carlos y Julián muestran un patrón: nadie cambió por moda, todos cambiaron por supervivencia deportiva. Ajustar el grip no es un capricho técnico, es una estrategia de longevidad. La clave no está en copiar fórmulas, sino en entender que tu empuñadura ideal hoy no será la misma en cinco años, porque tu cuerpo y tu juego también cambian.
Si buscas la mejor empuñadura para prevenir lesiones en tenis y pádel, empieza por asumir que el proceso será iterativo: observar, probar, medir, ajustar. Con el apoyo adecuado, cambiar empuñadura de raqueta para jugar sin dolor deja de ser un salto al vacío y se convierte en una inversión en años extra de carrera, con menos visitas al médico y más tiempo dentro de la pista, que al final es donde todo atleta quiere estar.