¿Cuándo fue la última vez que Guillermo «Memo» Ochoa fue titular bajo el mando de Javier Aguirre y cuál fue el resultado?
La respuesta nos lleva de vuelta a un duelo muy recordado, no solo por el marcador, sino por el contexto y las consecuencias que tuvo para ambos.
La última ocasión en la que Ochoa arrancó un partido como titular con Javier «Vasco» Aguirre en el banquillo fue el 15 de noviembre de 2024, en el juego de ida de la Concacaf Nations League ante la Selección de Honduras. El encuentro se disputó en el Estadio General Francisco Morazán, en San Pedro Sula, y terminó con una derrota de México por 2-0.
Ese compromiso fue especialmente significativo por varios motivos. Por un lado, marcaba uno de los momentos clave de la tercera etapa de Aguirre al frente del Tri. Por otro, dejó muy tocada la imagen de Memo Ochoa, que venía de años siendo el portero de máxima confianza en los grandes torneos, especialmente en las Copas del Mundo. Además, el juego estuvo cargado de tensión ambiental y terminó incluso con una agresión al propio técnico mexicano.
En aquel partido, con una intensa lluvia sobre territorio hondureño, la Selección Mexicana vivió una de sus peores noches recientes. A nivel defensivo, el equipo se mostró frágil, y tanto la zaga como el guardameta quedaron expuestos. El primer gol de Honduras llegó al minuto 63, en una jugada que terminó por marcar a todos los involucrados.
En esa anotación, César Montes cometió un error grave en la salida desde el fondo. Entregó el balón de manera comprometida y permitió que los atacantes hondureños encontraran una oportunidad clara. El disparo posterior no parecía tener un grado de dificultad excesivo, pero Ochoa realizó un rechace defectuoso hacia el centro del área. En lugar de desviar la pelota a un costado, la dejó viva en la zona más peligrosa, el área chica. Luis Palma, atento al rebote, solo tuvo que aprovechar el regalo para firmar el 1-0.
El propio Palma volvería a castigar a México al minuto 83 con el segundo tanto de la noche. En esa jugada, también se cuestionó la reacción de Memo, a quien se le criticó la falta de reflejos y de contundencia bajo los tres palos. Con el 2-0 consumado, el Tri se marchó de San Pedro Sula con una derrota que encendió las alarmas y desató una oleada de críticas hacia el equipo, el entrenador y, en particular, el veterano portero.
La noche fue todavía más amarga por el incidente que sufrió Javier Aguirre. En medio de la tensión en las gradas y el ambiente hostil, desde la tribuna lanzaron una botella de vidrio que impactó en la cabeza del «Vasco», provocándole una profunda herida. Esa imagen, con el técnico sangrando en plena lluvia, se convirtió en símbolo del momento más complicado de su tercera etapa al frente de la Selección Mexicana.
Tras ese partido, Aguirre tomó decisiones drásticas. Para la vuelta, disputada en el Estadio Nemesio Diez de Toluca -sede provisional del Tri ante las obras de remodelación del Estadio Azteca- el estratega determinó mandar al banquillo a Memo Ochoa y darle la titularidad a Luis Ángel Malagón. El arquero, entonces en un gran momento a nivel de clubes, respondió con sobriedad en una noche relativamente tranquila, ya que México dominó de principio a fin y terminó goleando 4-0. Aunque Malagón no fue exigido en exceso, su presencia y el resultado reforzaron la idea de un relevo generacional en la portería.
Ese giro en la portería explica por qué Guillermo Ochoa dejó de ser el guardameta titular de la Selección Mexicana. A sus 39 años, con una trayectoria intachable en Mundiales -seis convocatorias y 11 partidos disputados en la máxima justa-, el margen de error se redujo al mínimo. El fallo ante Honduras se convirtió en el argumento perfecto para quienes pedían un cambio, y Aguirre, consciente de la necesidad de renovar la base del equipo, apostó por darle continuidad a nuevas opciones bajo los tres palos.
Sin embargo, la historia de Memo con el Tri no terminó ahí. De acuerdo con la información que se dio a conocer posteriormente, el veterano portero del AEL Limassol, en Chipre, recibiría una nueva oportunidad de lujo: ser titular nuevamente con Javier Aguirre en un escenario incomparable, el Mundial de 2026. La decisión del «Vasco» apuntaría a colocarlo en el once inicial del último partido de la Fase de Grupos, en el duelo del Grupo A frente a Chequia, programado para el 24 de junio en el Estadio Ciudad de México, mejor conocido históricamente como Estadio Azteca.
Este posible regreso a la titularidad en una Copa del Mundo resulta especialmente simbólico. Ochoa, seis veces convocado a Mundiales, ha vivido todo tipo de experiencias: desde ser suplente paciente en sus primeras convocatorias, hasta convertirse en héroe nacional con atajadas memorables frente a potencias como Brasil, Croacia, Alemania u Holanda. Pese a los altibajos, su figura ha estado ligada al Tri casi de forma permanente durante dos décadas.
La pausa en su rol como titular tras el partido contra Honduras parecía anunciar el final definitivo de un ciclo. La irrupción de porteros más jóvenes, el desgaste natural de los años y la necesidad de planear el futuro hicieron pensar que el puesto estaba destinado a consolidarse en manos de la nueva generación. Sin embargo, la confianza de Aguirre para considerar nuevamente a Ochoa como titular en un Mundial habla tanto de la jerarquía del guardameta como de la importancia de la experiencia en partidos de máxima presión.
Desde una perspectiva táctica, la elección de Memo para un juego decisivo de fase de grupos puede explicarse por varios factores: su capacidad para manejar la tensión, su liderazgo en el vestidor, su comunicación con la defensa y su historial en partidos de vida o muerte. A pesar del error ante Honduras, su carrera demuestra que suele crecer ante los escenarios más complejos.
Además, su trayectoria en clubes refleja la imagen de un profesional que nunca rehuyó los retos. Desde sus inicios con América, pasando por ligas exigentes como la francesa, la española, la belga y la italiana, hasta su aventura en Chipre con el AEL Limassol, Ochoa se ha mantenido activo en el fútbol europeo, algo poco común para un portero mexicano durante tanto tiempo. Esa continuidad, aun fuera de las ligas top, le ha permitido conservar ritmo competitivo y mantenerse en el radar de la Selección.
La pregunta de fondo para muchos aficionados es si es conveniente seguir apostando por un portero veterano cuando el equipo necesita construir una base sólida pensando más allá del 2026. Aquí entra en juego la visión de Aguirre: el técnico ha demostrado en varias etapas de su carrera que no teme a las decisiones impopulares ni a mezclar jerarquía con juventud. Darle la titularidad a Ochoa en un partido puntual no necesariamente implica frenar el relevo generacional, sino aprovechar al máximo la última gran versión internacional de un arquero histórico.
Por otro lado, es importante entender por qué dejó de ser indiscutible. El portero vive de los detalles: un mal rechace, una mala lectura en una jugada aérea o un segundo de duda puede cambiar por completo la percepción pública. El duelo en San Pedro Sula condensó ese cambio de narrativa. Lo que hasta entonces habían sido noches de salvador mundialista, se transformó en una actuación señalada. Cuando se junta la presión por resultados con la exigencia mediática, incluso una leyenda puede perder su lugar.
Con todo, la relación entre Aguirre y Ochoa no puede reducirse a un solo partido. A lo largo de las distintas etapas del «Vasco» con el Tri, Memo ha sido testigo y protagonista de varias transiciones. El técnico conoce de primera mano su carácter, su disciplina y su capacidad de sobreponerse a los golpes. De ahí que no sorprenda del todo que, ante una situación límite en un torneo mayor, vuelvan a encontrarse en la misma alineación titular.
Si se concreta este nuevo capítulo en 2026, el duelo ante Chequia podría representar algo más que un simple encuentro de fase de grupos: sería la oportunidad de reivindicación para un portero que, pese a todo, sigue apareciendo en los planes de la selección. Sería también una especie de cierre de círculo para la dupla Aguirre-Ochoa, marcada por la confianza, la exigencia y, en ocasiones, por episodios tan duros como la derrota ante Honduras y la herida en la cabeza del técnico.
En síntesis, la última vez que Memo Ochoa fue titular con Javier Aguirre fue en aquel 2-0 contra Honduras en la ida de la Concacaf Nations League, el 15 de noviembre de 2024, una noche lluviosa, tensa y dolorosa para el Tri. El resultado le costó el puesto como arquero estelar y abrió la puerta a Luis Ángel Malagón. Aun así, la historia no se dio por terminada: la posibilidad de volver a la titularidad en el Mundial de 2026 demuestra que, en el fútbol, incluso los capítulos que parecen cerrados pueden reescribirse, sobre todo cuando se trata de una figura tan influyente como Guillermo Ochoa.
