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¿a quién le tendiste la cama?: ruso brailovsky y el fracaso de rayados con torrent

«¿A quién le tendiste la cama?» La punzante pregunta al Ruso Brailovsky que reaviva el debate por el fracaso de Rayados con Domènec Torrent

La actualidad de Rayados de Monterrey atraviesa uno de sus momentos más tensos en el Clausura 2026. El equipo regiomontano, armado para ser protagonista y pelear por el título, acumula ya tres derrotas en el torneo, la más reciente frente a Pumas de la UNAM, y se ha colocado en el centro de la polémica por los rumores de un posible boicot interno al trabajo de Domènec Torrent.

Concluida la jornada 7, Monterrey amaneció en la novena posición de la tabla general con 10 puntos, instalado en una zona en la que, si hoy terminara la fase regular, quedaría fuera de la pelea por el título. Un escenario impensado para una plantilla con una de las nóminas más poderosas de la Liga MX, y que ha alimentado la sospecha de que algunos futbolistas estarían «tendiéndole la cama» al estratega español.

Fue precisamente este tema el que detonó una incómoda conversación en el programa FOX Replay, donde Daniel «Ruso» Brailovsky, exfutbolista y ahora analista, reconoció que esa práctica existe en el futbol profesional. A partir de ahí surgió la punzante pregunta: «¿A quién le tendiste la cama tú como jugador?», cuestionamiento que colocó al examericanista en el centro del debate.

El término «tender la cama» se utiliza en el argot futbolero para describir la actitud de un grupo de jugadores que, inconformes con su entrenador, deciden dejar de seguir sus instrucciones o bajar su rendimiento de manera deliberada, sin que exista un acuerdo explícito de perder los partidos. No se trata necesariamente de autogoles o errores burdos, sino de pequeños gestos que, acumulados, sabotean el plan del técnico.

Brailovsky explicó que, durante su carrera, fue testigo de este tipo de comportamientos. Relató que algunos de sus compañeros cambiaban radicalmente entre lo que mostraban en las prácticas y lo que hacían en los partidos oficiales: en los entrenamientos obedecían al pie de la letra, pero el día del juego ignoraban las indicaciones, rompían las sociedades dentro del campo o simplemente no seguían las jugadas trabajadas en la semana.

Un ejemplo que mencionó el panelista fue la actitud al momento de decidir a quién pasar la pelota. Si el entrenador tenía a ciertos jugadores de confianza, había compañeros que, molestos con el técnico, evitaban darles el balón aun cuando se encontraban bien posicionados. En lugar de buscar al compañero favorecido por el entrenador, preferían cambiar la dirección del juego, ralentizar la jugada o elegir un pase menos efectivo, afectando así el funcionamiento colectivo.

El «Ruso» subrayó que él nunca participó activamente en un complot de este tipo, pero sí admitió que lo vio de cerca en distintos vestidores. Aclaró que no existe un pacto formal para «perder» partidos, pero sí una especie de resistencia silenciosa: jugadores que dejan de exigirse al máximo, que no mantienen la intensidad, que entrenan sin la misma convicción y que en la cancha no ejecutan lo que el técnico ordena. Esa suma de detalles, según su experiencia, termina por costarle el puesto al entrenador.

A pesar de su testimonio, no todos en el panel compartieron la misma visión. Jair Pereira, exjugador de Chivas y otro de los analistas presentes, fue tajante al señalar que él nunca vivió una situación semejante en su carrera. Desde su perspectiva, no cree que el plantel de Monterrey esté «tendiéndole la cama» a Domènec Torrent, aunque sí reconoce que existe incomodidad y problemas serios de funcionamiento dentro del equipo.

Pereira hizo hincapié en que, si bien los rumores apuntan a una posible ruptura en el vestidor, lo que se observa en la cancha puede explicarse también por cuestiones tácticas y de rendimiento individual. Para él, la defensa de Rayados está atravesando un momento muy irregular, pese a que el portero Esteban «Mochis» Cárdenas ha tenido actuaciones destacadas que, en más de una ocasión, han evitado goleadas aún más dolorosas.

El exdefensa central señaló que la zaga comete desatenciones recurrentes: malos recorridos, falta de coordinación en marca y espacios concedidos al rival en zonas clave. Esto, sumado a una ofensiva que no está siendo determinante, ha generado un equipo partido, incapaz de controlar los partidos ni de ser contundente. Monterrey, según su análisis, genera menos peligro del que debería y en muchas fases del juego luce predecible.

Pereira también subrayó que la idea de «tender la cama» no solo es antideportiva, sino que va directamente en contra de la institución, de sus valores y del propio club que les paga el sueldo. Desde su óptica, un profesional no puede justificar bajo ninguna circunstancia el bajar los brazos para forzar la salida de un entrenador. Por eso, insiste en que, más allá de los rumores, la explicación del mal momento de Rayados debe buscarse primero en el plano deportivo y táctico.

Brailovsky, por su parte, se mantuvo firme en que la práctica existe y es «una realidad del futbol», aun cuando no aseguró que sea lo que está ocurriendo hoy en Monterrey. Para él, los síntomas que se ven en la cancha -desconexión, falta de reacción, poca obediencia táctica- pueden ser interpretados de diferentes maneras, y solo quienes están dentro del vestidor conocen la verdad.

Lo indiscutible es que los números no acompañan a Domènec Torrent. Rayados suma tres victorias, un empate y tres derrotas en el Clausura 2026. Un balance demasiado pobre para un equipo con la obligación de pelear los primeros lugares. Y lo más preocupante es que, más allá de las estadísticas, el equipo no muestra una idea clara ni una evolución evidente en el funcionamiento colectivo.

El calendario tampoco da tregua. El siguiente compromiso será ante Cruz Azul, una escuadra que viene en ascenso y que podría aumentar la crisis regiomontana. Un tropiezo frente a la Máquina, que significaría la cuarta derrota del torneo para Rayados, encendería todavía más las alarmas en la directiva y en la afición, que comienza a impacientarse con el proyecto de Torrent.

El duelo frente a Cruz Azul está programado para el sábado 28 de febrero en el Estadio BBVA, un escenario que solía ser fortaleza rayada, pero que en este torneo no ha pesado como en otras épocas. Después de ese partido, Monterrey visitará a Querétaro el miércoles 4 de marzo en el Estadio Corregidora. Dos encuentros que pueden marcar un antes y un después en el futuro de Domènec Torrent al frente del banquillo.

En caso de encadenar un doble fracaso sin sumar puntos, se anticipa un clima todavía más hostil alrededor del técnico español. No sería extraño que los gritos de «Fuera Torrent» comiencen a escucharse con fuerza, especialmente si el equipo no muestra señales claras de mejoría en actitud, orden táctico y resultados. La presión mediática y social podría empujar a la directiva a tomar decisiones drásticas.

Más allá del foco puesto en Torrent, el debate abre una cuestión de fondo: ¿hasta qué punto es responsable el entrenador y hasta dónde llega la responsabilidad de los jugadores? El concepto de «tender la cama» suele utilizarse para descargar culpas en el vestidor, pero también es una forma de encubrir errores de planeación deportiva, malas gestiones directivas o apuestas tácticas que no cuajan.

En el caso específico de Rayados, la plantilla está compuesta por futbolistas de jerarquía y experiencia, varios de ellos seleccionados nacionales, que conocen bien la presión de un club grande. Cuando un equipo con ese nivel de talento no rinde, la explicación casi nunca es única: influyen la táctica, el manejo del grupo, el liderazgo interno, la adaptación de los refuerzos y la convivencia entre figuras que compiten por minutos y protagonismo.

El manejo del vestidor se vuelve entonces un factor clave. Entrenadores como Torrent no solo deben convencer con una idea de juego, sino también gestionar egos, repartir roles y mantener a todos comprometidos con el proyecto. Cuando esa sintonía se rompe, aunque no exista una «cama tendida» como tal, se generan pequeñas fracturas: jugadores que ya no confían en el plan, líderes que dejan de respaldar al técnico, jóvenes que sienten que no tienen oportunidades reales.

Otro aspecto que suele pasar desapercibido es la presión externa. En un club de la magnitud de Monterrey, cada derrota se multiplica por la expectativa que se tiene del equipo. El entorno exige resultados inmediatos, y eso puede llevar a decisiones precipitadas tanto dentro de la cancha como en las oficinas. Cambios tácticos apresurados, modificaciones constantes en la alineación y mensajes contradictorios pueden aumentar la confusión en el plantel.

Para evitar que la etiqueta de «fracaso» se adhiera de forma definitiva al proyecto, Torrent necesita algo más que dos o tres buenos resultados. El equipo debe mostrar una identidad reconocible: solidez defensiva, variantes ofensivas y, sobre todo, un compromiso visible en cada futbolista. Esa es la única forma de disipar los rumores de boicot interno y de cerrar el debate sobre si hay o no una «cama tendida» en el vestidor rayado.

La directiva también tiene un papel central en este momento crítico. Respaldar al entrenador públicamente, establecer líneas claras de disciplina, escuchar al plantel sin ceder en caprichos y, si es necesario, tomar decisiones puntuales con ciertos jugadores, son elementos que pueden recomponer el rumbo. Lo más peligroso para Monterrey sería permanecer en una zona gris donde nadie asume plenamente la responsabilidad.

El tema, al final, trasciende a Rayados. La discusión sobre «tender la cama» expone una realidad incómoda del futbol profesional: cuando las relaciones entre jugadores y técnico se deterioran, el rendimiento colectivo casi siempre se resiente. La frontera entre una mala racha deportiva y un boicot silencioso puede ser muy delgada, y desde fuera es difícil trazarla con precisión.

Mientras tanto, el equipo regiomontano se encuentra en un punto de inflexión. Los próximos partidos no solo definirán la continuidad de Domènec Torrent, sino también la credibilidad del proyecto y la imagen de un vestidor que hoy está bajo sospecha. Si Rayados reacciona, la narrativa cambiará hacia la resiliencia y la capacidad de respuesta. Si se hunde, el relato girará, inevitablemente, hacia la traición interna y el fracaso de un plantel que no estuvo a la altura de las expectativas.