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Larcamón revela el trasfondo de su salida de cruz azul por perder la localía en Cdmx

«Nos fue desgastando perder la localía en CDMX»: Larcamón destapa el trasfondo de su salida de Cruz Azul

El abrupto despido de Nicolás Larcamón, a cuatro días de que se dispute la última jornada del Clausura 2026, se convirtió en uno de los episodios más controvertidos del torneo. Justo cuando Cruz Azul se preparaba para cerrar la fase regular y encarar la Liguilla, la directiva decidió poner punto final al proyecto del técnico argentino, pese a que el equipo se había mantenido buena parte del semestre en la zona alta de la clasificación.

En una entrevista con el programa «Línea de 4», Larcamón rompió el silencio y ofreció su propia lectura sobre lo sucedido. Más allá de la racha negativa reciente, el estratega apuntó a un factor que, según él, marcó un antes y un después en su gestión: perder la localía en la Ciudad de México y tener que mudarse a Puebla para disputar los partidos como «local».

Todo se detonó a principios de año, cuando la directiva de Pumas comunicó, a solo una semana del arranque del Clausura 2026, que no renovaría el acuerdo para que Cruz Azul siguiera utilizando el Estadio Olímpico Universitario. Sin margen de maniobra y con el torneo encima, desde La Noria se activó una búsqueda contrarreloj de sede. La única opción viable terminó siendo el Estadio Cuauhtémoc, en Puebla, que abrió sus puertas para que la Máquina hiciera ahí de local.

Para Larcamón, ese cambio fue mucho más que un simple ajuste logístico. «Nos desgastó perder la localía en CDMX», reconoció. El hecho de ya no jugar en la capital implica que, en la práctica, Cruz Azul se comportara como visitante en cada fecha: constantes viajes, cambios de rutina, menos tiempo de recuperación y una sensación de desarraigo respecto a su entorno habitual. Según su propio testimonio, ese cúmulo de factores terminó pasando factura, tanto al cuerpo técnico como al plantel.

Desde las primeras semanas de enero, el cuerpo técnico sabía que el calendario sería una prueba de resistencia. Cada jornada significaba desplazamientos, concentraciones más largas y un desgaste físico y mental superior al habitual. Aun así, el arranque del torneo pareció desmentir cualquier pronóstico negativo: la afición celeste en Puebla respondió de forma ejemplar, arropó al equipo y la Máquina firmó buenos resultados que la mantuvieron en la élite de la tabla general.

Durante gran parte del semestre, Cruz Azul se sostuvo en posiciones de privilegio. Ni los viajes ni el cansancio parecían haber mermado notablemente el rendimiento colectivo. De hecho, en el recuento anual, el club cementero se consolidó como la institución con más puntos sumados en los dos torneos del año calendario, señal clara de un proceso competitivo y de un trabajo sostenido que, en números globales, resultaba exitoso.

Sin embargo, el cierre del Clausura 2026 fue en picada. Antes de ser cesado, Larcamón encadenó una racha de nueve partidos consecutivos sin conocer la victoria, sumando compromisos de Liga MX y de la Concacaf Champions Cup. El balance de esa serie fue de seis empates y tres derrotas, un registro que encendió todas las alarmas en la directiva.

La eliminación en la Concacaf Champions Cup, a manos de Los Angeles FC, fue un golpe especialmente duro dentro del club. No solo significó quedarse fuera de la pelea internacional, sino que, para muchos dirigentes, evidenció que el equipo ya no encontraba respuestas futbolísticas ni anímicas. Ese revés, combinado con la mala racha en la liga, terminó por inclinar la balanza en contra del entrenador.

Desde La Noria, la cúpula decidió actuar antes del cierre de la fase regular, ejecutando una de las decisiones más polémicas del torneo: destituir a Larcamón justo en la antesala de la Liguilla. Con el boleto todavía en disputa y el equipo en zona de clasificación, la apuesta fue cortar el proceso y apostar por un revulsivo de vestidor de último momento.

En palabras que compartió al analista David Faitelson, el propio Larcamón expresó que sentía que, por su trabajo y por el desempeño general del equipo, al menos merecía dirigir a Cruz Azul en la Liguilla. Reconoció altibajos, como sucede en cualquier club, pero insistió en que el balance anual mostraba un proyecto que había sido competitivo, pese a todas las circunstancias adversas.

Aun así, el argentino asumió que la última palabra la tiene siempre la directiva. Fue Iván Alonso quien le comunicó oficialmente su cese como director técnico del conjunto celeste, aludiendo a la suma de malos resultados en la Liga MX y en el torneo de la región. La eliminación internacional, sumada a la racha sin victorias, terminó de erosionar la confianza en su gestión.

Tras la salida de Larcamón, la dirigencia decidió entregar el timón de forma interina a Joel Huiqui, con la misión de recomponer el ánimo del grupo, intentar sumar en la Jornada 17 y encarar la Liguilla con la mejor cara posible. El objetivo inmediato es simple y a la vez exigente: ganar el último duelo del torneo regular y darle un giro a la dinámica negativa antes de los cruces decisivos.

El partido que cerrará la fase regular para Cruz Azul será ante los Rayos del Necaxa, en el Estadio Victoria, este domingo 26 de abril. Ese encuentro se ha cargado de simbolismo: será el primer examen de Huiqui como estratega interino y una especie de termómetro para medir la reacción del plantel después de un movimiento en el banquillo que no ha dejado a nadie indiferente.

Diversas versiones apuntan a que la salida de Larcamón no ha caído bien en el núcleo duro del vestidor. Jugadores como José Paradela, Gabriel Fernández, Kevin Mier y Charly Rodríguez habrían mostrado su molestia por la decisión, al considerar que el proceso aún tenía margen de mejora y que la Liguilla podía ser el escenario ideal para reivindicarse. Habrá que ver, en el campo, si esa inconformidad se transforma en rebeldía positiva o en un peso adicional sobre el grupo.

Más allá de las emociones inmediatas, el caso Larcamón pone sobre la mesa un tema recurrente en el fútbol mexicano: la poca paciencia hacia los proyectos, incluso cuando los números de fondo no son tan negativos. Ser el equipo que más puntos sumó en el año calendario y, aun así, ver cómo el técnico pierde su puesto por una mala racha al final del torneo refleja la presión extrema que rodea a clubes de alto perfil como Cruz Azul.

También expone un problema estructural: la fragilidad de las condiciones deportivas ante decisiones administrativas ajenas al propio club. El rompimiento del acuerdo con Pumas y la obligación de mudarse al Estadio Cuauhtémoc modificaron por completo el ecosistema de trabajo: entrenamientos, logística de viajes, relación con la afición y, sobre todo, la sensación de «hogar» que implica tener una sede fija en la misma ciudad.

Larcamón insistió en que ese desarraigo fue un factor clave en el desgaste del grupo. No se trataba solo del cansancio físico acumulado por los traslados, sino de la constante sensación de no tener un verdadero estadio propio donde ejercer presión, construir mística y consolidar rutinas. Jugar siempre «fuera de casa», aunque en la estadística figurara como local, terminó afectando la frescura del plantel, en su lectura.

Por otra parte, la decisión de cortar el proceso justo antes de la Liguilla abre el debate sobre la conveniencia de este tipo de movimientos. Hay entrenadores que han encontrado en la Fiesta Grande el espacio para revertir campañas irregulares, aprovechando que el formato de eliminación directa nivela fuerzas y favorece a equipos que llegan en buen momento, más allá de su posición en la tabla. Larcamón confiaba en que podía ser uno de esos casos.

La directiva, en cambio, priorizó un golpe de timón inmediato. En ese sentido, el papel de Joel Huiqui será determinante. No solo deberá proponer ajustes tácticos en poco tiempo, sino también gestionar un vestidor que viene de una sacudida emocional importante. Conseguir que los líderes del grupo se alineen con la nueva etapa será clave para que el equipo no se descomponga justo en el tramo más importante del año.

A nivel de imagen institucional, Cruz Azul también se juega mucho. En los últimos años, el club ha intentado proyectar un perfil más estable y planificado, alejándose de la etiqueta de institución volátil que lo persiguió durante décadas. Sin embargo, decisiones como la destitución de un técnico que mantenía al equipo en la parte alta de la tabla pueden reavivar la percepción de nerviosismo dirigencial ante cualquier tropiezo.

De cara al futuro, el caso de Larcamón probablemente será utilizado como ejemplo en las discusiones internas sobre cómo equilibrar resultados inmediatos y procesos a mediano plazo. La experiencia de haber competido todo el año al máximo nivel de puntos, pero quedar eliminado en Concacaf y llegar en mala racha a la recta final, muestra lo complejo que es sostener un rendimiento estable en medio de calendarios apretados, viajes constantes y cambios de sede.

Para Nicolás Larcamón, la etapa en Cruz Azul cierra con sensaciones encontradas: por un lado, el orgullo de haber liderado un equipo que fue protagonista en la tabla general durante buena parte del ciclo; por otro, la frustración de no haber podido pelear la Liguilla, el escenario que, en su opinión, podía haber matizado la mala racha final y ofrecer una evaluación más justa de su trabajo.

La historia inmediata la escribirá ahora la propia Máquina en el campo. Si el equipo logra recomponerse, vencer a Necaxa y tener una Liguilla destacada, la decisión de la directiva será interpretada como un acierto arriesgado pero oportuno. Si, por el contrario, Cruz Azul se queda corto en sus aspiraciones, inevitablemente se revisará el momento y la forma en que se puso punto final a la era Larcamón, marcada por la paradoja de haber sido competitiva en lo global, pero cortada por una crisis puntual y por un desgaste que, según el propio técnico, comenzó el día que la Máquina se quedó sin casa en la Ciudad de México.