Manchester, Real Madrid, Leverkusen y Galaxy: los equipos donde Chicharito se sintió más arropado… ¿y el lugar de Chivas en esa lista?
Javier «Chicharito» Hernández, hoy tan conocido por su actividad en redes sociales como por su trayectoria en las canchas, volvió a colocarse en el centro de la polémica tras una dinámica de preguntas y respuestas con sus seguidores. Esta vez no se trató de sus posturas sociales, políticas o de sus habituales mensajes motivacionales; el tema que encendió los ánimos fue uno puramente futbolístico… y tocó fibras muy sensibles en la afición de Chivas.
En uno de sus videos, el delantero respondió a la clásica consigna de «Hazme una pregunta». Entre las dudas que le plantearon, apareció una que parecía inocente, pero que acabó generando ruido: «¿En qué club te sentiste más cómodo?». Sin bromas ni exageraciones, con semblante serio y tono respetuoso, el máximo goleador histórico de la Selección Mexicana y surgido de la cantera rojiblanca eligió sus respuestas… y dejó fuera a Guadalajara.
Hernández aseguró que en todos los equipos donde jugó se sintió bien recibido y querido, y que hablaba «de todo corazón». Sin embargo, al momento de enumerar los clubes en los que más cómodo se sintió, únicamente destacó a cuatro instituciones del extranjero: Manchester United, Real Madrid, Bayer Leverkusen y LA Galaxy. Ni una sola mención a Chivas, el club que lo formó, lo lanzó al fútbol europeo y le brindó refugio al final de su carrera profesional.
Esa omisión fue suficiente para detonar el malestar entre los aficionados del Rebaño. Muchos seguidores recordaron de inmediato todos los esfuerzos que el club había hecho por el delantero en la parte final de su trayectoria, justo cuando su nivel competitivo ya no era el mismo. Para buena parte de la hinchada, escuchar a su ídolo de infancia dejar fuera a Guadalajara de su lista de lugares «más cómodos» fue un golpe directo al orgullo.
Entre las reacciones más frecuentes, se repitió el sentimiento de decepción: la sensación de haber respaldado a un héroe que, en la cancha, ya no correspondió con el mismo nivel de compromiso ni de rendimiento. Varios señalan que, aunque Chivas se volcó para ayudarle a cerrar su carrera en casa, el futbolista no logró estar a la altura de las expectativas deportivas ni emocionales que se habían generado con su regreso.
El contexto de su vuelta al fútbol mexicano es clave para entender el enojo. Tras su salida del LA Galaxy, ningún otro equipo de la MLS ni de la Liga MX mostró un interés real por contratarlo. Fue entonces cuando la directiva de Guadalajara, encabezada por Amaury Vergara, le tendió la mano a su «hijo pródigo», buscando ofrecerle un cierre digno, con tintes de homenaje, en el club donde todo inició. La apuesta estaba llena de simbolismo: una estrella vuelta a casa para despedirse envuelta en aplausos.
Sin embargo, la realidad resultó muy distinta. Desde su regreso, se percibió que la mente de Chicharito no estaba totalmente concentrada en Verde Valle, ni en el estadio Akron ni en el día a día del equipo. Su presencia en otros proyectos, su protagonismo constante en redes y su participación en competiciones alternativas terminaron por alimentar la narrativa de que el jugador tenía prioridades distintas al rendimiento con el Rebaño.
En el terreno de juego, su estado físico fue tema de conversación jornada tras jornada. Se le veía falto de ritmo, pesado, con dificultades para sostener la intensidad de un partido completo. Cada choque, cada entrada, parecía derivar en una caída aparatosa que muchos interpretaron como una sobreactuación más cercana a un drama que a la competitividad de élite que algún día lo caracterizó. Con más de 35 años a cuestas, el retiro se asomaba de manera evidente, y las lesiones se volvieron una constante.
Nadie le reprocha haberse lesionado; eso forma parte natural de la carrera de cualquier futbolista. Lo que sí se le cuestiona es la manera en que llevó sus procesos de recuperación. De acuerdo con la percepción de una parte de la afición, sus actividades extracancha y su ritmo de vida no ayudaron a que pudiera rehabilitarse de la mejor forma posible. En sus últimos encuentros con la camiseta rojiblanca se le notaba fuera de forma, incluso con algunos kilos de más, lo cual contrastaba con la imagen del delantero explosivo que brilló años atrás.
El punto más doloroso para muchos seguidores llegó en la Liguilla del Apertura 2025. En los cuartos de final frente a Cruz Azul, Chicharito tuvo en sus pies la oportunidad de darle a Chivas el pase a semifinales mediante un penal en los minutos finales. Falló. Esa acción terminó por simbolizar, para una amplia parte de la hinchada, el cierre amargo de su segunda etapa con el club: un retorno cargado de ilusión que se transformó en frustración deportiva.
Desde la perspectiva del propio Hernández, el desenlace de su vínculo con Guadalajara distó muchísimo de los sueños que había imaginado. Él mismo ha reconocido en más de una ocasión que le habría gustado retirarse de otra manera, con otro tipo de impacto en la cancha. Pero mientras el futbolista hace balance de una carrera internacional exitosa, la afición se queda con la sensación de que, en el momento en que más se necesitaba a la figura, el compromiso no estuvo al nivel de la leyenda.
El contraste con los clubes que sí mencionó es muy ilustrativo. En Manchester United, Chicharito vivió su primera gran aventura en Europa: títulos de liga, goles importantes, un papel recurrente como «revulsivo» que lo convirtió en favorito de la grada. En Real Madrid, pese a tener menos minutos, dejó recuerdos imborrables, como aquel gol decisivo en Champions que lo colocó como héroe momentáneo. En Leverkusen encontró continuidad, confianza y una liga que le permitió explotar su olfato goleador. Y en LA Galaxy fue una figura comercial y mediática, con un entorno que se adaptó a su perfil ya más maduro y mediático.
Es comprensible que, desde su propia vivencia, estos clubes representen momentos de plenitud profesional, estabilidad emocional y reconocimiento internacional. Allí vivió etapas de gloria, dio el salto mediático y se convirtió en referente global del futbol mexicano. A nivel humano, pudo sentirse respaldado, valorado y protegido en estructuras muy sólidas, con proyectos deportivos bien definidos y que, en su mejor momento, potenciaron sus cualidades.
Chivas, en cambio, fue el inicio y el epílogo. Lo vio nacer como futbolista y lo recibió cuando su físico ya no era el mismo, cuando las expectativas eran quizá más románticas que realistas. El regreso estuvo cargado de nostalgia, de marketing y de una dosis inevitable de presión. Para el jugador, enfrentarse a una versión propia muy lejos del joven que debutó en el futbol mexicano no debió ser sencillo. Para el club, gestionar una leyenda en declive también supuso un reto enorme.
Aquí se abre un debate interesante: ¿qué significa realmente «sentirse cómodo» en un club? Para algunos futbolistas, comodidad es sinónimo de estabilidad emocional, acompañada de buenos resultados, minutos de juego y títulos. Para otros, implica un entorno donde pueden mostrarse tal cual son, sin tanta presión ni exigencias desmedidas. En el caso de Chicharito, es probable que en Europa y en la MLS haya encontrado un equilibrio que en Chivas, por la carga simbólica y el peso emocional, nunca fue fácil de alcanzar.
También hay que considerar el papel de las expectativas. El «niño de casa» que vuelve como figura consagrada carga con una responsabilidad doble: rendir como estrella y, además, representar al club como símbolo. Cada falla se magnifica, cada gesto se interpreta, cada declaración se analiza con lupa. En Europa, Hernández era una pieza importante, pero no el eje emocional de toda una afición. En Guadalajara, en cambio, se jugaba no solo su prestigio deportivo, sino la memoria colectiva del hincha.
La distancia entre lo que la gente esperaba de ese regreso y lo que realmente sucedió explica buena parte del resentimiento actual. Mucha gente quería verlo liderar al equipo, contagiar energía, hacer goles decisivos y despedirse con un título. En vez de eso, se encontraron con un futbolista mermado físicamente, más centrado -según la percepción general- en sus proyectos personales y mediáticos que en el rendimiento partido a partido.
¿Significa todo esto que Chicharito no quiere a Chivas? No necesariamente. Que no haya incluido al club en su lista de lugares donde se sintió «más cómodo» puede interpretarse de muchas maneras: quizá hubo demasiada presión, quizá sintió que no respondió como hubiera querido, o puede que el peso de la crítica lo haya marcado más de lo que se reconoce públicamente. A veces, el club que más significa en la vida de un jugador no es el que le resulta más «cómodo», sino el que más le exige y le confronta con sus límites.
De cara al futuro, tanto para el jugador como para la institución queda el reto de sanar esa relación. El tiempo tiende a suavizar las heridas y, con los años, es probable que la figura de Chicharito sea recordada por su conjunto: el goleador que rompió barreras en Europa, el máximo anotador del Tri y el canterano que puso a Chivas en el mapa internacional. La etapa final en Guadalajara, por dolorosa que haya sido, será solo un capítulo más dentro de una historia mucho más amplia.
Para la afición rojiblanca, el aprendizaje puede pasar por ajustar las expectativas cuando se trata de ídolos de regreso. No siempre es posible repetir glorias pasadas ni recuperar al jugador que se fue años atrás en su mejor momento. A veces, el retorno es más un acto simbólico que un refuerzo deportivo en plenitud. Entender esa diferencia ayuda a evitar decepciones profundas cuando la realidad no coincide con la ilusión.
En cuanto a Hernández, su carrera deja una reflexión clara sobre la gestión del final deportivo. Equilibrar imagen pública, proyectos alternos y alto rendimiento es muy complejo; hacerlo con más de tres décadas de vida, un historial de lesiones y una enorme exposición mediática, todavía más. Quizá, viéndolo en retrospectiva, él mismo reconocerá que algunas decisiones extracancha afectaron la manera en que quiso y pudo despedirse del futbol profesional.
Lo cierto es que, gusten o no sus palabras, Javier Hernández habló desde su experiencia personal. Para él, los entornos donde se sintió más pleno fueron Manchester, Real Madrid, Leverkusen y LA Galaxy. Para una parte de la hinchada tapatía, en cambio, Chivas será siempre el lugar donde debería haber encontrado ese cobijo. Entre ambas visiones se teje una historia compleja, llena de cariño, reproches, éxitos y desencuentros, que difícilmente podrá reducirse a una sola respuesta en un video de redes sociales.