«¿Por qué a Zidane lo alabamos y no podemos tener un naturalizado?»: Layún reabre la discusión rumbo al Mundial 2026
El tema de los futbolistas naturalizados vuelve a sacudir la conversación alrededor de la Selección Mexicana, y esta vez fue Miguel Layún quien decidió ir de frente. El ex lateral del Tri defendió abiertamente la posibilidad de que jugadores nacidos fuera del país, como Álvaro Fidalgo, Germán Berterame o Julián Quiñones, puedan vestir la camiseta verde en la Copa del Mundo de 2026, siempre que Javier Aguirre así lo determine.
En los últimos años, la presencia de naturalizados se ha convertido en una especie de línea roja para un sector de la afición y de los analistas, que insisten en que el equipo nacional debe estar integrado únicamente por futbolistas «100% mexicanos». Para Layún, esa visión se queda corta frente al contexto del futbol moderno y, sobre todo, frente a los ejemplos internacionales.
Durante una entrevista realizada en el Abierto Mexicano de Tenis, en la Arena GNP de Acapulco, el ex jugador del América, Porto y Sevilla fue contundente al comparar el caso de México con el de una de las grandes selecciones de la historia: Francia.
«¿Por qué a (Zinedine) Zidane lo alabamos con Francia, pero en México no podemos tener el placer de contar con un naturalizado que nos dé algo que no tenemos?», cuestionó Layún, subrayando la aparente doble moral con la que se mide el tema según el país del que se hable.
Para el veracruzano, el éxito de varias potencias del futbol mundial demuestra que integrar a jugadores naturalizados no es una «trampa» ni un atajo, sino un recurso legítimo que, bien utilizado, incrementa la competitividad del plantel. Recordó que no son pocos los equipos nacionales que han levantado trofeos con figuras nacidas fuera de sus fronteras, pero comprometidas con el proyecto deportivo y el país que representan.
Layún dejó claro que, en su caso, no ve ningún problema en que futbolistas como Fidalgo, Berterame o Quiñones formen parte del proyecto rumbo al Mundial 2026, siempre que cumplan con los requisitos reglamentarios y, sobre todo, demuestren en la cancha que pueden aportar algo diferente a la Selección Mexicana.
El ex seleccionado también vinculó esta polémica con el clima actual que rodea al equipo nacional. A su juicio, una de las razones por las que el tema genera tanta fricción es la creciente distancia entre la afición y el Tri, alimentada por los resultados por debajo de las expectativas.
«Siempre queremos ver a la Selección en lo más alto y desafortunadamente no se han tenido los resultados que todos quisiéramos. Eso genera una distancia importante con la gente», explicó. Para Layún, cuando el equipo no responde en la cancha, cualquier decisión polémica -como convocar naturalizados- se convierte en un blanco fácil de críticas, incluso antes de poder ser evaluada de manera objetiva.
El debate sobre la «identidad» también se ha colado en la conversación: hay quienes consideran que un naturalizado no puede sentir los colores de la misma forma que un mexicano nacido en el país. Layún, que compartió vestidor con futbolistas de múltiples nacionalidades a lo largo de su carrera, sostiene que el compromiso no depende del acta de nacimiento, sino de la forma en que el jugador asume el reto y respeta la camiseta.
Desde su experiencia en clubes y selección, el ex lateral asegura que ha visto casos de futbolistas nacionales con poco compromiso, así como extranjeros profundamente identificados con la institución y la afición. Por eso insiste en que el filtro principal debería ser la entrega, el rendimiento y la capacidad para competir al máximo nivel, sin importar el lugar de origen.
Más allá de la controversia, Layún también aprovechó para analizar una de las posiciones más discutidas en el actual proceso mundialista: la lateral derecha. Se trata de una zona del campo que él mismo ocupó durante varios ciclos y Copas del Mundo, por lo que su voz tiene un peso especial en esa evaluación.
«Creo que tenemos jugadores que son capaces de cumplir», apuntó. A partir de ahí, comenzó a detallar nombres propios:
– Sobre Kevin Álvarez, recordó que lo conoció de primera mano: «Yo compartí cancha con Kevin y es un chico que destacó en Pachuca», señaló, resaltando su proyección ofensiva y su capacidad para incorporarse al ataque.
– De Jorge Sánchez destacó su trayectoria en América y su presencia en la élite: «Fue titular en América, es un jugador importante», indicó, aludiendo también a su experiencia internacional.
– En el caso de Israel Reyes, subrayó su versatilidad: «Es un central reconvertido en lateral y tiene cualidades que los demás no tienen», comentó, valorando su capacidad para defender por dentro y por fuera.
– Además, mencionó a Richy Ledezma como un elemento a seguir: «Es un gran jugador, con muy buen pie y habrá que ver más minutos con él», añadió, dejando la puerta abierta a que gane protagonismo.
Con estas reflexiones, Layún sugiere que el problema de la lateral derecha no pasa tanto por la falta de nombres, sino por la consolidación de un titular indiscutible y la confianza que el cuerpo técnico pueda depositar en él. A su entender, existen perfiles distintos para adaptarse a los diferentes contextos de partido, algo indispensable en un Mundial.
En cuanto al rol de los naturalizados específicamente en la Selección Mexicana, Layún considera que su presencia no debería verse como una amenaza para el futbolista local, sino como un estímulo adicional. Si un jugador nacido en México pierde su lugar ante un naturalizado, argumenta, la respuesta no tendría que ser el reclamo, sino elevar su nivel para recuperarlo.
También hace hincapié en la realidad global del futbol: cada vez más selecciones se nutren de jugadores con orígenes mixtos, dobles nacionalidades o procesos de naturalización. En ese contexto, México no puede permitirse quedar rezagado por una postura rígida que ignore la evolución del deporte. El objetivo, insiste, es ser competitivo en el máximo escenario, y para ello se necesita sumar talento, no cerrarle la puerta.
Algunos sectores han planteado el temor de que la convocatoria de naturalizados bloquee espacios para los jóvenes mexicanos. Layún matiza esta preocupación: un futbolista formado en el país, con talento y trabajo, seguirá encontrando oportunidades si su rendimiento es superior. El simple hecho de competir por un lugar con alguien que viene de fuera puede incluso acelerar el desarrollo de las nuevas generaciones, siempre que haya una estructura adecuada de formación y seguimiento.
En el terreno emocional, el ex lateral reconoce que la camiseta del Tri tiene un peso simbólico enorme y que la gente quiere verse reflejada en quienes la portan. Sin embargo, plantea que esta identificación también puede construirse a partir de la historia personal del jugador: su deseo de quedarse en México, su relación con la liga local, con la cultura, con la afición. Un naturalizado que se haya ganado el cariño de la gente a base de actuaciones y compromiso puede terminar siendo tan representativo como cualquier canterano.
Sobre el Mundial 2026, que además se disputará en casa, Layún ve indispensable que la Selección llegue con el mejor plantel posible. Eso incluye, en su visión, no descartar a nadie solo por el lugar donde nació. Si Quiñones, Fidalgo o Berterame pueden ofrecer soluciones que hoy no abundan en el futbol mexicano -ya sea gol, desequilibrio, creatividad o intensidad-, negarse a considerarlos por un tema de origen sería, según su postura, un lujo que México no puede darse.
Finalmente, Layún reconoce que la última palabra no será suya, sino del cuerpo técnico encabezado por Javier Aguirre, responsable de definir la lista de convocados y el modelo de juego rumbo a 2026. Él, desde la distancia, se limita a fijar postura: ve con buenos ojos a los naturalizados, cree que tienen mucho que aportar y que, bien integrados, pueden sumar competitividad, variantes tácticas y jerarquía al proyecto.
Para el ex lateral, la discusión de fondo no debería ser «naturalizados sí o no», sino «cómo construir la mejor Selección posible». Y en esa construcción, sugiere, caben todos los que estén dispuestos a dejarlo todo por México, independientemente de lo que diga su lugar de nacimiento.