Nuevo tropiezo de Martín Anselmi: el ex técnico de Cruz Azul queda fuera en la previa de la Copa Libertadores y su futuro en Brasil pende de un hilo
La historia reciente de Martín Anselmi parece escrita a contracorriente. Lo que pintaba para ser el salto definitivo en su carrera, tras su abrupta salida de Cruz Azul en enero de 2025, se ha convertido en una cadena de decepciones deportivas que ahora amenaza con dejarlo sin trabajo apenas tres meses después de haber llegado a Botafogo.
Su adiós de la institución cementera fue tan sorpresivo como doloroso para el club y su afición. Cruz Azul, nacido en el Estado de Hidalgo y uno de los equipos más populares del futbol mexicano, quedó tocado anímicamente por la partida del estratega argentino, quien parecía tener un proyecto sólido. Sin embargo, para Anselmi el cambio lucía como una gran oportunidad: fichaba por uno de los gigantes de la Primeira Liga de Portugal, el FC Porto, con la idea de competir por títulos y consolidarse en el futbol europeo.
Lejos de ese anhelo, el paso de Anselmi por el Porto resultó muy por debajo de las expectativas. En el semestre que dirigió en Portugal no consiguió conquistar la liga local, fue eliminado de forma prematura de la Europa League y tampoco pudo superar la fase de grupos del Mundial de Clubes. Tres golpes consecutivos en poco tiempo que minaron la confianza del entorno y, sobre todo, la del propio técnico.
La situación se volvió insostenible y el club portugués decidió poner punto final a su etapa el 30 de junio. Desde entonces, Anselmi atravesó un semestre complicado, sin encontrar un nuevo proyecto que se ajustara a sus aspiraciones. Para un entrenador que había logrado conectar fuertemente con la afición cementera -al grado de dedicarles canciones como «Andar Conmigo», de Julieta Venegas-, el parón significó un duro contraste con el impulso que llevaba en años anteriores.
El respiro finalmente llegó el 22 de diciembre, cuando Botafogo lo eligió para encabezar su banquillo. La apuesta no era menor: se trataba de uno de los clubes brasileños con mejor rendimiento reciente, que además llegaba con el prestigio de haber conquistado la Copa Libertadores en 2024. El reto para Anselmi era claro: devolver al equipo a la máxima competencia continental en 2026 y mantenerlo en la élite.
Para lograrlo, Botafogo debía superar una llave de repechaje, a ida y vuelta, frente al Barcelona de Guayaquil. En el papel, los brasileños partían como favoritos por plantilla, historia reciente y ritmo competitivo. Y el primer paso pareció ir en la dirección correcta. En el duelo de ida, disputado el martes 3 de marzo en el Estadio Monumental de Guayaquil, el cuadro de Anselmi sacó un empate 1-1 que dejaba todo a modo para cerrar la serie en casa. Los goles fueron obra de Héctor Daniel Villalba (23′) para los ecuatorianos y de Matheus Martins (66′) para los visitantes brasileños.
Con ese resultado, el ambiente en Río de Janeiro era de relativa confianza. El Nilton Santos se preparó para una noche que se imaginaba de celebración, con la afición ilusionada por sellar el pase a la fase de grupos. Sin embargo, el partido de vuelta se convirtió en otro capítulo oscuro en la carrera reciente de Anselmi. Desde el silbatazo inicial, Botafogo se mostró impreciso, sin claridad de ideas y lejos de aquel equipo dominante que había levantado la Libertadores apenas dos años antes.
El golpe definitivo llegó muy temprano. Al minuto 8, Milton Aarón Céliz aprovechó una desconcentración defensiva para marcar el 0-1, un tanto que terminaría siendo suficiente para que Barcelona de Guayaquil se quedara con el boleto a la fase de grupos. A partir de ese momento, el conjunto brasileño lució nervioso, predecible y falto de variantes ofensivas. Ni los cambios tácticos ni las modificaciones de hombres que intentó Anselmi lograron romper el orden ecuatoriano.
La eliminación en la previa de la Copa Libertadores ha sido tomada como un fracaso mayúsculo dentro de Botafogo. No se trataba solo de un objetivo deportivo, sino también económico y de prestigio. Regresar a la fase de grupos era una obligación para un club que se había acostumbrado recientemente a competir con los mejores del continente, y quedar fuera en esta instancia temprana intensifica todas las dudas alrededor del proyecto del entrenador argentino.
Los reportes provenientes de Brasil señalan que la directiva del club ya analiza seriamente la continuidad de Anselmi. Con algo más de tres meses en el cargo, el balance es preocupante: no se consiguió el principal objetivo internacional, el funcionamiento colectivo del equipo no convence y el margen de paciencia, en un entorno tan exigente como el brasileño, es cada vez menor. La sensación es que el crédito del técnico se ha consumido más rápido de lo previsto.
Esta nueva decepción alimenta la narrativa de una especie de «maldición» que persigue a Anselmi desde su salida de Cruz Azul. Tras aquella controvertida decisión de abandonar un proyecto en crecimiento, cada paso que ha dado parece estar acompañado por una dosis extra de presión y resultados adversos. En lugar de dar el salto definitivo a la élite, las decisiones tomadas han derivado en despedidas prematuras y eliminaciones dolorosas.
En clave de carrera, el momento es crítico para el argentino. Un segundo despido consecutivo en menos de dos años, tanto en Europa como en Sudamérica, podría etiquetarlo como un técnico de escaso margen de adaptación o incapaz de sostener proyectos de alto nivel bajo máxima presión. Para un entrenador relativamente joven, la imagen pública es fundamental, y los fracasos consecutivos pueden cerrar puertas en ligas importantes.
A nivel táctico, las críticas apuntan a varios frentes: problemas para ajustar sobre la marcha, dificultades para encontrar equilibrio entre ataque y defensa, y una aparente rigidez a la hora de modificar su idea cuando el contexto del partido lo exige. En la llave contra Barcelona de Guayaquil, Botafogo pareció confiar demasiado en el resultado de la ida y nunca encontró la agresividad ni la intensidad necesarias para remontar la desventaja temprana en casa.
La afición de Botafogo, acostumbrada recientemente a ver a su equipo competir en instancias definitivas, también ha comenzado a exigir respuestas. No se cuestiona únicamente la eliminación, sino la forma en que se produjo: sin futbol convincente, sin reacción anímica y sin señales claras de un plan que pueda sostener al club en el mediano plazo. La presión popular suele tener un peso considerable en las decisiones directivas, y esta vez no parece ser la excepción.
Para Anselmi, más allá de lo que decida Botafogo, este episodio deja varias lecciones. Primero, la importancia de elegir los momentos y los proyectos adecuados en su carrera: su salida intempestiva de Cruz Azul, que en su momento se interpretó como un salto necesario, hoy se revisa bajo una luz distinta, viendo el contraste entre la estabilidad que tenía en México y la inestabilidad que ha enfrentado desde entonces. Segundo, la necesidad de reconstruir su credibilidad desde la autocrítica y la mejora de sus planteamientos.
En el corto plazo, el técnico argentino se enfrenta a un escenario en el que solo dos caminos parecen posibles: o la directiva decide sostenerlo, con la condición de una reacción inmediata en la liga brasileña, o se produce un relevo en el banquillo para intentar salvar el año en el ámbito local. Cualquiera de las dos opciones marcará un capítulo determinante en su trayectoria, ya sea para reencauzar su carrera o para profundizar la crisis deportiva que lo persigue desde su salida de la Liga MX.
Mientras tanto, el nombre de Martín Anselmi sigue asociado a una secuencia de oportunidades de alto calibre que, por distintas razones, no han terminado bien. Lo que pase en las próximas semanas en Río de Janeiro podría definir si esta es solo una mala racha dentro de una carrera aún prometedora o el inicio de una etapa en la que las dudas superen a los logros. Por ahora, lo único claro es que su nuevo fracaso en la previa de la Copa Libertadores ha encendido todas las alarmas en Botafogo y ha reavivado la idea de que su mejor momento, hasta ahora, sigue siendo aquel breve pero intenso periodo al frente de Cruz Azul.