«En Cruz Azul sabemos que en Liguilla entra el miedo». La frase es de José Joaquín Martínez Valadez, mejor conocido como el «Shaggy», y refleja sin filtros lo que, según él, ocurre cada vez que la Máquina entra a la fase decisiva del campeonato. A pocos días de un nuevo Clásico Joven ante América en el renovado Estadio Azteca -ahora denominado Estadio Banorte por temas comerciales-, el ex lateral se permitió una sinceridad poco habitual en el entorno del futbol mexicano.
Martínez es un caso particular dentro de la larga lista de jugadores que han defendido las camisetas tanto de América como de Cruz Azul. Cuando se habla de futbolistas que han pasado por ambas instituciones, casi siempre aparecen primero nombres históricos como Carlos Hermosillo, el «Chaco» Giménez, Horacio López Salgado o Cesáreo Victorino padre. Los más conocedores suelen recordar a Washington Sebastián Abreu o a Richard Núñez, mientras que las generaciones recientes piensan en Francisco Javier «Maza» Rodríguez, Jonathan «Cabecita» Rodríguez e incluso en Igor Lichnovsky.
En medio de esa lista existe un perfil que suele mencionarse menos, pero que dejó huella en la Máquina: el Shaggy Martínez. Formado en las fuerzas básicas de Coapa, debutó en Primera División con las Águilas en 2009. Su trayectoria lo llevó después por diversos clubes: Zacatepec, Necaxa, Pachuca, Mineros de Zacatecas, nuevamente Pachuca y Morelia. Finalmente, encontró su consagración en Cruz Azul, donde militó en los últimos años y, como él mismo ha dicho, «tocó el cielo con las manos».
Esa sensación de gloria le llegó con el título del Guard1anes Clausura 2021, bajo la dirección técnica de Juan Reynoso. La coronación rompió una sequía de más de dos décadas sin campeonato de Liga MX para la institución cementera, una carga histórica que pesaba tanto en el vestidor como en la afición. Para Martínez, ese logro marcó para siempre su vínculo con Cruz Azul, por encima incluso de sus orígenes en América.
«Estoy un poco más identificado con Cruz Azul, por el tema del título, porque fueron más de 20 años sin ganar. En América estuve un rato, debuté ahí, hice básicas, pero la gente se acuerda mucho de Cruz Azul», explicó el defensor, que también fue campeón con Pachuca en el Clausura 2016. Él mismo admite que en Coapa no pudo levantar un trofeo de Liga, y eso influye en la memoria colectiva: «En América no quedé campeón y la gente se acuerda de los campeones. Yo tengo cariño por todos los equipos en los que jugué, pero si el sábado se enfrentan América y Cruz Azul, voy con Cruz Azul».
Esa elección no significa renegar de su pasado azulcrema, sino aceptar que los títulos construyen identidades. Martínez asegura que mantiene afecto por Pachuca, Necaxa y Morelia, pero cuando se trata de un partido que sigue con especial atención, no lo duda: «¿Qué partido sigo? El de Cruz Azul». Esa preferencia adquiere mayor relevancia justo en la antesala de un Clásico Joven que se disputará en un escenario simbólico: el primer duelo de clubes tras la reapertura del mítico Coloso de Santa Úrsula.
De cara al choque entre América y Cruz Azul del sábado 11 de abril, el Shaggy hizo un análisis crudo de la realidad de ambos clubes. Desde su perspectiva, el América, siempre que logra colarse a la Liguilla, se convierte en un rival temible: «América, si se mete a la Liguilla, todos saben que es un dolor de muelas». Esa etiqueta de equipo incómodo en las instancias finales es algo que el ex jugador ve como una constante en la historia reciente de las Águilas.
En el caso de Cruz Azul, su lectura es completamente distinta y apunta a un problema que va más allá de lo futbolístico: «Cruz Azul sabemos que en Liguilla entra el miedo: llega de superlíder y en semifinales se va, o un error específico y se va». Para Martínez, la cuestión no es tanto de plantel o de funcionamiento, sino de un factor mental que aparece en los momentos clave y condiciona el rendimiento del equipo.
«El tema mental en Cruz Azul me preocupa más», subrayó. «El momento en el que está me preocupa porque siempre pasa algo. Es un tema que me parece histórico, no sé qué haya. Es una institución increíble, pero nunca puede ser el cuento feliz. Siempre hay un algo para dar más sabor a los títulos». Sus palabras sintetizan esa mezcla de grandeza y fatalismo que ha acompañado al club a lo largo de los años, incluso después de haber roto la sequía del famoso «cruzazuleo».
Esta reflexión de Shaggy no solo describe el pasado, también funciona como advertencia para el presente. Cruz Azul ha sabido armar planteles competitivos, ha terminado fases regulares como superlíder y ha dominado torneos de punta a punta, pero una y otra vez se encuentra con barreras emocionales en la Liguilla. Errores puntuales, goles en los últimos minutos o actuaciones por debajo de lo habitual han alimentado la narrativa de un equipo que sufre cuando se acercan las finales.
Frente a eso, América suele mostrarse como el polo opuesto. Sin ser infalible, suele manejar mejor la presión y los focos mediáticos. Sus jugadores están acostumbrados a la exigencia de pelear por el título cada semestre y a vivir con el peso de la obligación de ganar. No es casual que Martínez lo defina como «un dolor de muelas» en Liguilla: se trata de un club que rara vez se achica y que, incluso en contextos adversos, encuentra maneras de competir.
El nuevo capítulo del Clásico Joven se jugará, además, con un ingrediente adicional: el regreso del Estadio Azteca como sede de duelos de alto perfil. La reapertura del inmueble, ahora con un nuevo nombre comercial, le otorga un marco especial a un enfrentamiento que ya de por sí tiene una carga simbólica enorme. Para jugadores que, como Shaggy, tuvieron pasado en ambas instituciones, este tipo de partidos condensan buena parte de lo que significa el futbol mexicano: historia, rivalidad, presión y, sobre todo, memoria.
En este contexto, las declaraciones «brutalmente honestas» del Shaggy Martínez sirven para entender la psicología de un club como Cruz Azul. No se trata solo de recordar fracasos, sino de señalar un área pendiente: la consolidación de una mentalidad ganadora constante. El título del 2021 demostró que la Máquina puede romper maldiciones, pero el propio ex jugador sugiere que aún quedan fantasmas por exorcizar cada vez que se abre la puerta de la Liguilla.
El choque ante América no solo pondrá en juego tres puntos o una mejor posición de cara a la fase final. También será un examen para medir si Cruz Azul es capaz de manejar la presión que históricamente le ha jugado en contra. Y, aunque Shaggy ya no está en la cancha, su mirada de ex campeón con la Máquina y ex canterano azulcrema ofrece una lectura valiosa: la diferencia entre ganar o perder muchas veces empieza en la cabeza, mucho antes de que ruede el balón.