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Tilón chávez llora de emoción por la convocatoria de mateo al mundial 2026

Tilón Chávez se emociona hasta las lágrimas por la convocatoria de su hijo Mateo al Mundial 2026

Paulo César «Tilón» Chávez ha encontrado, casi tres décadas después, una especie de revancha deportiva y emocional. Su hijo, Mateo Chávez, fue incluido este domingo en la lista definitiva de 26 futbolistas que disputarán la Copa del Mundo de 2026 con la Selección Mexicana, y la noticia lo desbordó por completo en pleno programa en vivo.

El anuncio lo realizó Javier «Vasco» Aguirre, técnico nacional, al revelar la convocatoria final para el Mundial que se celebrará entre junio y julio de 2026 en los tres países de Norteamérica: México, Estados Unidos y Canadá. Entre los nombres destacados apareció el de Mateo Chávez, lateral izquierdo del AZ Alkmaar de la Eredivisie, lo que convirtió el momento en un episodio cargado de simbolismo para su padre.

Mateo llega al Mundial tras una temporada de irrupción muy sólida en Países Bajos. Se ganó un lugar en la lista tricolor y ahora deberá competir directamente por la titularidad en la banda izquierda con Jesús Gallardo, uno de los hombres de confianza y favoritos del «Vasco», hoy figura de los Diablos Rojos de Toluca. El joven defensor tendrá que demostrar que su buen año en Europa no fue casualidad, sino el inicio de una carrera de alto nivel.

Mientras se analizaba la lista en el programa «Futbol Picante» de la cadena ESPN, se conectó en vivo con el «Tilón» para conocer su reacción. Apenas comenzó a hablar, la emoción lo traicionó. «Pues llenos de orgullo, la verdad. Para mí fue una gran emoción, yo quedé fuera de un Mundial, la verdad que…», alcanzó a decir antes de romper en llanto, obligando a una breve pausa para recomponerse.

Con la voz entrecortada, continuó explicando el origen de ese sentimiento: «Es el dolor más grande que yo tuve en mi carrera, quedar fuera de un Mundial, y hoy ver que mi hijo forma parte de esta lista me llena de mucho orgullo, la verdad». La escena, sincera y sin poses, reflejó de golpe 28 años de espera, frustraciones acumuladas y la satisfacción de ver a la siguiente generación alcanzar lo que a él se le negó en el último momento.

El recuerdo que marca ese dolor remite a Francia 1998. Tilón Chávez fue pieza clave del proceso mundialista y formó parte de la convocatoria preliminar de 24 futbolistas. En esa época solo 22 podían estar en la lista final. Viajó con todo el grupo a una extensa gira por Europa bajo las órdenes de Manuel Lapuente, convivió, entrenó, se preparó como uno más… hasta que, a días de iniciar el torneo, fue uno de los dos sacrificados, junto con el defensa David Oteo. Se quedó en la orilla del sueño mundialista.

Esa herida nunca terminó de cerrarse del todo. Además, tiempo después su carrera se vio salpicada por otra injusticia: la suspensión por un presunto doping en la Copa América de Paraguay 1999, que luego quedó claro que no correspondía a una falta real. Ese episodio lo marcó profundamente, reforzando la sensación de que su trayectoria no siempre recibió el reconocimiento o la justicia que merecía.

En contraste con aquellos momentos, el presente lo encuentra disfrutando de un papel distinto: el de padre. «Estamos muy contentos, estamos muy felices, va a ser acá en México y pues esperemos que a México le vaya muy bien», añadió ya un poco más sereno. El hecho de que una parte del Mundial se dispute en territorio mexicano le da un valor extra a la convocatoria de Mateo, que podría jugar el torneo más importante del futbol frente a su gente y con su familia en la tribuna.

Chávez reveló que ha estado muy cerca del proceso de su hijo, tanto en lo emocional como en lo humano: «Tengo mucho contacto con él, de hecho acabamos de regresar de Holanda, bueno, de Países Bajos. Nos tocó convivir un rato con él». Fueron meses de alta tensión: «Fueron meses de mucho estrés donde él estaba muy ilusionado, yo también estaba ilusionado, todos estábamos muy ilusionados, pero la verdad él se ganó su lugar en base a un gran esfuerzo, en base a hacer muchos sacrificios. No es fácil poder estar en Europa, poder estar en un clima tan complicado, poder estar solo, y gracias a Dios hoy le toca vivir esta parte de lo que es un Mundial».

Detrás de la conmovedora escena televisiva hay una historia de formación y disciplina. Mateo no solo tuvo que abrirse camino lejos de casa; además, lo hizo en una liga conocida por exigir inteligencia táctica, intensidad física y capacidad para adaptarse rápido. Llegar al AZ Alkmaar, consolidarse como opción real de lateral y después ser observado por el cuerpo técnico del «Vasco» Aguirre no es un regalo, sino la consecuencia de años de trabajo silencioso.

Para el «Tilón», esa realidad tiene un doble sabor. Por un lado, el orgullo natural de cualquier padre al ver a su hijo brillar. Por otro, la certeza de que ese éxito no está basado en su apellido, sino en lo que Mateo ha demostrado en la cancha. Esa diferenciación, que el propio Chávez subraya, es clave para entender por qué la convocatoria se vive más como justicia deportiva que como un mero guiño al pasado.

Este tipo de historias también conectan con la afición, que durante años ha visto cómo muchos talentos mexicanos se estancan al no salir al extranjero a tiempo. El caso de Mateo llega como una confirmación de que la apuesta por Europa, aunque dura en lo personal, puede rendir frutos para el jugador y para la Selección. Su duelo por el puesto con Gallardo promete ser uno de los focos de atención en la preparación previa al torneo.

Que la «revancha» le llegue a Chávez a través de su hijo añade un componente casi cinematográfico: él se quedó a dos pasos de un Mundial y sufrió un golpe que definió el cierre de su trayectoria internacional; Mateo, en cambio, inicia la suya justo en el escenario más grande posible. El contraste entre ambos momentos potencia la carga emotiva del llamado y explica por qué el exfutbolista no pudo contener las lágrimas en vivo.

El Mundial de 2026, además, tiene un contexto especial para México. Será la tercera vez que el país albergue una Copa del Mundo y la primera en la que comparte la sede con otras dos naciones. En ese marco histórico, la presencia de jóvenes que llegan desde ligas europeas adquiere un valor estratégico: no solo se busca competir dignamente, sino dar ese salto que durante décadas se ha negado en los famosos octavos de final.

En este panorama, Mateo no solo representa una historia personal de esfuerzo, sino también la apuesta por una nueva generación que ha crecido con modelos distintos: más viajes, más análisis táctico, más exposición internacional. Para Aguirre y su cuerpo técnico, contar con un lateral zurdo que se ha enfrentado semana a semana a estilos de juego variados en Países Bajos puede ser una ventaja táctica importante.

Para Paulo César, cada entrenamiento de la Selección en la antesala del Mundial será la confirmación de que todo valió la pena: las horas invertidas, los consejos, los viajes a Europa, las preocupaciones por ver a su hijo adaptarse a otro idioma y a otro clima. Cada paso que dé Mateo en la concentración será, de alguna forma, el paso que él no pudo dar en aquella concentración de Francia 98 de la que fue cortado a última hora.

Lo que hasta hace poco era una herida abierta empieza a transformarse en legado. El «Tilón» no disputó un Mundial, pero su historia no se quedó anclada en la frustración. Hoy se proyecta en Mateo, que sube al escenario más grande del futbol con la responsabilidad de honrar no solo la camiseta tricolor, sino el camino que su padre abrió y que, por distintas circunstancias, no pudo recorrer hasta el final.

Y mientras el país comienza a ilusionarse con lo que pueda hacer la Selección Mexicana en 2026, en casa de los Chávez ya hay un trofeo emocional ganado: la certeza de que, esta vez, la familia sí estará presente en la máxima cita del futbol. Esta vez, el apellido Chávez sí estará en la lista definitiva de un Mundial. Y esa simple realidad fue suficiente para quebrar, en vivo y frente a las cámaras, a un hombre que se había prometido no llorar más por el futbol.